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Análisis:'ESTRAVAGARIO' / La 2

Leer sin prejuicios

Una invitación a leer por puro placer, sin prejuicios, por el gusto de sumergirse en una gran historia, por el disfrute de las palabras, por el ansia humana que nació de los relatos en torno al fuego... Estravagario, el programa de La 2 que el pasado lunes estrenó el periodista Javier Rioyo, fue una auténtica declaración de principios de sus intenciones. Desde la elección del poeta chileno Pablo Neruda como eje de un animado coloquio entre Rioyo y sus invitados (Luis García Montero, Joaquín Sabina y Vicente Molina Foix) hasta la entrevista con Carlos Ruiz Zafón, el autor español más leído y traducido en los últimos tiempos, todo apuntó en Estravagario a un espacio de literatura que trata de combinar lo popular con lo culto, lo divertido con lo riguroso.

Como suele ocurrir, fue Joaquín Sabina quien exhibió el estandarte de la literatura como felicidad y como vitalismo. A propósito de Neruda, el poeta y músico andaluz proclamó su preferencia por los escritores felices frente a los malditos. El centenario del nacimiento de Neruda sirvió como hilo conductor de Estravagario -título tomado de un libro del poeta chileno-, que arrancó con imágenes de su vida que incluyeron su estancia en Madrid en los años treinta y su amistad con intelectuales de la generación del 27 como Lorca, Alberti y Buñuel. No debió ser casual, en absoluto, la fugaz aparición en la pantalla de estos tres mosqueteros de la cultura española, venerados por Rioyo y que ejemplifican las enormes posibilidades de una cultura popular con mayúsculas.

Al margen de una breve encuesta sobre Neruda con escritores y editores y de unas declaraciones de Woody Allen acerca de sus conocimientos de la literatura y el cine españoles, la entrevista de Rioyo con Ruiz Zafón ocupó buena parte de un programa, bruscamente interrumpido con 10 minutos de anuncios poco después de comenzar. Quizá este corte y la alternancia del coloquio sobre Neruda con el diálogo con Ruiz Zafón rompieron el ritmo de un espacio que pretendió -y lo logró- resultar ágil y ameno en un decorado aséptico y con un cierto toque futurista.

El autor de La sombra del viento, una novela ambientada en la Barcelona de posguerra que ha sido un éxito de crítica y público en varios países, reivindicó la novela del siglo XIX, la de Dickens, Balzac o Zola; alabó la narrativa de Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios), y denunció que los grandes enemigos de la literatura son los prejuicios y la cerrazón. "Hay un libro para cada lector", declaró muy seguro Ruiz Zafón en una proclama que seguro que suscriben los responsables de Estravagario.

[Estravagario fue seguido la noche del estreno por 345.000 espectadores, con un 2,9% de cuota].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de octubre de 2004