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Crítica:

Estrella cercana

El atlas de la escritura de Roberto Bolaño se completa con esta recopilación de sus textos periodísticos (artículos, entrevistas, columnas de opinión). Entre paréntesis, que se edita en el primer aniversario del fallecimiento del autor chileno, reúne piezas que invitan a la reflexión sobre cuestiones como ética y estética, y los conceptos de "patria". Páginas de las cuales se desprende una cierta autobiografía que desemboca en una suerte de ficción del propio Bolaño.

En todas las novelas del escritor chileno Roberto Bolaño -y en muchos de sus relatos y poemas- siempre hay un momento en que los protagonistas se enfrentan a la inmensidad de un espacio abierto: el cielo, el océano, el desierto, el bosque o las alturas abismales de una epifanía más allá de todo mapa. En Entre paréntesis, ese sitio es una playa. Y es una playa que es recorrida por el propio Bolaño esta vez sin ninguna máscara o alias que lo distorsione. En Entre paréntesis Bolaño es el héroe vencedor en la literatura y derrotado en la enfermedad que camina por ahí y se encuentra con una mujer hermosa leyendo de pie con el agua hasta las pantorrillas o con un anciano con sonrisa de esqueleto. Una y otro representan la vida y la muerte y -apreciar el modo y el método con que Bolaño se aprovecha de ellos- aparecen primero y por separado en dos breves columnas "realistas" tituladas Historias de julio y Sol y calavera para comulgar luego en una magistral ficción breve titulada Playa.

ENTRE PARÉNTESIS

Roberto Bolaño

Edición de Ignacio Echevarría

Anagrama. Barcelona, 2004

366 páginas. 18 euros

Estas tres piezas -junto a otras que acaban superando el centenar y que se encontraban dispersas en periódicos, en cajones de escritorio o en archivos de ordenador- son reunidas y ordenadas por Ignacio Echevarría en un libro que puede entenderse y disfrutarse de varias maneras. Como una suerte de summa ética y estética. Como una especie de manual de instrucciones. Como un atlas de lo que Bolaño entendía por patria: ese animal de tres cuerpos -Chile y México y España- con las mil cabezas de los libros leídos y los libros escritos. Y, finalmente, como una autobiografía fragmentada y/o memorias selectivas que no demoran en configurar un todo que acaba leyéndose, sí, como otra novela o libro de relatos o poema de Bolaño.

De igual manera, este libro

polimorfo convocará a varios tipos de lectores. Aquí se arrimarán las rapaces gaviotas ansiosas por picotear nombres con la ayuda del índice onomástico -se sabe que este detective salvaje no tenía reparos a la hora de abrir casos a quemarropa y cerrarlos de un portazo- y aletear excitadas con las manifestaciones de un Bolaño generoso con los amigos y sarcástico con las "piltrafillas". Pero los que nada más se preocupen por los truenos se perderán de apreciar lo más valioso de este libro fundamental para la comprensión y el aprecio de un narrador irremplazable y fuera de serie. Me refiero a los muchos relámpagos en los que Bolaño -tal vez sin darse cuenta, tal vez intuyendo que estaba armando un puzle al mismo tiempo que recortaba y dibujaba las piezas- acaba proponiendo una futura lectura de su obra a partir de la escritura de su vida pasada. De este modo -el mérito es también de Echevarría por la tensión narrativa con que ha sabido dotar y compaginar cada uno de los seis bloques temáticos que dan forma al asunto-, Entre paréntesis ofrece un paisaje cuya visión funciona como big bang estilo poltergeist a la vez que como vital The End. Un artefacto curioso mitad microscopio y mitad telescopio que nos acerca lo distante y nos revela lo ínfimo. Quienes conocieron a Bolaño no podrán evitar oír su voz al leer cualquiera de estas páginas; quienes lo admiraron de lejos jamás lo habrán sentido más próximo que en este conjunto de crónicas, discursos, reseñas, consejos, diatribas, opiniones contundentes y un reportaje final donde preguntas muy sagaces son respondidas con elegancia, risas y sabiduría.

En una de las columnas aquí

recopiladas se lee que "de entre todos los libros, los de memorias siempre son los más engañosos del mundo". En otra se insiste en que "siempre me parecieron detestables las autobiografías. Qué pérdida de tiempo la del narrador que intenta hacer pasar gato por liebre, cuando lo que un escritor de verdad debe hacer es atrapar dragones y disfrazarlos de liebres". Buenas noticias: Entre paréntesis -producto de la actividad periodística y pública de Bolaño entre 1998 y 2003- no engaña y sí arroja llamaradas mientras da saltitos junto al mar. Entre paréntesis abre con un deseo y cierra con una promesa que -en ese inmortal Más Allá de los libros- trasciende al final de su autor. Entre paréntesis arranca con las últimas líneas de la novela Amberes ("de lo perdido, de lo irremediablemente perdido, sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme el pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más"); y acaba con la despedida de Bolaño en la ya legendaria última entrevista larga que concediera. Allí, Mónica Maristain pregunta: "¿Confiesa que ha vivido?". Y Bolaño responde: "Sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como le dijo Arturo Prat a los suicidas de la Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará".

Deseo concedido, promesa cumplida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de julio de 2004

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