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CONVIVENCIA EN LA ESCUELA

"Trabajando en grupo se detecta si alguien sufre acoso"

En el instituto de secundaria Clara Campoamor, de Móstoles (Madrid), los alumnos ya saben lo que es que todo el mundo participe en clase. Este centro formó parte del programa experimental Prevención y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. La violencia entre iguales en la escuela y en el ocio. Gracias a esta iniciativa, algunos de sus profesores han podido comprobar que la violencia puede mitigarse con una forma distinta de enseñar.

La profesora de Cultura Clásica, Latín y Griego, Carmen Sánchez, es una de ellas. Esta docente suele dividir la clase en grupos heterogéneos de chicos, que ella misma forma, para que se pongan a trabajar. "Es una buena manera de que alumnos muy dispares, que no tienen nada que ver entre ellos, colaboren. Se ven obligados a discutir los temas, a elegir los portavoces...", cuenta. "La dinámica de que sean ellos los que tienen que resolver sus conflictos hace que los que nunca hacen nada se pongan a trabajar y los que sacan muy buenas notas tengan que ceder".

Sánchez confiesa que esta forma de impartir clase es más trabajosa que la tradicional, pero a la larga, funciona. "Empiezan a compartir cosas, a ver que sus acciones repercuten en los demás. Además, se establecen relaciones de igualdad entre ellos", asegura.

En este tipo de clases, el papel del profesor cambia radicalmente. Pasan de ser meros transmisores de información a guías de lo que deben hacer sus estudiantes. "No es que te vayas a convertir en su amiga, pero sí favorece que cuando tienen un problema te lo cuenten, a pesar de lo herméticos que son a estas edades. Además, con esta forma de trabajar en grupo se detecta rápidamente cuándo alguien está sufriendo acoso".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de octubre de 2004