Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
LECTURA

Las claves del 23-F según Calderón

'Algo más que el 23-F'. La Esfera de los Libros. Saldrá a las librerías el día 19. Los autores dan su versión de cómo se preparó y desarrolló el frustrado golpe del teniente coronel Tejero. También dan un repaso a la transición democrática, y destacan las figuras del teniente general Gutiérrez Mellado y del que fue ministro de Defensa Rodríguez Sahagún. El teniente general Calderón fue secretario general del Cesid en 1982 y luego director general. El coronel Ruiz Platero fue jefe de la División Exterior del servicio de inteligencia.

La contestación al Gobierno de los sectores más derechistas del país y nostálgicos del recién acabado régimen franquista se debieron a numerosos factores: la sustitución de Arias Navarro por Suárez en la presidencia, la del general De Santiago en la vicepresidencia por Gutiérrez Mellado, la legalización de los sindicatos y del Partido Comunista, la aprobación de la Constitución de 1978 (sobre todo en su vertiente autonómica), la dureza del terrorismo etarra (que en esos años, y hasta 1981, atravesaba sus cotas más altas de atentados y asesinatos) y la mala situación económica derivada de la segunda crisis del petróleo.

En los tiempos inmediatamente anteriores al 23-F, todos los altos cargos militares estaban ocupados por generales que habían participado como oficiales en la Guerra Civil. Una parte relevante de ellos, desde luego no todos, vivían con desasosiego la evolución política y eran alentados por conocidos medios de comunicación. Este malestar se expresaba tanto en reuniones informales -como en el caso de Játiva, en 1977- como en las sesiones del Consejo Superior del Ejército de Tierra, en las que los capitanes generales con frecuencia mantenían posiciones muy duras y críticas al Gobierno.

En la noche del 23-F fueron esenciales la actitud del capitán general de Madrid, Quintana Lacaci, y el que los mandos principales de Madrid estuviesen ocupados por personas contrarias al golpe, gracias a Gutiérrez Mellado

El proceso y el juicio oral, en nuestra opinión, desvirtuaron los hechos y las responsabilidades. La instrucción del juez García Escudero fue bastante defectuosa y con muchos prejuicios

Todo indica que el golpe se caracteriza por la continua improvisación, y que si hay que poner una fecha a la toma de decisión por parte de Tejero es la del 18 o 19 de febrero

Los más radicales propugnaban, de hecho, un cambio político sustancial que no excluía la intervención militar. En este grupo de radicales se encontraban tanto los participantes en reuniones informales, la mayoría en la reserva, como algunos de los capitanes generales de región, entre los que destacaba Miláns. Con empleos inferiores había un cierto número de generales, jefes y oficiales, y eran bastante conocidos, como demuestra el informe Panorámica de las operaciones en marcha en su apartado 'Operación de los coroneles'.

En la Guardia Civil, el motivo principal de la radicalización de un buen número de sus miembros era el terrorismo, y muy especialmente lo que se percibía como limitación de medios y procedimientos para la represión de quienes no tenían límites en sus acciones, sino todo lo contrario. En este campo,Tejero y algunos capitanes estaban muy activos al respecto y buscaban apoyos militares.

En nuestra opinión, el 23-F es la convergencia de estos dos grupos. Desde el nombramiento de Suárez se desarrollaron varias operaciones políticas -cuya historia en detalle, opinamos, está por hacer- que vinieron en llamarse "golpes de timón", creciendo en los años siguientes, a pesar de las elecciones de 1977 y 1979, de la aprobación de la Constitución y, especialmente, en 1980, tras la moción de censura.

Dimisión de Suárez

En los últimos meses de 1980 y los dos primeros de 1981, los objetivos de esas operaciones eran sobre todo la dimisión de Suárez y, para los militares, la de Gutiérrez Mellado. En esencia, los partidarios de esa línea política consideraban que la Constitución no era un buen instrumento para resolver los grandes problemas del país (habría que cambiar, al menos, algunas de sus regulaciones), y creían que los dirigentes políticos en ejercicio resultaban inadecuados para su resolución. Esos partidarios de un golpe de timón estuvieron presentes, en alguna forma, en las vicisitudes del 23-F relacionadas con Armada, sin que judicialmente se haya profundizado en ello, lo que ha impedido conocer las complicidades tácitas o expresas de otras personas o sectores.

En definitiva, nos atrevemos a afirmar que en el 23-F hubo dos grupos de activistas: el de militares de alta y media graduación y el de guardias civiles. Y además un grupo indefinido de civiles y militares que consideraban que la Constitución era insuficiente y que había que forzar sus términos. Esos partidarios de un golpe de timón creemos que flirtearon con la situación.

Al margen de la difícil posición de Suárez con su partido, algunos percibíamos que las principales dificultades -terrorismo, involución, situación económica, autonomismo- se iban superando, y que los instrumentos para ello, derivados de la Constitución, eran adecuados, aunque, desde luego, con dificultades y necesitados de disponer de márgenes razonables de tiempo; es decir, sin precipitaciones y con mucha constancia. Nos agrada pensar que el discurrir de los hechos nos ha dado la razón, y que la Constitución, cuando ha superado sus 25 primeros años de vida, ha sido un instrumento imprescindible para el desarrollo de nuestro país.

El principal precedente concreto del 23-F fue la Operación Galaxia. Estaba previsto ponerla en práctica un viernes del mes de noviembre o diciembre de 1978 (17 o 24 de noviembre, o tal vez el 1 de diciembre). La sentencia del juicio a que dio lugar tiene fecha de 8 de mayo de 1980. Esa sentencia fue, como se sabe, muy benigna, y los dos condenados quedaron inmediatamente en libertad, por lo que no arredró a Tejero, sino todo lo contrario, y le mantuvo en su voluntad de repetir el intento, con más cuidado y con otra gente.

Como hemos indicado al abordarla, si la sentencia por ese intento se hubiese atenido más a los hechos, y, en consecuencia, la condena hubiese sido más severa, como pretendía el capitán general de Madrid con su disentimiento, es probable que el 23-F no hubiese tenido lugar en la forma en que se produjo.

Por esas fechas, mediados de 1980,Tejero y García Carrés unieron sus esfuerzos en la obtención de las 500.000 firmas necesarias para proponer una ley que mantuviese el carácter militar de la Guardia Civil. Carrés buscó los medios para hacerlo, un apartado de Correos que facilitó el entonces director de El Imparcial, Juan Plá. Según Carrés, se consiguieron 2,5 millones de firmas, como aseguró en el juicio oral. Aunque Carrés no mencionó cuánto costó esa operación, parece indudable que la cantidad, como poco, debió de ser de varios millones de pesetas. ¿De dónde salieron? Muy probablemente del mismo sitio de donde salió meses después el pago de los autobuses y las gabardinas previstas para el asalto al Congreso. En nuestra opinión, del entorno del general Iniesta y de Carrés.

Carrés y Milans

Todo ello coincide en esas fechas con la configuración del núcleo inicial y clave del 23-F: Tejero, Carrés, Iniesta y Dueñas. Para llegar a esa tesis consideramos que el libro de Pardo Zancada es fundamental. En el mes de diciembre de 1980 (es decir, poco antes del 23-F), Carrés se entrevista con el ayudante de Miláns, el teniente coronel Mas, a quien parece que conocía de la campaña de recogida de firmas antes citada, y le presenta a Tejero. Con ello se establece un camino para hacer llegar a Miláns los proyectos de Tejero. A Mas se le une el coronel segundo jefe del Estado Mayor de la Capitanía de Valencia, Ibáñez.

Nos parece altamente probable que esos proyectos de Tejero efectivamente llegaron a conocimiento de Miláns, y que, para que éste los considerase, se le hicieron llegar, a través de Ibáñez y Mas, probablemente antes de la comida del 10 de enero de 1981 que celebra con Armada en Valencia. Tejero, en el juicio oral, afirmó, entre otras muchas cosas con base y otras sin ella, que en diciembre de 1980 encontró "calor" en la III Región Militar, "que quería que Miláns conociese lo que él pensaba" y "que tenía la idea de que había que ocupar el Palacio del Congreso o el palacio de la Moncloa". Con ello creemos que quedó configurado el grupo que el 18 de enero se reunió en la calle del General Cabrera de Madrid (a Torres Rojas le convocó Dueñas) y también su finalidad: el estudio y decisión de los proyectos de Tejero.

La comida del 10 de enero en Valencia fue circunstancial; es decir, aprovechando que Armada visitaba la ciudad por motivos particulares. Miláns, probablemente, aportó información sobre el malestar militar (procedente de los capitanes generales con los que se relacionaba y de las reuniones del Consejo Superior), y dudamos de que hablase de Tejero. Armada expresaría su opinión acerca de las preocupaciones del Rey sobre la situación, de Suárez y de los golpes de timón en marcha que, entre otras cuestiones, podrían incluir un puesto militar relevante para Miláns que le permitiría continuar en activo aunque cumpliese la edad de retiro.

En ese almuerzo de Valencia tienen origen las implicaciones que después se atribuyeron a Armada. Su posición ante Miláns, contraria tanto a Suárez como a Gutiérrez Mellado y favorable al relevo de ambos, tuvo para él graves consecuencias y pudo llegar a tenerlas para el propio Rey. Dio ocasión para la utilización de su nombre en la fabulación, según nuestra tesis, de las llamadas telefónicas del 21 y 22 de febrero y, el día 23, en la exposición de Pardo Zancada en la División Acorazada. Objetivamente estimamos que si su opinión personal la hizo extensiva al Monarca fue un claro error de apreciación y una verdadera imprudencia.

La convocatoria de la reunión de General Cabrera se hizo sin pérdida de tiempo. Como el 10 de enero era sábado y, para pasar inadvertida, se quería celebrar en domingo, se buscó el primer festivo posible, es decir, el siguiente al 11. Ello, desde luego, aseguró el secreto o la discreción de la reunión, además de limitar al mínimo el número de los asistentes. En esa reunión se consideró lo que se llamaba "Solución Armada" o golpe de timón, en forma genérica, que significaba un cambio de Gobierno y de política en los temas claves, pero no una junta de militares o de salvación nacional, y, expresamente, tampoco implicaba un acto violento que el Rey tuviera que reconducir. Pero también, y para estudiar la viabilidad de los proyectos de Tejero, estaba el general Alvarado. Nos quedan pocas dudas sobre que los proyectos de Tejero quedaron suspendidos y aplazados, y que, aunque se mencionó la posibilidad de una segunda reunión, ni se fijó fecha ni se convocó nunca más. Para Tejero y su entorno de la Guardia Civil, "los militares no salían".

Los acontecimientos de febrero (viaje del Rey al País Vasco, sucesos de Guernica, asesinato por ETA del ingeniero Ryan, y sobre todo la muerte del etarra Arregui y el Pleno del Congreso al respecto, más el tratamiento de los medios de comunicación, especialmente El Alcázar) provocaron la decisión de Tejero de asaltar el Congreso en la creencia de que arrastraría a Miláns y con él a los principales mandos militares. Esta decisión de Tejero, probablemente, fue asumida de inmediato por los capitanes Abad y Muñecas. Pudo participar en ella algún otro oficial de la Guardia Civil, pero lo creemos menos probable. Y fue comunicada al grupo de Madrid (Carrés, Iniesta y Dueñas) y al de Valencia (Ibáñez y Mas).

Viaje a Valencia

La cuestión, entonces, era presentar esa decisión como un hecho y provocar la adhesión de Miláns. El viaje de Carrés a Valencia, la tarde del día 20, y su entrevista con Ibáñez y Mas, que van y vienen a Capitanía sin conseguir el visto bueno de Miláns, obligó a los conspiradores a poner en marcha una fábula, centrada en la persona de Armada, como medio para propugnar que la operación estaba apoyada o impulsada por el Rey. A alguien (¿pudo ser Carrés?) se le ocurrió añadir: "Hay un comandante que empuja" (aunque cabe dudar de su veracidad, ya que sólo sale a relucir en el juicio oral por Mas Oliver), y el nombre de Cortina para completar la fábula y como un dato más para que Miláns la admitiese como cierta. Pardo Zancada, en su libro citado, incluye también que Miláns mencionó a la Reina y el apoyo del Vaticano y Estados Unidos. También hace hincapié en que Ibáñez, tras no conseguir el asentimiento de Miláns, le dice a Carrés que "desde Valencia nos ocuparemos de todo, no te preocupes".

Los de Valencia, Ibáñez y Mas, escenificaron dos llamadas telefónicas, entre Miláns y Armada, los días 21 y 22 por la tarde. La del 21, en presencia de Ibáñez y Mas; la del 22, con los mismos testigos más Pardo Zancada. La del día 21 tuvo como objetivo que Miláns admitiese la operación. Pero como de sus respuestas al presunto Armada se evidenciaban dudas, después de esa llamada, Tejero desde Madrid habla con él, brevemente, para decir que el asalto "se hace" y que él "ya no podía pararlo". Esta conversación es la primera que mantienen Miláns y Tejero por teléfono. Y todavía Miláns duda, pero de hecho, como ya hemos dicho, toma la decisión de intervenir.

La del día 22 se realiza en presencia de Pardo para que éste extienda la operación a la División Acorazada en compañía de Torres Rojas, que viajaría desde A Coruña -posiblemente alertado por Dueñas- para hacerse cargo del mando de esa unidad. Una vez decidido, Miláns se encargó, durante la tarde-noche del 23-F, de extender su acción desde Valencia a otras capitanías, y en ello puso todo su empeño, pero con resultados insuficientes. En esa instancia, para nosotros, se decidió el éxito o el fracaso del golpe. La acción del Rey fue determinante.

Para Tejero y sus apoyos, Miláns era el general más idóneo, y además, a través de Carrés y Mas, se había hecho accesible e influenciable. De hecho, era el más motivado de todos los capitanes generales. Había estado en la reunión de Játiva; estimaba que se le había agraviado al no nombrarle capitán general de Madrid ni jefe del Estado Mayor del Ejército, y mantenía una posición dura en las frecuentemente borrascosas reuniones del Consejo Superior del Ejército.

En la noche del 23-F fueron esenciales la actitud del capitán general de Madrid, Quintana Lacaci, y el que los mandos principales de Madrid, militares y de las Fuerzas de Seguridad del Estado, estuviesen ocupados por personas contrarias al golpe. Eso no ocurrió por casualidad, sino por política expresa del vicepresidente Gutiérrez Mellado y del ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún.

El proceso y el juicio oral, en nuestra opinión, desvirtuaron los hechos y las responsabilidades. La instrucción del juez García Escudero fue bastante defectuosa y con muchos prejuicios. El principal fallo consistió en definirlo como "un todo planificado y realizado" que se arrastra desde el resumen del juez instructor a la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia Militar y al Tribunal Supremo. Todo indica, por el contrario, que el golpe se caracteriza por la continua improvisación, y que si hay que poner una fecha a la toma de decisión por parte de Tejero es la del 18 o 19 de febrero.

Prisas del juez

El segundo lo provocaron las prisas del juez en acabar la instrucción. Políticamente eso era adecuado, pero desde el punto de vista judicial se habrían necesitado algunas actuaciones más. El tercero fue motivado por la excesiva influencia de Tejero en las decisiones del juez García Escudero. Es incomprensible que no profundizase en la evolución de sus declaraciones -en particular, entre las dos primeras y la tercera, no formalizada, y la cuarta- en relación con las acusaciones a Armada, Cortina y Gómez Iglesias, y en qué ocurrió en ese espacio de tiempo (mes de marzo) para que Tejero las variara.

Estimamos que también influyeron negativamente, en un enjuiciamiento más ajustado a los hechos, los testimonios del secretario del Rey, Sabino Fernández Campo, y de Laína en relación con Armada, cuyo origen está en la exposición que Pardo Zancada hace de su viaje a Valencia, su conversación con Miláns y la presunta llamada telefónica del día 22. La actuación del general Sabino, como instrumento del Rey, fue fundamental para parar el golpe, pero su informe sobre la implicación del que fuera su antecesor en la Casa Real, el general Armada, pudo influenciar al juez.

La posición ambigua de Armada con su visita a Valencia del 10 de enero y su posición reticente hacia Suárez y Gutiérrez Mellado, que les debilitaba en el entorno de los mandos militares de capitanías, ponía en evidencia al propio Rey. Desde luego, veía con buenos ojos un golpe de timón que resolviese, desde su punto de vista, la debilidad del Gobierno, y no era reacio a tener un papel destacado en el mismo.Aunque, según declaró Ibáñez en la vista oral, parecía considerar suficiente el nombramiento, como presidente, de Calvo Sotelo, y como ministro de Defensa, de Alberto Oliart.

Y por último, la "mentalidad" del juez García Escudero sobre los Servicios de Inteligencia ("una nebulosa de contornos y contenido inciertos", como afirma en su libro), que permitió a Tejero formular acusaciones o exculpaciones en la forma y momento que mejor le pareció.

Algunas razones de una historia mal contada

1. CREEMOS QUE UNO DE LOS MÁS CLAROS motivos por los que hasta la fecha el golpe esté mal explicado es el éxito de la estratagema del montaje del mismo y de la estrategia de defensa -más personal que de sus abogados- de los que hemos llamado muñidores del golpe: Tejero, Carrés, Mas e Ibáñez. A ellos habría que añadir otros que no fueron juzgados: Dueñas, Iniesta y, en menor medida, Alvarado. No incluimos a Milans porque, a pesar de su alta graduación y de sus acciones indudables, en este sentido fue pasivo. Más aún, fue la primera víctima de aquéllos. La segunda, creemos, fue Armada. Y la tercera, fallida, el Rey.

2. Cabe destacar la decisión político-judicial de limitar el número de encausados.Ya hemos señalado que respondió más a razones políticas que a judiciales, aunque hay que indicar que al juez le pareció oportuno, porque le simplificaba la tarea.

3. Quizá el más decisivo, hay que mencionar la excesiva influencia de Tejero sobre el juez, y, por el contrario, la muy escasa importancia que se dio a Carrés. Lo primero nos parece poco comprensible, y el mismo juez reconoce que aquél se adelantaba a sus intenciones. Lo segundo nos parece natural, ya que Carrés era un personaje exótico al que se infravaloró en su capacidad de intrigar y poner en contacto a unas personas con otras. En concreto, a Tejero con Mas, es decir, con el ayudante de un capitán general. El viaje a Valencia para conseguir la adhesión de Milans también fue una aportación muy importante. En el proceso se le dio escasa importancia como participante civil, no profundizándose en la conversación que mantuvo con Emilio Romero, por teléfono, a las 18.25 del 23-F, en la que le manifestó: "No me creíste nunca", cuando se acababa de conocer el asalto al Congreso. Ni tampoco las que tuvo con los "muñidores" Ibáñez y Mas.

4. El concepto del juez de que el 23-F fue un todo coordinado en lugar de una continua improvisación, y, además, la ausencia de dudas en su "relato de los hechos" perteneciente a la instrucción, que se trasladó a la sentencia de los tribunales de Justicia Militar y Supremo. Este relato es una típica tesis de escritor más que una relación de hechos de un juez tal y como habían ocurrido. Por ejemplo, sitúa la decisión del asalto en la reunión de General Cabrera (18 de enero) sin considerar en ningún momento que tuvo lugar más tarde, en vísperas de la votación del candidato a la presidencia del Gobierno. Programa de Antena 3, 19-IX-2003, reportaje de A. Rubio y M. Cerdán.

5. La formación de dos grupos entre los acusados, incluyendo a sus defensores. Ello funcionó antes del juicio y, sobre todo, durante la estancia de los detenidos en Campamento en la fase de juicio oral, con la consiguiente influencia en la presentación controvertida de una misma realidad.

6. La verdadera historia del golpe: hay que considerar los efectos negativos respecto a la supuesta implicación del Cesid que tuvieron las informaciones que introdujeron dos miembros del mismo centro y que, conocidas por Tejero, fueron instrumentalizadas en su tercera y cuarta declaraciones.

7. A todo ello hay que añadir el sensacionalismo de algunos periodistas (por ejemplo, en lo referente al "elefante blanco" o al "hombre del maletín", sin fundamento alguno), y de alguno de los libros publicados, en los que más que narrar o historiar se ha novelado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004

Más información