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La pesadilla de Guantánamo llega a los escenarios de Londres

Tricycle denuncia los abusos de Bush y Blair en la guerra antiterrorista

No hay aplausos al final de Guantánamo. Los espectadores que llenan la pequeña pero mítica platea del Tricycle Theatre, en Kilburn, un barrio de mestizaje y gente sencilla al noroeste de Londres, se retiran en silencio, pensativos. Varios actores, embutidos en sus monos color butano de prisioneros de EE UU, siguen en escena, tumbados sin ánimo en las camillas de sus imaginarias celdas. No hay aplausos porque la obra no ha acabado: aún sigue en la vida real. El campo de prisioneros en la base norteamericana de Guantánamo, en la isla de Cuba, sigue alojando a cientos de sospechosos de terrorismo que llevan ya dos años encerrados sin que nadie les acuse de nada ni les hayan dado el beneficio de la duda en forma de juicio.

Guantánamo lleva el subtítulo 'El honor va unido a la defensa de la libertad', el lema que preside la entrada de la base cubana con un cinismo semejante al de aquel "El trabajo te hará libre" que presidía los campos de concentración nazis. La obra es el producto de tres semanas de conversaciones de Victoria Brittain y Gillian Slovo con familiares y amigos de los británicos que han estado o están aún presos en Guantánamo.

Las autoras han destilado esos testimonios en algo menos de dos horas de teatro que conmueve sin ser sentimental, que parte del sufrimiento personal para hacer una denuncia generalizada del comportamiento de Estados Unidos y Gran Bretaña, dos democracias que no respetan sus propias reglas en nombre de la libertad.

La obra arranca con los monólogos de tres presos y el padre de uno de ellos. Patrick Robinson encarna a Jamal al-Harith, un joven que acabó en las cárceles afganas porque los talibanes le tomaron por un miembro de las tropas de élite del Reino Unido. Cuando los norteamericanos tomaron el país y él pensaba que sería libre, ocurrió lo contrario: le enviaron a Guantánamo, donde estuvo dos años.

Aaron Neil narra la kafkiana historia de Wahab al-Rawi, un joven británico, hijo de una acomodada familia iraquí instalada en Londres, detenido junto a su hermano en Gambia, donde estaban poniendo en marcha un negocio de refinado de aceite tras recibir de los servicios secretos británicos el visto bueno para viajar. Trasladados de allí a Afganistán y de Afganistán a Cuba, Wahab fue liberado por ser británico, pero Londres se ha lavado las manos en el caso de su hermano porque, aunque lleva años residiendo en el Reino Unido, es iraquí de nacionalidad.

Moral y salud mental

Quizá la historia más conmovedora en la realidad y en la interpretación es la de Moazzam Begg (interpretado por Paul Bhattacharjee) y su padre, encarnado por Badi Uzzaman. Sus monólogos muestran cómo se va diluyendo la moral y la salud mental de Moazzam, un idealista que quería montar una escuela en Afganistán, al tiempo que en la mente del padre se va desmoronando su admiración por Inglaterra, su patriotismo, su fidelidad a la reina, los recuerdos de su pasado militar en el ejército colonial, en la India.

Guantánamo, que se mantendrá en cartel hasta el 10 de junio, consagra al Tricycle Theatre como el principal escenario de teatro político del país. Su renombre empezó hace ya 10 años con una obra sobre el tráfico ilegal de armas a Irak, al que han seguido obras sobre el juicio de Núremberg, la matanza de Srebenica, el racismo en Gran Bretaña de la mano del asesinato del joven Stephen Lawrence en el sur de Londres y el informe del juez lord Hutton sobre la segunda guerra de Irak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de mayo de 2004