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LA POSGUERRA DE IRAK | Las torturas

El nuevo jefe de las cárceles de Irak abre las puertas a la Cruz Roja

El general Geoffrey Miller, jefe hasta abril de la base militar de Guantánamo, en Cuba, donde permanecen encerrados en un limbo legal desde hace más de dos años unos 600 combatientes enemigos, es el nuevo responsable de las cárceles en Irak. Miller pidió ayer al Comité Internacional de la Cruz Roja la apertura de una oficina en la prisión de Abu Ghraib, la misma en la que se produjeron los abusos y torturas.

De su etapa en Guantánamo, Miller, un tejano de 55 años, subraya el "enorme éxito" de una nueva estrategia de incentivos y castigos que aplicó para obtener más información de los detenidos. A cambio de su buena conducta, los presos pueden, entre otros, almacenar alimentos y agua. A los que se rebelan, los castigan en celdas de confinamiento. En otoño, Miller aconsejó a sus colegas en Irak dar más responsabilidad a la policía militar en el proceso de interrogatorios.

El martes, Miller anunció la prohibición de algunas técnicas consideradas humillantes, como el hecho de encapuchar a los prisioneros. A partir de ahora, se usarán vendajes para tapar los ojos. "No se puede poner a los presos en una posición estresante o forzarles a permanecer despiertos, salvo con la autorización de un alto mando", afirma. Eso sí, se pueden usar "técnicas que aumenten la ansiedad del preso", informa BBC. "Hay conversaciones agresivas, pero no les amenazamos", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de mayo de 2004