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El burro catalán contra el toro de Osborne

EL BURRO CATALÁN, sarcástica respuesta al toro de Osborne, se ha convertido en pocos meses en uno de los adhesivos más comunes en los coches de algunas zonas de Cataluña y ha saltado de la parte trasera de los coches a las camisetas, a los logos para móvil, a un portal de intercambio de archivos o a las toallas de playa. Incluso se ha convertido en el reclamo de una colección de libros en catalán promovida por una gran editorial. Más allá de las disputas en torno a la paternidad del diseño -que se atribuyen dos jóvenes creadores de Banyoles (Girona)-, la idea de usar el burro como signo de catalanidad se inspira en las características de esta raza equina autóctona en peligro de extinción y con un claro deseo de oposición al toro. La campaña Planta't el burro "nace como una respuesta reivindicativa que pretende luchar contra el centralismo uniformizador expresado en símbolos como el toro o la matrícula española", según sus promotores.

Pere Comas, veterinario jubilado y presidente de la Asociación para el Fomento de la Raza Asnina Catalana (AFRAC), cree que éstos "se pasan" convirtiéndolo en símbolo de la catalanidad. Este veterinario jubilado recuerda que el burro catalán, del que quedan unos 300 ejemplares, es apreciado en todo el mundo y ha sido usado para mejorar la raza del burro americano de Kentucky por su bella estampa y su altura. El escritor Miquel Pairolí fue uno de los primeros que, con anterioridad a la campaña, lo defendió irónicamente en un artículo como emblema de catalanidad: "Como símbolo nacional, el burro catalán no es una mala elección. Quedan pocos y, además, es un animal trabajador, tozudo,

orejudo y que suele recibir bas-

tonazos".

El burro catalán tiene también una versión más extrema y menos difundida en la que aparece cubriendo a un toro bravo. Con mucho menos éxito popular, pero no menos contenido reivindicativo, está el logo del gato. El animal se ha usado como símbolo de catalanidad por el hecho de que su nombre en inglés, cat, coincide con el distintivo CAT, de Cataluña. A los defensores del gato no les gusta la idea de sometimiento que comporta el burro.

Pasando del bestiario al abecedario, los cuartos traseros de los vehículos catalanes denotan que la C de Catalunya, popular años atrás, ha caído en desuso en beneficio del distintivo CAT sobre el fondo azul europeo. La mayoría de los adhesivos encajan perfectamente sobre la E de España de las matrículas, aunque la campaña impulsada por sectores catalanistas e independentistas a favor de tapar la E se ha saldado con un relativo fracaso. Lo más corriente es hallar el CAT junto a la placa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 2004