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El nuevo Llobregat ya roza el mar

La desembocadura del río se abrirá definitivamente antes de finales de año

Lo que podía haber sido un desastre es una solución. Así resume el director de Medio Natural, Ramon Luque, las consecuencias del desvío del Llobregat, obra prácticamente concluida. Si no hay problemas, antes de finales de año se abrirá el nuevo cauce y se procederá a bloquear el paso del agua por el antiguo. En estos momentos, la parte más dura de la obra, la apertura de un cauce nuevo, ya está terminada. Falta desbloquearlo en su cabecera y en el final. A lo sumo, un par de meses. Luego quedará aún el remate de una obra que acabará mejorando las condiciones del parque natural.

El delta del Llobregat es el único parque natural del mundo al que hoy se llega en autobús y, dentro de nada, se podrá ir en metro. Un mosaico donde conviven grandes infraestructuras agresivas con el medio ambiente (puerto, aeropuerto, autopistas, redes ferroviarias) con un parque agrario y con zonas naturales (lagunas, marismas, pinares) preservadas o recuperadas a golpe de voluntad.

Para salvar el conjunto está resultando providencial el desvío del río, así como la insistencia del Ayuntamiento de El Prat, con la colaboración del actual Departamento de Medio Ambiente. El resultado es la reformulación de un espacio natural que conectará el cauce con las zonas húmedas situadas a ambos lados del aeropuerto. "Es la diferencia que va de un proyecto inicial de 27 millones de euros" explica el alcalde, Lluís Tejedor, "a uno de 72 millones".

El parque tiene 300 hectáreas, además de su zona de influencia. Pero los terrenos inundables ganados son casi el doble. Entre ellos, una amplia franja litoral colindante con el mar. La playa es de acceso público, pero hay un corredor verde en el que se ha preservado la flora y que sirve de hábitat para las especies.

El parque del delta tiene cada año más de 100.000 visitas de escolares y de miles de personas de todas partes del mundo. Ayer, en las zonas de observación acondicionadas, podía verse una pareja de flamencos. No es frecuente, pero conviven bien con patos, pollas de agua, tortugas y otros animales. Hasta el momento se han observado 396 especies de vertebrados, de las que 360 son aves, 13 reptiles, 17 mamíferos, 2 anfibios y 6 peces.

La laguna del Remolar recibe este nombre porque en otros tiempos hubo en ella rèmols (rodaballo en catalán). No se sabe si esta especie ha vuelto a la zona, pero se han empezado a recuperar los hábitats de algunas lagunas. Hay incluso caballos, "trabajadores del parque", según Ricardo Gutiérrez, director de la reserva, que evitan la proliferación de ciertas plantas.

Luque, Gutiérrez y Tejedor están estos días muy satisfechos de la evolución, pero miran hacia el futuro y piensan en lo que queda: desde la formación del paseo paralelo al río hasta la recuperación de la zona que da a El Prat, pasando por evitar que mueran miles de peces cuando se corte el suministro de agua al antiguo cauce del Llobregat. De momento, sin embargo, ya se ha hecho lo más gordo: la nueva desembocadura hace que el Llobregat roce ya el Mediterráneo.

La ruta del colesterol

Poco a poco el nuevo Delta del Llobregat va tomando forma. Incluidos sus accesos. Por ejemplo, la carretera que desde El Prat, casi en su confluencia con la Zona Franca, llega al mar bordeando las instalaciones aeroportuarias. En el dibujo inicial era una línea recta para que pasaran los coches. El Ayuntamiento puso el grito más allá del cielo. La carretera no tenía porque ser recta porque no iba a ninguna parte. A la playa, aducían sus técnicos, se puede ir andando. No hace falta una autopista.

"La dirección general de Carreteras [cuyo titular, Jordi Follia, sigue en el cargo] del Gobierno de CiU no nos hizo ni caso", asegura el alcalde de El Prat. El municipio tuvo que convencer a los ingenieros de AENA de que no pedían lo imposible: una carretera bordeada con una zona verde y, al otro lado, un carril para bicicletas. Es lo que hay ahora.

La vía, tal como ha quedado, respeta una plantación de palmeras y cruza soterrada por debajo de la tercera pista. Estos días el paseo está lleno de gente que va a la playa o pasea o se dedica a correr, hasta el punto que los vecinos la llaman "la ruta del colesterol".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de agosto de 2004

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