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Necrológica:

Carlos Paredes, compositor y virtuoso guitarrista portugués

Las guitarras portuguesas sonaron incesantemente en las televisiones y radios lusas para llorar al músico Carlos Paredes. Considerado un compositor genial y el mayor virtuoso de la guitarra lusa, Paredes era un mito de la cultura portuguesa, comparado con la fadista Amália Rodrigues. Murió ayer en Lisboa, a los 79 años, víctima de una enfermedad degenerativa que le mantuvo lejos de los escenarios y de la música en los últimos 11 años.

Paredes tenía la guitarra portuguesa (un instrumento típico luso, distinto de la guitarra clásica española, que suele acompañar a los fadistas) en la sangre. Hijo y nieto de guitarristas creció con la música. Creó algunas de sus más fantásticas composiciones aún antes de la adolescencia. Su arte combinaba la herencia de la música popular portuguesa y de las guitarras lusas (cuyo origen se remonta al siglo XVI) con la música erudita y los grandes compositores clásicos, sobre todo del periodo romántico. Lo que tocaba era más que fado, mucho más que simples composiciones de guitarra. Su música era el alma portuguesa.

"Era un genio". Ésta fue la frase más repetida ayer en Portugal por todos cuantos lamentaban la pérdida del gran músico. "En este momento de duelo rindo homenaje, en nombre de Portugal, a su memoria, evocando el artista genial que tanto proyectó la imagen de nuestro país, el ciudadano ejemplar y el hombre bueno, generoso, simple y de gran integridad moral", dijo el presidente portugués, Jorge Sampaio.

Carlos Paredes supo en vida que era considerado un artista superior que sabía exprimir como nadie la esencia de la música y de la cultura portuguesa a través de las cuerdas de una guitarra. Pese a esa consagración en vida, su historia es de una simplicidad asombrosa. Tan sorprendente como sus creaciones.

Nació en 1925 en Coímbra, la mítica ciudad estudiantil portuguesa, cuna de las guitarras y del fado más triste. Con nueve años se mudó para Lisboa, la ciudad del fado callejero. Aprendió a tocar la guitarra a los cuatro años, con su padre, y grabó el primer disco, Carlos Paredes, en 1957. Consagró toda su vida a la guitarra y, hasta que en 1993 le diagnosticaron la enfermedad que ayer le robó la vida, no dejó de tocar, de componer y de llevar la magia de su sonido a todo el mundo.

Pese a eso, era dueño de una rara timidez, humildad y generosidad. "Hablada como si pidiera siempre disculpas por ser tan pequeño y todos los demás tan grandes e importantes", afirmó ayer un amigo personal. Durante toda su vida adulta, hasta jubilarse en 1990, compaginó la música con su trabajo en un hospital de Lisboa, donde era un mero archivador de radiografías. Acudía a trabajar en autobús y nunca faltaba al trabajo. "Amo demasiado a la música para vivir a su cargo", dijo una vez a un amigo que le preguntaba por qué no se dedicaba sólo a la vida artística. Era frecuente que no cobrara nada por tocar, en especial en la provincia portuguesa, donde tocó continuamente en los años que se siguieron a la Revolución de los Claveles de 1974, que acabó con la dictadura de derechas. Pedía tan sólo dinero para los gastos del viaje, que solía hacer en tren.

Comunista asumido, fue también un luchador activo por la democracia. Durante la dictadura, la policía política le mantuvo detenido durante dos años, algo sin importancia para Paredes, que rechazaba hablar de sus tiempos en la cárcel por considerar que otras personas lucharon más contra la dictadura y sufrieron mucho más a manos de los torturadores del régimen.

En 1975, en plena euforia por la libertad recién conquistada, Paredes grabó el disco É preciso un país, acompañado por el poeta y actual diputado socialista Manuel Alegre, que leía versos sobre la música de la guitarra portuguesa. En los años que se siguieron, el músico llevó su arte a todos los rincones del país y, más tarde, a todo el mundo. Paredes "dio dimensión universal a la guitarra portuguesa", afirmó ayer Alegre. "En cualquier lugar del mundo donde se escucha su guitarra, se piensa de inmediato en Portugal", dijo Fernando Alvim, un músico que trabajó con Paredes durante más de 20 años.

Movimentos perpetuos y Verdes anos son algunas de esas composiciones míticas de Paredes que cualquier portugués reconoce a las primeras notas y en las cuales identifica el alma portuguesa. El año pasado, artistas de la nueva generación como Misia, Rodrigo Leão o Maria João editaron un doble álbum de homenaje al maestro de la guitarra, mezclando sus creaciones con el jazz, el hip hop o la música electrónica. Los beneficios conseguidos con la venta de este disco se destinan a la creación de una fundación que estudie el genio musical de Paredes, lo enseñe a los más jóvenes y lo conserve como patrimonio fundamental de la cultura nacional.

Admirado por las élites, Paredes era, sobre todo, amado por el pueblo. Una hazaña que un día resumió así: "A la gente le gusta escucharme tocar la guitarra. Les resulta grato y se reúnen. No hay nada más que eso". "Murió con la tranquilidad de quien sabe que ha cumplido su misión", afirmó ayer su esposa, Luisa Amaro.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de julio de 2004