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Tribuna:Eurocopa 2004 | Portugal-Grecia, una final inesperada

Fútbol, Don Quijote y Figo

1. Sentado a mi lado, antes de empezar el Portugal-Holanda, mi amigo Afonso de Melo, juez consejero, hombre de gabinete y de mucho estudio, que ha leído todos los libros de Derecho, que le enseñó a su hijo el gusto por la poesía, me comentó: "Querido Manel, cuando esto se termine va a haber un vacío".

Con esta frase él decía lo esencial: el fútbol es un fenómeno nuevo, el único, según Nelson Mandela, capaz de unir todos los pueblos del mundo. ¿Y por qué? Porque es una fiesta contra el vacío, contra lo gris de lo cotidiano, contra el aburrimiento, la rutina, la monotonía, contra la angustia y la soledad, la amenaza del paro o el trabajo sin motivación. Una fiesta que tiene por símbolos una camiseta, un himno, una bandera, símbolos que nada tienen que ver con los nacionalismos salvajes, pero son cadenas afectivas de la gente con su selección, con su país y otros países, con sus vecinos, con sus amigos y con los desconocidos a quieesn apetece sonreír o incluso abrazar. De algún modo el fútbol es la nueva revolución mundial, una revolución afectiva, sin dogmas ni dictadores, una revolución en la cual la fiesta es inseparable de un cierto placer de sufrir en común por el mismo objetivo: el gol, la victoria, la alegría de saltar, agitar la bandera, bajar a la calle y celebrar. En esta liturgia singular está el renacimiento de la pérdida de la relación perdida con lo sagrado. Quizá es éste el misterio y la fascinación del fútbol. En estos días, la gente anda feliz y movilizada. Ni Durão Barroso ha conseguido aguarnos la fiesta. No es pecado disfrutar del fútbol. Pecado es el complejo de culpa en relación a los sentimientos que el fútbol despierta. ¿Qué mal puede hacer un poco más de patriotismo, un poco más de alegría, incluso un poco más de esperanza en no se sabe en qué ni por qué? "Pero el fútbol no cambia nada", me ha dicho otro no menos ilustre amigo. Se equivoca. El fútbol cambia el estado del espíritu. Y cambiando el estado del espíritu se cambia también la vida. En ese sentido, la Eurocopa y la selección de Portugal, citando a Camoens, ya han cambiado el ser y la propia confianza. Mientras duraba el campeonato, Portugal ha sido un equipo dentro y fuera del campo. Y no es para menos.

El fútbol es la nueva revolución mundial, una revolución afectiva, sin dogmas ni dictadores

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2. Eduardo Lourenço, uno de los portugueses más portugueses que conozco, y el que mejor conoce el laberinto de nuestra saudade, ha dicho que "al proponerse ganar la Eurocopa, Portugal se desafía a sí misma como Don Quijote". ¿Pero habrá mayor desafío que éste? Al llegar a la final, ya destruimos muchos molinos y fantasmas íntimos. Si ganamos, queremos conseguir la más grande de todas las victorias, que es la victoria sobre nosotros mismos. Es por eso también que en un quijotesco sentido, el fútbol es una revolución, no sólo deportiva sino mental.

3. En el final del Portugal-Inglaterra, Scolari juntó las banderas de Portugal y Brasil. Con ese gesto, visto por millones de brasileños, ha hecho más por las relaciones entre los dos países que años y años de retórica. Pero también la lusofonía ha dejado de ser apenas una intención piadosa y una infeliz palabra. Las victorias de la selección portuguesa han sido celebradas en Timor, Mozambique, Guinea Bissau, San Tomé, Cabo Verde y Angola. La comunidad de los pueblos de lengua portuguesa es, antes que cualquier burocracia, la pasión común por el fútbol. También en este sentido el fútbol es una revolución desnuda de cualquier sentido burocrático o neocolonialista.

4. Infelizmente, también hay tristeza en el fútbol. La eliminación de los checos, por ejemplo. Sin el arte de Nedved, Poborsky, Baros y compañeros, la final será más triste. No sé si más fácil para Portugal. Pero seguro con menos magia. Aun así, con el Oporto campeón de Europa y la final Portugal-Grecia, existe una cierta democratización del fútbol.

5. Consagración de la generación de oro: Figo, Rui Costa, Couto. Confirmación de Nuno Gomes. Revelación de nuevos artistas: Ronaldo, Ricardo Carvalho, Deco, Postiga. Y de nuevos guerreros: Maniche, Costinha, Miguel, Petit. Sea cual sea el resultado de la final, Portugal ya empezó a ganar el futuro. Scolari ha hecho una transición tranquila. Es lo que otros necesitan hacer, sobre todo España, Italia y Francia.

6. A mí me gusta Figo, no sólo por ser un gran jugador, en mi opinión el más complejo jugador portugués de siempre, incluso más que Eusebio, aunque sin el don divino que sólo Eusebio tenía. Me gusta Figo por la actitud y por el carácter. Él es un portugués que no cede, alguien que no se resigna nunca y es siempre capaz de cambiar el destino. Cuando es necesario, dribla la adversidad. No es un jugador que acepte hipócritamente quedarse en el banquillo. Le gusta estar en el campo y vencer en el campo. Le gusta vencer y superarse a sí mismo, como ha demostrado una vez más en la victoria de Portugal con Holanda. Figo no estaba jugando apenas aquel partido, se estaba vengando de las otras semifinales que Portugal ha perdido, jugaba contra el fatalismo y, cambiando un célebre verso de António Nobre, para demostrar al mundo y sobre todo a los portugueses que no es desgracia haber nacido en Portugal.

Manuel Alegre es vicepresidente del Parlamento portugués, poeta y escritor. © PÚBLICO / EL PAÍS

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de julio de 2004