Encrucijada brasileña
Los buenos datos no despejan las dudas sobre la recuperación del país
Brasil se asoma a la salida del laberinto económico en el que entró en 2003, año en el que perdió el rumbo y su producto interior bruto (PIB) retrocedió un 0,2%. Los primeros datos de este año indican que el país ha encontrado su brújula y apuntan a un crecimiento de un 4%. La falta de inversión, sin embargo, amenaza con poner en jaque una recuperación sostenida.
El sector exportador creció un 45% en el primer semestre, impulsado por la demanda de la economía china
La presión fiscal en Brasil asciende al 36% del PIB, una cifra similar a la de España y el doble que en Argentina y México
La economía brasileña ha abandonado los derroteros por los que deambuló en 2003. Ese año la economía brasileña retrocedió un 0,2% después de casi un lustro de crecimiento económico que oscilaba entre el 6% y el 2%. La inversión directa extranjera, que se refiere a la implantación de empresas o a la participación en ellas y que no incluye los flujos de capital hacia instrumentos financieros como bonos o acciones, fue una de las variables clave que paralizó a la economía del país suramericano al caer por tercer año consecutivo y apenas alcanzar los 10.000 millones de dólares. En 2000, esta variable llegó a superar los 32.000 millones de dólares. Otro factor fue la crisis económica de Argentina, uno de los principales destinos para las exportaciones brasileñas.
Este año, sin embargo, Brasil retomará el rumbo del crecimiento. En el primer trimestre del año, el producto interior bruto (PIB) creció un 1,6% respecto al último trimestre de 2003 y un 2,7% más que en el mismo periodo del año pasado. Las previsiones oficiales del Gobierno hablan de una expansión de la economía de un 3,5%. Varios expertos y algunos miembros del Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, no obstante, no descartan una escalada de un 4% del PIB este año.
Optimismo cauteloso
Otro dato alentador ha sido la reducción del desempleo, que según cifras oficiales ha pasado de un récord del 13% en 2003 a un 11% en el ecuador de 2004. La industria está utilizando el mayor nivel de su capacidad desde 1992 (un 82%). El presidente brasileño, sin embargo, se ha mostrado precavido sobre estas cifras y ha dicho que ha recibido los buenos indicadores económicos con cautela. Lula ha dejado entrever, en declaraciones realizadas la semana pasada, que la asignatura pendiente sigue siendo un crecimiento sostenido de la economía del país suramericano.
Los expertos coinciden en la necesidad de llevar a cabo reformas estructurales para mantener carburando más allá del corto plazo a la economía brasileña. Uno de los principales atascos que señalan es la falta de infraestructuras. Y ello a pesar de que la presión fiscal en Brasil asciende al 36% del PIB, una cifra similar a la de España y casi el doble que la de Brasil y México. Ese dinero sirve para pagar la deuda externa del país, la mayor de todas las economías emergentes, en lugar de ser dedicado a la construcción de infraestructuras.
El sector exterior tira del coche
La inflación, uno de los problemas históricos de la economía brasileña, se ha mantenido bajo control y el Congreso ha fijado como objetivo para 2005 que se sitúe en torno al 4,5%, una cifra un tanto superior a la deseada pero "tolerable", según anotan los expertos. De momento, el sector exportador está tirando de la economía, con un crecimiento de un 45% en el primer semestre del año.
Las previsiones apuntan a que la tendencia seguirá también en 2005, impulsada principalmente por una creciente demanda de productos brasileños por parte de la economía de China. Paradójicamente, el país asiático es una de las principales razones por las cuales los inversores extranjeros se han retirado de Brasil y al mismo tiempo uno de los factores más importantes en su recuperación económica.
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