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Reportaje:Atenas 2004 | El primer escándalo de los Juegos

La última huida, en moto

El rocambolesco episodio conmociona al país anfitrión

Un drama, la peor de las tragedias en estos días olímpicos, sacude a Grecia. El mismo día en que Atenas inauguraba sus segundos Juegos modernos, a los griegos se les encogía el corazón. Sus dos grandes esperanzas de medalla, sus estrellas más brillantes, se esfumaban, de la forma más rocambolesca, de la gran celebración. Kostas Kenteris y Ekaterini Thanou, los dos dioses del atletismo heleno, se han precipitado del Olimpo y difícilmente estarán en sus Juegos. Adiós al sueño de presenciar la entrada de Kenteris en el estadio Olímpico como flamante portador del último relevo del fuego sagrado. Justo en el momento que debía aparecer, el campeón olímpico de los 200 metros lloraba sus penas, junto a Thanou, en un hospital de Atenas. A la espera de que el COI resuelva sobre su participación, los dos están hospitalizados y, sea cual sea el resultado de sus lesiones, el daño es ya irreparable.

Las eternas sospechas de dopaje que persigue desde hace años a los dos campeones griegos les han caído encima en el momento más inesperado. Cuando ambos se preparaban para firmar una nueva hazaña ante los ojos de su país, el COI les deparó la peor de las sorpresas. Los buscó en la Villa Olímpica para un control antidopaje y, una vez más, no los encontró. El comité olímpico griego les excusó alegando que estaban en la ciudad para recoger algunas pertenencias. Y el COI les dio un plazo de una hora y cuarto para que pasaran el control. Pero ni rastro de ellos.

Lo que sucedió después es una historia con demasiadas sombras, interrogantes y sospechas. De acuerdo con la versión de su entrenador, el polémico y no menos sospechoso Christos Tzekos, sus dos pupilos se dirigían en moto hacia la Villa Olímpica cuando Kenteris perdió el control y ambos se fueron al suelo. Siempre según Tzekos, un conductor que pasaba por allí los trasladó al Kat, donde se les diagnosticaron lesiones aparentemente sin importancia.

Aparte de Tzekos, el ministro de Sanidad y miembros del comité olímpico griego, nadie ha podido ver a los campeones heridos. El acceso al Kat ha sido restringido. Y no sólo eso. La policía griega no cuenta con ningún testigo del accidente ni ha podido tomar declaración a los dos atletas. La moto, propiedad del técnico, parece haber sido localizada con algunos arañazos y un piloto roto después de que éste declarase que él mismo la había recogido de la calzada -Kenteris y Thanou salían de su casa-, pero que no recordaba dónde la había dejado. En el supuesto lugar del accidente no existen rastros y nada se sabe del coche ni del conductor que los trasladó al hospital.

Demasiadas sombras en un asunto que ha irritado al Gobierno de Karamanliis -ha pedido que se abra una investigación- y que ha acabado con buena parte de los griegos sintiéndose objeto de una persecución y con unos pocos admitiendo que la historia de ayer se veía venir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004