El director de fabricación de Ford propone vincular los salarios a la productividad

La "hipercompetitividad" en la industria del automóvil obliga a recortar todos los costes

Antonio Adés, director de fabricación de la planta de Ford en Almussafes, propuso ayer que los salarios se vinculen a la productividad demostrada por cada trabajador como una de las posibles vías para recortar costes en el proceso de producción. Adés, ante el congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos que se celebra en Valencia, dibujó la situación de la industria mundial: "Se venden 50 millones de coches al año cuando se pueden fabricar 70", cifras que derivan en un caso de "hipercompetitividad" que obliga a recortar todos los costes.

El presidente de GE destaca los atractivos de España para las grandes corporaciones

Adés explicó que históricamente el precio de un coche se fijaba a través de la suma de los costes de producción y el porcentaje de beneficio establecido por el fabricante. En la actualidad, sin embargo, cuando un comprador español dispone de una oferta de 262 modelos distintos de vehículos utilitarios, los precios los establece el mercado, de modo que el beneficio industrial es el resultado de la diferencia entre ese precio y el coste de producción.

Dadas las circunstancias, Adés comentó que sólo el aumento de la calidad y la productividad y la reducción de costes garantizan la supervivencia de los fabricante. Ford estudia la posibilidad de acudir a fabricantes asiáticos como proveedores de los componentes más pequeños y ligeros de sus automóviles, según anunció Adés después de su presentación. Pero también baraja la necesidad de vincular los salarios a la productividad de cada trabajador, puesto que el coste de cada unidad de producto y los vehículos por empleado son dos variables clave para abaratar la cadena.

La segunda jornada de reflexión sobre Dirección de empresas en la nueva Europa que albergó el Palacio de Congresos de Valencia fue rica en experiencias presentadas por diversos ejecutivos.

Pablo Serratosa, director general de Nefinsa, destacó las posibilidades que ofrece la ampliación europea para el negocio de la generación eólica y recordó que Gamesa, tercera fabricante mundial de aerogeneradores, ha solicitado producir en Polonia para poner en marcha parques eólicos en el mayor de los nuevos socios de la Unión Europea.

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Como vicepresidente de Air Nostrum, Serratosa vinculó el crecimiento de la primera línea aérea regional española a la complementariedad con Iberia y sugirió que esa complementariedad podría extenderse a los nuevos socios internacionales de la compañía en la nueva Europa.

Salvador Alemany, consejero delegado de Abertis, la mayor concesionaria de autopistas del mundo, apostó por el futuro de la concesión en las grandes infraestructuras que precisa el nuevo territorio de la UE. Alemany sugirió que la Comisión europea no debe financiar las obras directamente: "Si necesitan cien y les damos diez, lo gastarán, no podrán mantenerlo y los noventa restantes nunca se construirán", resumió.

Mario Armero, presidente para España y Portugal de General Electric, el mayor conglomerado industrial del mundo por capitalización bursátil, explicó que la compañía fundada por Thomas Alva Edison, inventor de la bombilla, sigue sustentando su crecimiento sobre la innovación y la tecnología, "la clave del futuro", concentrada en el desarrollo de nuevos combustibles y nanotecnologías. Armero evitó mirar hacia el Europa del Este para destacar el "atractivo" que ejerce España para muchas grandes corporaciones y vaticinó una "oleada de localizaciones de segunda generación" en la Península.

Antonio García Ferrer, vicepresidente ejecutivo de ACS, comentó que la "construcción viaja mal" porque es esencial conocer el mercado que se pisa y reveló que la compañía forma a ingenieros de Europa del Este desde hace dos años para optar a futuras obras en los países de la ampliación.

Vicente Boluda, vicepresidente del Grupo Boluda, explicó que la empresa naviera familiar ha comprado cinco astilleros desde 1999 para trabajos de mantenimiento de su flota y atribuyó los problemas de los grandes astilleros españoles a la apuesta por la producción masiva hace cincuenta años que los desvinculó de las navieras.

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