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Alemania acusa de competencia desleal en materia fiscal a los nuevos socios de la UE

Los impuestos y los bajos salarios provocan la deslocalización de empresas al Este

El malestar crece en el Gobierno alemán por lo que considera competencia desleal en materia fiscal por parte de los 10 países que el próximo 1 de mayo entrarán en la UE. En todos ellos, los impuestos que pagan las empresas son sustancialmente menores que en Alemania. "Vemos que en algunos de los países aspirantes, la fiscalidad para las empresas ha sido reducida a un nivel que Europa occidental, salvo excepciones, no se puede permitir. Al tiempo, esperan transferencias solidarias de los fondos estructurales. Sucede que los países que tienen que recaudar los recursos para estos fondos estructurales, a su vez, requieren ingresos fiscales", critican fuentes gubernamentales en Berlín.

Junto a los bajos salarios y la flexibilidad laboral, los reducidos impuestos explican el cada vez mayor traslado de fábricas y puestos de trabajo al este de Europa. "No puede ser que entremos en una competencia fiscal que termine por poner en peligro los ingresos que necesitamos para echar una mano a los países que ingresarán en la UE. Es un círculo que hay que tener en cuenta y del que hay que hablar", sostienen las fuentes gubernamentales. Berlín, sin embargo, niega que se vincule este asunto a las negociaciones sobre el futuro reparto financiero de la UE. "Esto significaría entremezclar cosas que después no se pueden volver a separar", se afirma, antes de volver a insistir en que entre una y otra cuestión "hay una relación a tener presente".

Según un reciente estudio elaborado por el instituto alemán de investigación económica ZEW y la consultora Ernst & Young, los impuestos a las empresas en los países de Europa del Este son sustancialmente inferiores a los que estas mismas compañías tendrían que pagar en Alemania. Especialmente competitivos resultan Lituania (con una carga fiscal media del 13,11%), Chipre (14,52%), Letonia (17,76%), Hungría (19,37%), Eslovenia (21,6%) y Eslovaquia (22,10%). En Alemania, por el contrario, las empresas tendrían que pagar el doble (37,7%).

Incentivos a los extranjeros

A estas ya de por sí muy favorables condiciones se suman generosos incentivos para la inversión extranjera, un terreno en el que destacan países como Estonia, República Checa y Eslovaquia, mientras que Polonia y Hungría se quedan un poco atrás. Estos subsidios, sin embargo, tarde o temprano serán prohibidos por la UE, según pronostican los autores del estudio.

"En Alemania, yo pago un 40% de impuestos, y en la República Checa, la mitad. Además, los empleados allí sólo ganan una quinta parte de lo que pagamos aquí", ha confirmado recientemente en una entrevista con el diario amarillista Bild un empresario bávaro, Werner Schrägle, fabricante de letreros y etiquetas. Schrägle ya ha trasladado parte de su producción al Este. Tanto él como otros empresarios sostienen que, dada la creciente competencia internacional, ésta es la única manera de evitar el cierre definitivo de sus compañías. Sólo de esta manera, sostienen, se puede garantizar la permanencia de algunos puestos de trabajo en Alemania. Este análisis, válido también para la deslocalización que se registra en otros países como España y Francia, es compartido por muchos economistas, que, en principio, consideran incluso benéficos estos traslados.

Por el momento, sin embargo, lo que salta a la vista es la vertiginosa pérdida de puestos de trabajo. No existen estadísticas fiables sobre sus dimensiones, pero expertos como Dieter Duwendag, catedrático de Economía, estiman que Alemania desde 1990 ha exportado cerca de 100.000 empleos anuales. Casi una cuarta parte del paro alemán -un millón de los 4,6 millones de desempleados- se explicaría por este factor, según el economista.

La sangría viene de tiempo atrás. Si hace unos años la fabricación industrial era la más perjudicada, ahora -que en la mayor economía de la zona euro ya prácticamente no se producen, por ejemplo, televisores- se comienzan a trasladar también tareas más especializadas, como el desarrollo y la gestión de soportes informáticos, y labores administrativas, como la contabilidad. Otra ventaja desde el punto de vista empresarial es que en Europa del Este poco o nada hay que negociar con los representantes de los trabajadores. "Hasta que yo aquí en Alemania me ponga de acuerdo con el sindicato, mi competidor estadounidense ya ha montado las primeras máquinas para sus clientes", sostiene Dieter Klingelberg, un fabricante de maquinaria industrial que en estos días está montando una nueva fábrica en Hungría. También otras compañías, como Volkswagen, resaltan que la flexibilidad laboral es una de las grandes ventajas competitivas de los países que ingresarán a la UE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2004