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CARTAS AL DIRECTOR

El sueldo de los funcionarios

No entiendo por qué todos los años, y no importa quién esté en el Gobierno, el ministro de Economía de turno se empeña en reírse impunemente de los empleados públicos y, ya de paso, en poner a todo el mundo en nuestra contra. Desde hace más de una década, que ya está bien, se nos viene decrementando el sueldo, haciendo, por no sé qué arte de birlibirloque, que todos crean que lo incrementa.

Veamos: si por decreto ley nos sube el IPC previsto por el Gobierno, que, como se sabe, nunca se cumple, en vez de subirnos el IPC real, el bueno, el que va a misa, o mejor dicho, con el que finalmente vamos al mercado, ¿eso qué es, una subida o una bajada?

Pues bien, este año, léase Cuentas del Estado para el 2005 (EL PAÍS, 29 de septiembre, pág. 62): "El salario de los empleados públicos sube un 3,5%". Esto figura en tipografía grande, a tres columnas, que es lo que leen los no interesados. Luego, ya en letra pequeña: "De ese incremento, el 2% corresponde a la previsión de inflación para el 2005 (el famoso IPC previsto, por cierto, ya superado con creces), a la que se suma un 0,5% destinado al plan de pensiones de los empleados públicos, y el punto restante, para complementos de productividad y las pagas extraordinarias" (que son inferiores a la mitad de una paga). Señor ministro, si algún día quiere cruzarse con un empleado público sin avergonzarse: súbanos el sueldo al menos lo que sube la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 2004