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Un jefe de Hamás muere en Damasco al estallar una bomba colocada bajo su coche

Responsables del Gobierno israelí admiten haber organizado el asesinato del líder palestino

Izz el Din Sheij Jalil, de 42 años, dirigente militar de Hamás, murió ayer en Damasco al estallar una bomba colocada bajo su coche. El atentado ha sido reivindicado oficiosamente por el Gobierno israelí, que aseguró de manera informal a diferentes medios de información que estaba detrás de la muerte de este líder fundamentalista, considerado cerebro del doble ataque suicida perpetrado en Berseva, al sur de Israel, el pasado mes de agosto, en el que murieron 16 personas. Éste es el tercer alto dirigente de Hamás asesinado por Israel en lo que va de año.

El asesinato de Izz el Din Sheij Jalil se produjo en el barrio de Al Zahaar, cerca del campo de refugiados palestinos de Yarmuk de la capital siria. La víctima acababa de entrar en su coche y se preparó para ponerlo en marcha. En ese momento sonó su teléfono móvil. Por un instante dejó la llave de contacto en la cerradura, sacó el móvil del bolsillo y trató de contestar a la llamada. La explosión fue inmediata. Su cuerpo quedó descuartizado, con sus restos esparcidos en el asiento posterior. Tres viandantes que en aquel momento pasaban por la acera resultaron heridos.

Izz el Din Sheij Jalil era responsable de las Brigadas de Ezzedine Al Kassam, el brazo militar de Hamás, en el exterior, desde que hace 12 años fuera expulsado por el Ejército israelí de la franja de Gaza. Murió de la misma forma en que fue asesinado en 1996 uno de sus mejores alumnos, Yehiya Ayash, El Artificiero. Él también murió en una explosión desencadenada por un teléfono celular, en venganza por haber ordenado una oleada de atentados en Jerusalén y Tel Aviv en la década de los años ochenta y noventa.

Tras el atentado de ayer en Damasco, portavoces del Gobierno israelí confirmaban oficiosamente a la prensa local que la operación había sido organizada por Israel. Se ratificaba de esta manera un secreto a voces. Se cumplían además las promesas y amenazas del primer ministro Ariel Sharon, que había manifestado en reiteradas ocasiones su intención de golpear donde sea y como sea a los responsables de los atentados terroristas.

La actitud de Israel confirmando oficiosamente la autoría del atentado no es nueva. Desde el estallido de la segunda Intifada, en septiembre de 2000, el Ejecutivo israelí ha admitido públicamente la política de asesinatos selectivos de los líderes de la Intifada, en contraste con la actitud de silencio y hermetismo mantenida durante tres décadas precedentes, en el que menudearon este tipo de operaciones.

Advertencia a Siria

El atentado de ayer es una nueva advertencia israelí a Hamás, pero además al régimen de Bachar el Assad. Ésta es la segunda vez que el Gobierno de Israel actúa en Siria en los últimos 30 años. La vez anterior fue en octubre de 2003 cuando un avión F-16 lanzó bombas sobre supuestos campos de entrenamiento de la milicia palestina, en las cercanías de Damasco. En aquella ocasión, como en la actual, el Gobierno sirio reaccionó con cautela.

El atentado se produce pocos días después de que el Gobierno sirio ordenara a las organizaciones radicales palestinas asentadas en Damasco que cerrasen sus oficinas y cesasen en sus actividades, según informaba ayer el periódico en lengua árabe editado en Londres Al Hayat. Según el rotativo, las autoridades habrían cortado las líneas de teléfono de estas organizaciones e "invitado" a sus dirigentes a buscar otro país de exilio. Es el fruto de las presiones ejercidas por Estados Unidos y la comunidad internacional sobre Siria, a la que acusan de haberse convertido en refugio de las milicias radicales árabes.

El asesinato de este dirigente de Hamás arroja por el suelo las últimas esperanzas de los países árabes moderados, que desde hace meses trabajan en un alto el fuego de las facciones palestinas. Precisamente ayer se había convocado en El Cairo una reunión decisiva, a la que había aceptado acudir en persona Jaled Meshal, el máximo dirigente de Hamás, para convencerle de que firmase un alto el fuego en la Intifada.

Los portavoces de Hamás han anunciado que vengarán la muerte de su dirigente en Damasco. Mientras en Gaza los líderes fundamentalistas amenazaban a Israel con atacar sus intereses y representaciones en el exterior, desde Líbano la dirección de la organización se mostraba mucho más cauta y desautorizaba a los sectores más radicales, en medio de una nueva polémica sobre la estrategia de los integristas.

Por su parte, el ministro Saeb Erekat, responsable del desaparecido equipo de negociación palestino, resumía la situación con una frase lacónica: "La violencia engendra la violencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de septiembre de 2004