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COLUMNA

Pasarela

En el cuadro de los fusilamientos del 3 de Mayo, pintado por Goya, en el desmonte de Príncipe Pío un hombre anónimo levanta los brazos para recibir las balas del pelotón francés que está abriendo fuego. En el suelo hay varios cadáveres amontonados, pero se ve que la descarga no ha alcanzado todavía el pecho de este patriota español porque su camisa blanca aparece impoluta, sin manchas de sangre. La arruga es bella fue una consigna textil que, tal vez, se lanzó al mercado inspirada en la forma desgalichada en que vestía este personaje. Como diría hoy cualquier comentarista en un pase de modelos se trata de una camisa vaporosa, de manga larga, hombros caídos, cuello Mao muy abierto, cuyo blanco desvaído combina muy bien con el amarillo albaricoque de los pantalones que luce el ajusticiado en el momento de ser pasado por las armas. Si alguien se presentara vestido así en una fiesta de verano en Ibiza, no cabe duda de que sería el más elegante de la reunión. Los creadores de alta costura copian directamente de los cuadros más famosos los matices insospechados de algunos colores para sus telas y en este aspecto Goya ha sido el artista más saqueado por los modistos sin reparar en el grito de horror que se ahoga a veces bajo la textura sutil de sus celajes. De la sangre que brota de las fauces de Saturno cuando devora a uno de sus hijos, Yves Saint Lauren puede haber extraído un sofisticado color rojo para jerséis deportivos que se exhiben en sus escaparates del Faubourg de París. Éste es uno de los estigmas más misteriosos de nuestra cultura: la seducción de la estética nos obliga a olvidar que el mal existe. En los aquelarres de Goya las brujas vuelan por un cielo negro antracita, derivando hacia el plomo. Ese tono carbonizado que en el cuadro adopta un mensaje siniestro se ha convertido en última moda al pasar por la mente de Armani que lo ha llevado a la fascinación de las pasarelas. Yo mismo tengo una chaqueta color ocre sucio que parece sacado por Antonio Fusco del capirote de ese hereje al que van a quemar en la hoguera. Pero la estética también tiene un camino contrario. Ahora mismo, en este país, algunos políticos están empeñados en dividir a la sociedad en dos bandos irreconciliables. En el cuadro de Goya Riña a garrotazos se ve a dos españoles con las piernas inmovilizadas partiéndose la crisma con una porra. El cuadro tiene un cielo de azules muy delicados con nubes doradas, una belleza que no es obstáculo para que amparados por ella unos fanáticos se maten.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de diciembre de 2004