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La odisea estival de los padres trabajadores

Para los niños, el verano es la época de descanso y esparcimiento. Para muchos padres trabajadores, sin embargo, es un auténtico quebradero de cabeza. Tienen sólo un mes de vacaciones -en el mejor de los casos- frente a los tres que tienen sus hijos. En la Comunidad de Madrid hay alrededor de 882.000 menores de entre tres y 18 años, según datos del año pasado del Instituto de Estadística de la Comunidad. En cuanto a los progenitores, unos 82.400 han de encargarse solos de sus hijos a la vez que trabajan. Y los hogares madrileños en los que están ocupados los dos adultos de la casa ascienden a unos 165.000, según el Instituto Nacional de Estadística.

El primer y más clásico de los recursos es echar mano de algún familiar, sobre todo, de los abuelos, para que se encarguen de los pequeños cuando los progenitores no pueden. Pero el clásico no está al alcance de todos. Entonces aparecen las alternativas de ocio y tiempo libre -talleres, campamentos y un larguísimo, etcétera- ofrecidas por las administraciones o por privados. Casi todas, eso sí, previo pago.

La Consejería de Educación financia cada año a los ayuntamientos para que lleven a cabo actividades que, bajo diferentes nombres y formas (escuelas de verano, talleres, colonias), sirven para que los niños pasen las mañanas y, en algunos casos, parte de las tardes de julio en los colegios. Este año han sido 32.820 chavales en 120 municipios, un 54% más que el año anterior: 21.200 niños en 96 pueblos. El gasto de 2004 ha sido 10,5 millones de euros. El año pasado, de 7,6 millones. Los niños realizan actividades que van desde las excursiones hasta los talleres de todo tipo -deportes, manualidades, repaso del curso escolar- y los padres, a cambio de la despreocupación, pagan hasta 140 euros por la quincena, dependiendo de la oferta, que muchas veces incluye servicio de comedor. En algunos casos son gratuitos.

El Ayuntamiento de Madrid, que concentra más del 54% de la población de toda la región, por su parte, también ofrece opciones para estos padres. Además de los campamentos urbanos, que se ofrecen dentro del convenio con el Gobierno regional, ofrece otra serie de campamentos veraniegos. Éstos, entre 140 y 250 euros, dependiendo del lugar donde se celebre, ofrecen mucha variedad de deportes y ocio, llegando incluso al estudio de idiomas, como el campamento multideporte con inglés que se realiza en la localidad de Navarredonda, al norte de la capital. En total, el Ayuntamiento ha ofrecido para este verano 7.200 plazas en campamentos para chavales de entre 3 y 18 años.

Más allá de las administraciones, se encuentra el terreno de la inabarcable oferta de empresas privadas o asociaciones de todo signo. Cursos en el extranjero, los más variados campamentos y talleres con todo tipo de horarios. Eso sí, los precios, por lo general, van subiendo en estos casos. "Y esto se convierte en un abuso, aprovechándose de la necesidad de los padres de hacer algo, sobre todo productivo y beneficioso, con los hijos", se quejaba, por carta a este periódico, una madre indignada. Aseguraba, además, que dentro de la oferta pública se forman ineludiblemente cada verano enormes listas de espera.

Así, la conciliación de la vida familiar y laboral es para estos padres mucho más complicada durante las vacaciones veraniegas de sus hijos. Y sus opciones, en resumidas cuentas, son pedir ayuda a la familia o gastarse el dinero. Para Francisco García, de CC OO, el plan de la Consejería de Educación de apertura de centros durante el mes de julio es una buena respuesta al problema. Eso sí, con algunos matices en el contenido de los cursos y, sobre todo, contemplando la necesidad de "ampliarlo todo lo posible a la red de centros públicos de la región". Este plan no forma parte de las obligaciones educativas de los centros, asegura García, sin embargo, "la sociedad ha cambiado y las administraciones tienen que adaptarse a las nuevas necesidades", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de agosto de 2004