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Reportaje:Eurocopa 2004 | Nuevo fracaso de la selección española

Estrellados ante dos grandes centrales

España sólo ha marcado dos goles en la primera fase, algo que no ocurría en cualquier torneo desde la Eurocopa de 1980

Al afeitarse la cabeza hace unos días, Fernando Torres, El Niño, perdió parte de su mirada infantil y ganó en ferocidad. La necesitaba para medirse a dos centrales rápidos, fuertes y contundentes: Carvalho y Andrade. Se metió entre los dos, como primer delantero, y se batió el cobre. Desde el primer momento, pero no encontró el gol, como el resto de delanteros y España dejó el torneo con sólo dos tantos a su favor, la cifra más pobre en los tres primeros partidos de una Eurocopa o Mundial desde 1980.

Al principio, con España perdida y desorientada tras el balón, Torres -al que al término del choque llamó Nikolaidis para consolarle- sólo se limitó a cabecear alguna pelota que caía. Pero después le llegó el primer pase largo de Xabi Alonso y sacó varios cuerpos en la carrera a Andrade. Ése fue el comienzo de su partido. El centrocampista de la Real Sociedad fue el único que entendió con sus pases los desmarques del delantero del Atlético.

El Niño empezó a jugar. Sobre todo, cuando regateó a Carvalho y Andrade en una arrancada desde la izquierda en la batalla más limpia a su favor. Por supuesto que los zagueros lusos también le ganaron la partida en más de una ocasión. Son muy buenos y eran dos. Ello no impidió que Torres exhibiera un fantástico control en una esquina de un balón que caía desde muy alto. Lo mató al suelo en una acción técnica muy depurada. En el encuentro más importante de su corta carrera internacional, a Torres, de 20 años, le acompañaron Raúl y los dos extremos, Joaquín y Vicente, pero siempre a cierta distancia.

Los centrales portugueses se emplearon con cierta dureza. Andrade pegó un par de patadas a Torres sin castigo arbitral. En un córner, además, Carvalho lo agarró descaradamente de la camiseta ante su indignación, pero el árbitro no pitó penalti pese a que la pelota estaba en juego, sino que ordenó repetir el saque de esquina. En otro de Alonso, Torres se deslizó entre sus marcadores y cabeceó, a escasos metros de la línea de gol, pero demasiado alto. El Niño, a su vez, debía bajar a defender en los saques esquina en contra de España, lo que acentuó la impresión de que se estaba pegando una paliza física. Y, de vez en cuando, transmitió síntomas de cansancio.

Torres comenzó la segunda parte más solo si cabe entre los dos centrales. El Ministro Costinha, además, bajó al centro de su defensa a echar una mano. Y a perder tiempo, si venía al caso, lanzando el balón a un córner cuando el juego estaba parado. Portugal ya estaba por delante en el marcador y no quiso saber nada de diplomacia. Así que Alonso hubo de buscar otra vez a su socio, Torres, entre una maraña de piernas en un precioso pase raso por el interior del área que El Niño, de primeras, remató con la izquierda. El disparo superó al portero, Ricardo, pero lo repelió el palo.

Hubo muchas diferencias ayer entre España y Portugal, casi siempre a favor de los portugueses. Y, entre ellas, una fundamental. La de los centrales. Mientras a Torres le amordazaron la mayoría de las veces, los delanteros lusos actuaron con unas libertades difíciles de ver a estas alturas de la competición. Sobre todo, en el gol de Nuno Gomes, que recibió de espaldas a la portería de Casillas. Pero vio cómo se alejaba de él Iván Helguera, como si con él no fuera la cosa. Así que Gomes se giró, pensó por donde quería disparar y disparó. Muy bien, por cierto.

Para el último cuarto de hora, Sáez sí pobló su equipo de delanteros con la entrada de Luque por Joaquín y de Morientes por Juanito. Había cuatro atacantes en el césped: Morientes, Raúl, Torres y Luque. Pero nadie consiguió batir a Portugal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de junio de 2004