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Reportaje:LA INMIGRACIÓN POR DISTRITOS | Tetuán

La dificultad de aprender un idioma

A diferencia de los latinoamericanos, los 2.100 marroquíes de Tetuán encuentran en el español una barrera añadida

No es la convivencia, ni la búsqueda de empleo o de vivienda lo que más le ha costado a Hcham Abdlrani, un marroquí que lleva dos años viviendo y trabajando en el distrito de Tetuán. "El idioma, el español es muy difícil. Me cuesta mucho", explica este hombre, que trabaja en una tienda que hay adosada a la mezquita del distrito. Junto a Abdlrani trabaja también Hamdach Khalid, que lleva sólo un año en Europa y que apenas balbucea el español. La tienda vende productos musulmanes: carnes, cuscús, Mecca Cola. "Alcoholic muy malo, aquí no", explica, como puede, Khalid. Estos hombres, como muchos de los más de 2.100 magrebíes que residen en Tetuán, se reúnen en la mezquita de la calle Anastasio Herrero, la más antigua de Madrid. El templo, que recibe a más de 12.000 personas por semana y es también la sede de la Asociación Musulmana en España, fue levantado en 1988 sobre una antigua fábrica de muebles. Por allí pasan desde niños que van a clase, gente que busca silencio para orar, estudiantes de árabe o comerciantes que saben que aquí pueden encontrar contactos.

Al Attar es un iraquí que normalmente vive en Holanda, pero que ahora pasa unos días en España haciendo negocios. "Me dijeron que viniese directamente aquí, a la mezquita y a los comercios de alrededor", explica. Enfrente hay una carnicería musulmana, la que más solera tiene en el barrio. Su propietario vino del Tetuán marroquí al Tetuán madrileño hace 28 años. "La carne que vendo está sacrificada al estilo musulmán, los animales están degollados mirando a La Meca", explica Mustafá Asri. Su experiencia en España la resume en una frase: "Si respetas, te respetan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004