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Bob Wilson sube a 60 actores indonesios al escenario del teatro Lliure

Bob Wilson (Tejas, 1944) está considerado uno de los directores escénicos internacionales más innovadores. Hombre polifacético (escultor, pintor, escenógrafo, fotógrafo), Wilson opina que a menudo la vanguardia consiste en redescubrir a los clásicos. En este ejercicio de volver la vista atrás para encontrar lo nuevo se ha sumergido para la creación de I La Galigo, la adaptación escénica del viejo poema épico indonesio Sureq Galigo. El montaje, que combina teatro, danza, música y artes marciales, reúne en escena a cerca de 60 intérpretes y se presenta desde hoy hasta el próximo lunes en la sala Fabià Puigserver, del teatro Lliure.

El espectáculo es un ambicioso montaje en cuya preparación se han invertido cuatro años. Se ha trabajado en el Bali Purnati Center For The Arts, una de las entidades productoras junto al Change Performing Arts, en colaboración con numerosos coproductores, entre ellos el Fórum. I La Galigo se ha visto ya en Indonesia y Ámsterdam. Wilson no acudió ayer a la presentación del montaje ante la prensa de Barcelona; se encontraba en Londres para asistir al estreno de The black rider, en el que ha trabajado junto al músico Tom Waits. Sin embargo, sí ha confirmado su asistencia al primer pase en el Lliure de I La Galigo, de tres horas de duración sin entreacto.

El poema Sureq Galigo en el que se basa el espectáculo recoge el mito de la creación de la comunidad de los Bugis, una etnia originaria de la región indonesia Sulawesi Sur. Con una extensión de más de 6.000 folios, el poema es una de las obras más voluminosas de la literatura mundial, aunque ninguno de los manuscritos que lo recogen se conserva íntegramente. Para el montaje teatral se ha trabajado con una adaptación firmada por Rhoda Grauer, que estructuró la historia en 10 escenas, más un prólogo y un epílogo. En ellos se describe una cosmología formada por tres mundos, el Superior y el Subterráneo, habitados por dioses, y el Medio, poblado por seres ordinarios que descienden de las divinidades que moran en los otros dos.

Entre los diversos lenguajes que se entrecruzan en el espectáculo, la música tiene un lugar destacado. Creada por Rahayu Suppangah, toma como punto de partida los elementos de la música tradicional de los pueblos de Sulawesi Sur, y se interpreta exclusivamente con instrumentos acústicos, muchos de los cuales son también tradicionales. La palabra tiene una escasa presencia, y se reduce al mantra cantado por el sacerdote Bissu Puang Matoa Saidi (los sacerdotes son los únicos autorizados a leer el texto). El baile y el particular sentido del movimiento del cuerpo de los intérpretes indonesios son otro de los pilares del montaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de mayo de 2004