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CARTAS AL DIRECTOR

Telebasura y nuevo Gobierno

La noche del lunes sufrí una experiencia muy desagradable, de la que el Estado de derecho, ya que no la falta de ética de ciertos responsables mediáticos ni el veredicto de las audiencias, debería haberme privado: en un programa de los que al parecer abundan, no sé si pretendidamente humorístico, se alternaron imágenes llamativas de naturaleza salvaje, de un individuo que se había deformado el rostro para vanagloriarse de que lo calificaran de monstruo y fragmentos descontextualizados de entrevistas con el acribillamiento de un terrorista checheno, con las declaraciones de un niño que vomitó al recordar cómo un desconocido le practicó una felación con violencia.

¿Por qué todo tiene gracia? ¿Por qué todo está permitido? ¿Quién da explicaciones? ¿Quién asume responsabilidades? ¿A quién interesa semejante embrutecimiento de la condición humana? ¿Interesan televidentes sin capacidad de distinción entre el bien y el mal más elemental? El nihilismo conduce a la destrucción. Emisiones de esa ralea no deberían confundirse con la libertad de expresión, ni alegar quienes las toleran el derecho a no sé qué información ni qué entretenimiento. Eso es apología de la indignidad, degradación de la condición humana. Se han roto los espejos del callejón del Gato. Espero que el nuevo Parlamento y el nuevo Gobierno satisfagan cuantas esperanzas hemos depositado en ellos. La televisión es un instrumento de socialización. Usémoslo bien, hagamos de ella una escuela de ciudadanía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de abril de 2004