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Reportaje:

Un tope de 420.000 euros anuales

El Málaga limita los salarios de sus jugadores y en algunos casos los ha rebajado en más del 50%

Los clubes españoles de fútbol acostumbran a pagar a sus jugadores mucho dinero. Tanto, que los sueldos de sus plantillas "superan en muchos casos sus presupuestos anuales y la mayoría se mueven en torno al 80%", según reconoce un directivo de un equipo modesto.

Para tratar de aliviarse algo, los miembros de la Liga de Fútbol Profesional llegaron el año pasado a un acuerdo tácito: no superar con el pago de sus fichas el 60% de sus gastos previstos, una especie de tope salarial colectivo. Y es que en 2001 el mercado estalló y las deudas se dispararon.

El Málaga, además de aferrarse a las buenas palabras, ha decidido ahora pasar a los hechos, aplicar lo pactado. Así, ha marcado un "tope salarial" de 420.000 euros anuales para las renovaciones de los contratos de los componentes de su elenco y las incorporaciones que puedan producirse en adelante.

"Estábamos ahogados y hemos decidido poner unos límites. La coyuntura anterior era insostenible", explica el director general del club andaluz, Antonio Mendoza, que se muestra muy convencido de la efectividad de la medida impuesta: "Aquél al que no le guste lo tiene fácil: que no firme el contrato".

En realidad, el tope salarial como tal no es posible por cuestiones legales. Pero las empresas, en este caso el Málaga, "se reservan el derecho de ofrecer a sus futbolistas lo que estimen oportuno".

La cuestión es que el vestuario blanquiazul se ha visto dividido entre los futbolistas que firmaron sus compromisos antes de 2001 y los que han tenido que renovarlos o rubricarlos por primera vez a partir de esa fecha.

Hace dos semanas, la renovación del portero Calatayud selló definitivamente la posición del Málaga: 420.000 euros. Ni uno más ni uno menos. Al central Juanito se le ha hecho la misma oferta advirtiéndole de que no se le subirá "ni un euro". Edgar, un delantero procedente del Madrid, ha pasado de cobrar 750.000 a percibir tan sólo 360.000. Aceptó la rebaja a regañadientes. Sencillamente, porque no encontró a nadie que le pusiera más dinero sobre la mesa.

Las excepciones a esa regla, cómo no, afectan a los dos delanteros del equipo. Wanchope y Amoroso ganan cerca de 600.000 euros más otros incentivos económicos en función de los goles marcados.

Romero pertenece a los que tienen un contrato "bueno". Uno de esos firmados "al amparo del dinero de las televisiones", según Mendoza. Gana cerca del millón de euros, pero acaba en 2005. "El club puede hacer lo que quiera, pero yo pelearé por la cantidad que me parezca oportuna", comenta el interesado.

En la misma situación que Romero se encuentran Litos, Valcarce o Arnau, el guardameta suplente de Calatayud. Todos ellos tendrán que aceptar una rebaja de más del 50% de sus sueldos o cambiar de club.

Sin embargo, esa rebaja drástica de los salarios y el hecho de que el vestuario esté compartido por jugadores precrisis y postcrisis "no afecta al ambiente en la caseta", según Romero. "No nos interesa. No es cosa nuestra", concluye.

"Los sueldos de los jugadores en España, a bote pronto, han bajado cerca del 40%", explica Mendoza. Así que ya se "han enterado" de la crisis, algo que ponía en duda el secretario técnico del Celta, Félix Carnero: "Quieren ser los últimos en ver las orejas al lobo". "En cierto modo, es una buena medida", reconoce Romero, aunque se reserva su derecho "a negociar en su momento lo que crea justo".

"Los galácticos siempre cobrarán galácticamente; los notables, notablemente, y los demás, dependiendo del mercado". El diagnóstico lo emite José Antonio Martín Otín, representante de futbolistas y, por tanto, experto a la hora de negociar sus emolumentos.

Es decir que, si la posición del Málaga no coincidiese con una época de contención generalizada -con la excepción del magnate petrolero ruso Roman Abramovich y su billetera sin fondo en el Chelsea, londinense-, el Málaga se quedaría sin jugadores. "Llevamos ya un tiempo padeciendo la recesión", concede Martín Otín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de octubre de 2004