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CARTAS AL DIRECTOR

¿Por qué no?

¿Por qué la Iglesia católica no puede convocar o apoyar la convocatoria de una manifestación? Lo hacen los partidos políticos, los sindicatos, las diversas asociaciones civiles..., todos ellos con plena legitimidad, por representar a distintos grupos e intereses.

Yo me siento totalmente representado por la Iglesia, al igual que numerosos españoles.

Reivindico el derecho de la Iglesia a opinar sobre temas tan importantes para el ser humano y la sociedad. Hacerlo no es meterse en política. ¿Ha oído alguien la opinión de la Iglesia sobre el trasvase del Ebro o sobre la modificación constitucional? ¿Ha hablado alguna vez sobre los Presupuestos del Estado o las relaciones internacionales?

Hablar sobre el hambre, la guerra, el derecho a la vida, la eutanasia, la demografía... no es hacer política, es abrir caminos para "humanizar" al hombre.

¿Por qué si nos manifestamos a favor del modelo de familia tradicional, ya sea civil o religiosa, o en contra del aborto, la eutanasia y las uniones homosexuales, somos unos casposos, retrógrados, poco menos que un peligro social? Simplemente, proponemos otra visión del hombre, de la vida y de lo que es importante.

Creo que nuestros políticos, de un partido u otro, se mueven todos por lo mismo: el voto que, a su vez, da el poder. La política no tiene convicciones y le importa poco los resultados a largo plazo de sus decisiones. Vive en el aquí y ahora. Se mueve hacia donde intuye que está la posibilidad de más votos. Su máxima es: ¿qué hay que hacer para continuar otros cuatro años más?

Por ello, si en próximos días se nos convoca a una manifestación para defender nuestras opiniones, haré lo posible por acudir. Nuestro Gobierno debe notar que hay una mayoría silenciosa que empieza a dejar de serlo y que no está de acuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004