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Necrológica:

Eduardo González Velayos, aparejador y arquitecto técnico

El pasado día 16 de mayo, después de encarar una difícil enfermedad, falleció Eduardo González Velayos, presidente del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, defensor de los valores humanos y de las libertades en su ideario político, humanista y dialogante en la defensa de la profesión y contertulio empedernido y simpático en el mundo taurino.

Después de más de cuarenta años de ejercicio profesional y más de veinticinco de licenciatura en Política y Sociología, su magisterio se forjó desde la base del conocimiento como jefe de obra, para culminar en significativas obras de la arquitectura contemporánea como director facultativo con arquitectos como Sáez de Oiza, Antonio Fernández Alba, Ricardo Bofill, Manuel de las Casas, Jerónimo Junquera, Estanislao Pérez Pita, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, Ángel Fernández Alba y, en mayor medida, con Juan Navarro Baldeweg en 16 edificios.

Desde la plataforma de la política, ejercida en el Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Madrid en los años setenta, defendió el encuentro permanente de su profesión más activa con las reivindicaciones ciudadanas sobre la vivienda, el lugar público y la planificación urbana.

Su vida ha acontecido normalmente en términos de frontera ese espacio de intercambio y enriquecimiento donde pueden formarse identidades plurales.

Más recientemente, su implicación en la defensa del medio natural y en la calidad y la seguridad fue decisiva para la promulgación de la Ley de Ordenación de Edificación, la normativa de eficiencia energética y el control de la seguridad y calidad de la edificación determinada por la inspección técnica de los edificios (ITE) de forma obligatoria.

Miembro del Consejo Taurino de la plaza de Las Ventas de Madrid durante muchos años, su connivencia con el mundo del toro es desde "siempre". Es difícil hablar de Eduardo González Velayos sin hacer referencia a un lugar taurino, a un personaje de la tauromaquia o a una metáfora o sinónimo del mundo de los toros.

La liturgia, la armonía, la plástica, del arte de torear, la cultura popular que transmite nuestra fiesta nacional, se personificó en sus actos como jurado de premios taurinos, tertulias de radio, pregones de fiestas, en coloquios, ensayos y artículos periodísticos.

Hombre de sólidos conocimientos de la edificación, sensible y no menos conocedor de la eficaz gestión, defendió también una poética de la construcción.

La verdad que defendió este abulense estaba en su alma, en alguno de sus enigmas, todo ello al unísono con las normas sociales, ante las cuales debía rendirse pero a la vez sublevarse, en medio de la fascinación y el respeto.

Nuestra memoria lo retendrá con la rara virtud de un comportamiento expresivo, siempre moderado, intenso, íntimo y con una capacidad sensorial que describía como nadie las luces del mundo y las sombras de las personas, como lo avalan los treinta años de presidencia del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid.

Tu mujer, Concha, y tus hijos Cholo, Maya y Borja continuarán tu ejemplo y el camino que trazaste.

Gerardo Mingo Pinacho es subdirector general de Arquitectura en el Ministerio de Vivienda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de mayo de 2004