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FÚTBOL | La gran cita americana

Toledo elimina las entradas de cortesía

En esta edición de la Copa América también hay sitio para la polémica. Se llama: entradas de cortesía. El Gobierno de Alejandro Toledo, muy desgastado transcurridos tres años de legislatura, se ha visto forzado a recular ante las protestas y ha tenido que prohibir el privilegio que tenían hasta la fecha magistrados, políticos y otras autoridades y personajes públicos de Perú de ir gratis a los partidos. El asunto no es cosa de broma. Se regalaban 20.000 entradas -el aforo total de los siete estadios es de 99.500 espectadores (el mayor, el de Lima, apenas es de 25.000)- por un valor de 48,8 millones de euros.

El anfitrión trata de sacar el máximo provecho a la cita. Espera ingresar en los 20 días que durará algo más de 20 millones, procedentes, en su mayor parte, de los bolsillos de los 25.000 aficionados que se esperan desembarquen en Perú durante estas fechas. Además, según los cálculos gubernamentales, la Copa permitirá generar 120.000 puestos de trabajo directos.

Los organizadores saben que se trata de una oportunidad excepcional para un país que, como le sucede a los otros 11 participantes, sufre importantes problemas de caracter socioeconómico y para el que el fútbol no sólo es una forma de promoción, sino también una vía de escape para el pueblo.

Para que nada falle, el Ejecutivo de Toledo declaró ayer, a dos días del comienzo del campeonato, la emergencia en el transporte aéreo. El objetivo es garantizar el funcionamiento de los vuelos internos durante la celebración del torneo, aunque eso signifique que las compañías locales, que arrastran serios problemas económicos, firmen contratos con empresas extranjeras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 2004