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Reportaje:

Europa sufre por la salud del dólar

Washington se siente más cómodo con una divisa débil para financiar mejor su desequilibrio exterior

El jueves pasado el euro alcanzó un máximo histórico: se cambió a 1,30 dólares. La demostración de poder de la moneda única está provocando, no obstante, contratiempos en la economía europea. Ha tenido un efecto devastador sobre las exportaciones. Alemania, principal damnificada, registró un crecimiento del PIB de apenas el 0,1% durante el tercer trimestre del año, debido en gran parte a la reducción del excedente exterior provocada por la apreciación del euro. Todas las economías europeas están en estado de alarma por el riesgo de que la cotización de la moneda empuje de nuevo a la economía alemana a una nueva recesión. Bush y su equipo económico alientan la debilidad del dólar para restañar su déficit comercial con los países asiáticos. La contrapartida es clara: un euro fuerte protege del encarecimiento del crudo.

El continuo debilitamiento del dólar preocupa fuera de Estados Unidos. Pero mientras Europa y otros socios comerciales de EE UU, como Japón, muestran su inquietud por la fortaleza de sus monedas frente al billete verde, la Administración que preside George Bush se muestra indiferente ante la fuerte depreciación de su divisa. Una intervención del Tesoro o del Banco Central Europeo (BCE) para contener la caída del dólar no parece inminente y todo apunta a que se quedará en el juego verbal.

Oficialmente, el Gobierno estadounidense apoya un dólar fuerte. Sin embargo, la percepción es que Washington está cómodo con un dólar débil y tiene muy claro qué es lo que espera de su divisa. Una moneda débil aporta una ventaja competitiva a la industria en un mercado globalizado. Pero, en el caso de EE UU, sobre todo permite financiar su elevado déficit exterior. El problema llega a la hora de adquirir del extranjero los artículos que necesita la industria para funcionar, y que podría llegar a afectar al consumo interno. Por no dejar de mencionar que una caída prolongada puede desanimar a los inversores extranjeros a invertir en fondos.

Las proyecciones de los bancos de inversión hablan de que el euro podría alcanzar entre los 1,33 y los 1,37 dólares los próximos 12 meses

"Pero EE UU no se inquieta y hace bien poco para frenar su depreciación", señalan los analistas del mercado de divisas. A esto se le suma la cacofonía que llega desde Europa, donde la posición real ante el dilema de un dólar fuerte o débil no está clara, sobre todo a raíz de que el canciller alemán restara dramatismo a la situación. "Un euro fuerte es una barrera contra la inflación en Europa, sobre todo si se tiene en cuenta el precio del petróleo y las materias primas. Aunque también es un obstáculo hacia un mayor crecimiento", explican.

Los operadores insisten en que es necesaria una intervención verbal o monetaria de EE UU "para evitar que el tipo de cambio rebase el techo psicológico de los 1,30 dólares". "Que el presidente del BCE, Jean Claude Trichet, se pronuncie a favor de la fortaleza del dólar ayuda a reducir los nervios", señalan desde ABN Amro, "pero es una cuestión temporal, porque las intervenciones verbales mantendrán la caída durante poco tiempo". El BCE no está dispuesto tampoco a ir más allá de las palabras, lo que podría restar margen de maniobra a la política monetaria en EE UU. El problema, al margen de la retórica, está en que las caídas de los últimos días marcan una tendencia de por dónde irá la divisa estadounidense.

Las proyecciones

Merrill Lynch aseguraba a final de la semana pasada que la victoria de George Bush se veía "menos negativa" para el dólar que la de John Kerry, a pesar de que durante los últimos cuatro años haya perdido más de un 20% de su valor o un 36% si se compara con el pico más bajo frente al euro. Para hacer esta afirmación, la prestigiosa institución financiera se apoyó en la idea de que el senador demócrata iba a introducir una línea en el ámbito comercial mucho más dura, sobre todo con China, tras proponer la revisión de los acuerdos comerciales para introducir nuevas directrices de empleo y medio ambiente.

Las proyecciones de los bancos de inversión hablan de que el euro podría alcanzar entre los 1,33 y los 1,37 dólares durante los próximos 12 meses. "La apreciación del 10% que ha tenido el euro en los últimos tres meses es rara en sí misma porque los elementos no han cambiado", señalan desde Merrill Lynch, "aunque no hay indicios de que vaya a cambiar la tendencia, aunque el dólar responderá positivamente a las buenas noticias que se vayan planteando a corto plazo".

El prestigioso banco de inversión neoyorquino prevé que el año se cierre con el euro a 1,29 dólares, salte a los 1,33 dólares durante el primer cuarto de 2005 y de ahí a los 1,37 dólares en el segundo, para luego bajar a los 1,34 dólares a final de año. "La caída se irá retrasando si van surgiendo datos económicos que hagan entrever una subida de tipos de interés más fuerte", señalan. Pero el motivo de esta fuerte depreciación, como señalan desde UBS, es "la preocupación hacia el elevado déficit exterior de EE UU". "El dólar debe seguir cayendo para ayudar a mantener un déficit insostenible", añaden.

Recuperar soluciones

Los analistas del mercado de divisas señalan que "no se puede decir que el dólar esté infravalorado", si se toma como referencia la talla de su déficit exterior. "Al contrario, quizás esté sobrevalorado", señalan desde Societé General. Fred Bergsten y John Williamson, del Institute for International Economics (IIE), explican en este sentido que el dólar necesitaría depreciarse un 20% más respecto al resto de divisas para poder recuperar una posición "más sostenible para su déficit". Los dos economistas desearían que esa corrección se hiciera frente a la divisa China y otras monedas asiáticas, sin utilizar sólo al euro como válvula de escape.

Una cura posible para este desequilibrio es que se reduzca el déficit fiscal, que alcanzó los 413.000 millones de dólares en el ejercicio 2004. El problema es que el presidente Bush no está mostrando señales claras de que vaya a tomar esa medicina durante su segundo mandato. Y un dato más para la reflexión: lo normal es que en etapas en las que un solo partido controla el Gobierno, el crecimiento del déficit estructural crezca. Bush promete apoyar el crecimiento económico, avanzar en la reforma fiscal y reforzar la Seguridad Social, privatizando una parte. Pero sobre su intención de reducir el déficit fiscal a la mitad para 2009 no hay detalles.

Las proyecciones de Goldman Sachs muestran todo lo contrario. "Las perspectivas presupuestarias en EE UU tienden a empeorar", advierte, "porque se producirá un inevitable incremento del gasto público". Bush quiere hacer permanentes los recortes de impuestos decididos en 2001 y 2003. E incluso si se mantiene el nivel de gasto actual en Defensa (4% del PIB), el déficit acumulado para la próxima década podría llegar a los 5,5 billones de dólares. Es más del doble de lo previsto por el Congreso (2,3 billones). "Los republicanos están abriendo la vía hacia una nueva fase de caída del dólar", afirman.

Una sola dirección

La Reserva Federal (FED) -banco central-, entre tanto, aunque no tiene voto en la política de divisas, cuando se pronuncia no plantea ninguna objeción clara hacia la evolución reciente del dólar. "Es más, lo ven como parte integral de la solución de los desequilibrios", señalan los analistas. Los presidentes de la Reserva Federal de Dallas, Robert McTeer, y de San Francisco, Janet Yellen, aseguran que "sólo hay una dirección hacia la que puede ir el dólar mientras se mantenga tan alto el déficit en la balanza de pagos y es más bajo".

Intencionado o no, lo cierto es que la caída del billete verde da alas a la Reserva Federal para que siga subiendo tipos, por eso una intervención del BCE sería mal vista. Pero, como advierten los agentes del mercado de divisas, "si la caída no tiene fin, incluso los inversores tradicionales en EE UU, como bancos centrales, estarán cada vez menos dispuestos a financiar el déficit estadounidense". La subida de tipos podría ayudar al capital extranjero a entrar en EE UU, pero la situación actual del déficit "no es viable" y la economía es demasiado dependiente de los flujos de inversión extranjeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004