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COLUMNA

Reina mía

Tranquilícense. Escribo durante el Gran Bodorrio, pero no acerca de él, ni de la maliciosa dosis diaria de la torturada Sissí que emitió previamente Canal 9. Comentaré sobre las monarcas de su pueblo por un día, semana o año; juveniles testas coronadas con bisutería fina, no gracias a príncipe azul, sino a plebeya comisión de fiestas, alcalde mangoneador o papá rico. Una fuerte controversia ha seguido al anuncio, por parte del Ayuntamiento socialista de Moncada, de que estudiará la supresión de la figura de la "reina de las fiestas" por considerarla meramente decorativa y sexista.

Además, la concejala Pilar Zapata dice que cada vez cuesta más encontrar voluntarias. La oposición se opone, llorando la posible pérdida de tan entrañable y tradicional "exaltación de la mujer". ¿Cómo pueden sostener, en democracia, que las reinas "representan al pueblo"? Ya sabemos que "sirven" (valdrán más, pero se las usa principalmente) para ser proclamadas y piropeadas, cantarles jotas, auparlas a lo alto de la carroza más kistch y presidir juergas viriles como encierros y desencajonamientos, becerras y vacas, fútbol de solteros contra casados. Y para desfilar en las procesiones acarreando velón encendido, como aparece la última (¿última?) soberana de Moncada en la prensa conservadora, rodeada de numerosas mariantonietas de varias localidades, regiamente agraviadas por el incipiente republicanismo festero.

Hay municipios que abarrotan el trono de los hermanos Marx designando una para cada atributo: reina de la Alegría, de la Simpatía, de la Juventud, de la Ilusión...y hasta del Cabello Bonito. Otros solicitan candidatas con muchos "méritos" en una: inteligencia, personalidad, soltería, facilidad de palabra, delgadez... "importante armonía física". Si hay chicos en la corte, se les otorga la subalterna categoría de "acompañantes" , aunque también en ellos cuenta la estatura, la edad, la guapura. Pero especialmente las mujeres (textual en cierta convocatoria) "han de poseer belleza y juventud para dar más vistosidad y alegría a nuestras fiestas".

Taroconte vota por Internet. Una tal Patricia ha logrado 8 de los 10 sufragios, casualmente colgados por una tal Patricia. El mensaje número 11 advierte: "Patricia, no hagas trampas, niña". Y aún dicen que hay crisis de vocaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004