Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

KO técnico

La retirada del candidato a la presidencia del PP de Madrid que avalaba Ruiz-Gallardón deja a Esperanza Aguirre vía libre para ser elegida en el congreso regional de fines de noviembre. Esa retirada aleja el riesgo de mantener abierta durante mes y medio una crisis que estaba debilitando gravemente al PP de Rajoy. Y supone una advertencia contra posibles tentaciones de abrir crisis similares en otras organizaciones regionales, a punto de celebrar sus congresos. Pero los efectos a largo plazo para el PP de Madrid pueden ser graves. La victoria de la presidenta de la Comunidad sobre el alcalde sólo habría podido evitarla una mediación de Rajoy. Pero para ello habría tenido que contradecir a su secretario general, Acebes, que había avisado de que a Gallardón no le saldría gratis su audacia. La suerte del alcalde estaba echada desde el momento en que Rajoy dijo que si había dos listas, adelante: que gane quien pueda. Porque si alguna duda había sobre quién podía ganar, quedó despejada en la reunión de la Junta Directiva celebrada el miércoles: Aguirre arrasa entre cuadros y afiliados.

Los reproches planteados en esa reunión indican que existía un resentimiento sordo contra el alcalde. Sobre todo se le echó en cara no sudar la camiseta en las agrupaciones locales en los años en que presidió la comunidad; y presentarse como una opción diferenciada (más centrista) respecto al eje del partido. Son reproches característicos de la mentalidad de los afiliados de cualquier formación, que sólo el éxito electoral acalla. El de Gallardón se ha debido precisamente a su imagen de político capaz de obtener votos en sectores que en otras elecciones votan a partidos situados a la izquierda del PP. Pero si siempre ha habido políticos más y menos hábiles para halagar a los militantes, Gallardón es de los menos dotados para eso. Sin el apoyo de Rajoy, carecía de cartas para un órdago.

En el PP de Madrid el líder con más apoyos ha venido siendo Rato. Su alejamiento ha dejado un vacío que no podía llenar Aguirre sola, y menos Gallardon solo. Que hayan sido incapaces de ponerse de acuerdo perjudica políticamente a ambos, aunque refuerce las posiciones internas de la presidenta de la Comunidad. Esperanza Aguirre se comprometió ayer a ser generosa. Suele decirse que la mayor humillación del vencido es la magnanimidad del vencedor. En este caso, sin embargo, ambos se necesitan. Incluso tal vez le habría venido mejor ganar a los puntos que por KO.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de octubre de 2004