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Reportaje:

Crimen aparente

La policía carece de pruebas para atribuir a un asesino confeso la muerte de una mujer

Un crimen en apariencia de sencilla resolución ha derivado, un mes después, en un indescifrable jeroglífico para la investigación. El caso de Karen Durres, una mujer británica de 44 años, a quien supuestamente un compatriota asesinó y descuartizó en Calp, encierra un misterio clave para su esclarecimiento: el cadáver sigue sin ser localizado. Con el asesino confeso en prisión provisional, el Juzgado de Instrucción número 6 de Dénia ha prorrogado un mes más el secreto del sumario a la espera del avance de las investigaciones. Entretanto, seis operarios buscan, entre los escombros del vertedero de Abanilla, en Murcia, algún vestigio del cuerpo de la víctima que dé carta de naturaleza penal al macabro testimonio del supuesto asesino, P. L. D., de 44 años.

El hombre dijo que descuartizó a la mujer pero el cadáver no ha sido aún localizado

Jueces y policías se enfrentan a un extraño y complicado suceso, desde sus inicios. El hipotético crimen se descubre a principios de marzo a raíz de la denuncia de una amiga de la supuesta víctima. Karen Durres, quien convivía con el detenido desde hacía tan sólo dos semanas en un domicilio en Calp, llevaba desaparecida varios días. La amiga de Karen se encontró con el sospecho por la calle y le preguntó por ella. Su fría y desconcertante respuesta fue: "La he matado, descuartizado y arrojado al contenedor de la basura". La amiga de la víctima reaccionó con la inmediata denuncia de los hechos a la policía. Los agentes localizaron al hombre en un bar de la zona, donde lo arrestaron.

En una primera declaración, el ciudadano británico se autoinculpó del crimen y corroboró la versión que ofreció a la amiga. Su monstruoso testimonio sorprendió a los agentes, que no dudaron en calificarlo como una persona con las facultades mentales alteradas. El detenido llegó, incluso, a manifestar que había sido el autor de otros asesinatos en Gran Bretaña. La dureza de su testimonio hizo recelar a los agentes sobre la veracidad de sus manifestaciones. Fuentes de la investigación señalaron que en el momento del arresto, el hombre iba indocumentado. Además, la identidad que facilitó no se correspondía con la de ningún ciudadano británico. La policía judicial ordenó el precinto y registro de la vivienda, ubicada en la urbanización La Manzaneda de Calp, una zona residencial próxima al mar y habitada fundamentalmente por alemanes. Los contenedores de los alrededores también fueron requisados en busca de pruebas. Entre las posibles pruebas que demuestren la autoría del principal sospechoso figura una maleta con restos de sangre. La maleta fue remitida a un centro de referencia en el análisis de ADN para descartar que la sangre perteneciera a un animal. Los resultados del informe no han trascendido.

El detenido se reafirmó en su confesión ante el Juzgado de Instrucción número 6 de Dénia. P ero la investigación sigue careciendo de datos, entre ellos el principal

[el cadáver de la víctima] que eleven los indicios a la categoría de pruebas para atribuir penalmente al asesino confeso la autoría del hasta ahora aparente crimen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de abril de 2004