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Reportaje:

'Txapelas' rojas bajo estrés

Viaje al interior de una comisaría de la Ertzaintza que ha visto cómo se dispara el absentismo laboral desde 2001

A espaldas de la comisaría de la Ertzaintza en Gernika, situada junto a la carretera que une la villa con Bermeo, se extiende uno de los parajes más bellos de Euskadi: la Reserva de Urdaibai. Históricamente, este destino ha sido entre los ertzainas un centro de trabajo codiciado: en Vizcaya, con una sociología electoral abiertamente nacionalista moderada (el 62,59% del voto en 2001), lejos de los núcleos urbanos guipuzcoanos azotados por la kale borroka -aunque en estos años también se han producido encerronas a algunas patrullas, como la ocurrida el 26 de noviembre de 1994 cuando atacaron la Casa de Juntas como cebo para recibir con cócteles a la patrulla que acudió de inmediato- y un trato amable con los baserritarras de la zona.

El 18 de febrero de 2003, siete kilos de dinamita dentro de una olla estaban esperando en un camino vecinal de Murueta a un agente destinado en Gernika. B., el ertzaina objeto del fallido atentado, salvó la vida y pocas semanas después ya se había incorporado de nuevo.

En el detallado informe realizado por el Departamento de Interior sobre el absentismo en la policía vasca en 2001, Gernika estaba a la cola con poco más del 6%, y sólo dos comisarías (Eibar y Bergara) por detrás en niveles muy similares. Zarautz encabezaba la lista con poco más del 14%. Ahora son ya cinco las comisarías con un índice por encima del 20%, estando la media en la Ertzaintza en torno al 10%.

"La tasa de absentismo [en Gernika] se ha disparado hasta llegar a unos índices que superan en algunos momentos el 20%", quedando a final de 2003 un índice del 19,68, más del triple que en 2001. Estos datos, acuñados en base a información suministrada por Interior, están incluidos en una carta abierta remitida por la central independiente Erne a sus afiliados en la zona, para explicar el "problema que viene provocado por la presión a la que se ven sometidos los ertzaina k en su trabajo".

La situación denunciada por algunos policías -que relacionan las bajas psicológicas con la presión diaria de sus jefes y no con los efectos colaterales del atentado- ha sido trasladada por Erne y CC OO a Interior en dos Consejos de Policía, celebrados el 3 de febrero y el pasado jueves. Los responsables de Interior presentes tomaron nota. No era un asunto nuevo. El propio nagusi (responsable) de Gernika -que ha rechazado mantener una entrevista con este periódico- tuvo un encuentro a mediados de 2003 con los representantes de los agentes para escuchar de primera mano sus quejas. A eso le siguieron cartas remitidas por Erne el 4 de diciembre pasado a la Mesa de Salud Laboral, a Inspección General y al consejero de Interior dando cuenta de la "alarmante situación". No hubo respuesta oficial.

No "magnificar"

Javier Balza, que ya tuvo que acudir al Parlamento en noviembre de 2002 ante los niveles históricos de absentismo, reconocía el "problema", aunque pedía no "magnificar" la situación. 16 meses después, el problema se ha acentuado. Gernika está ahora en el ojo del huracán, pero los representantes sindicales consultados creen que, dadas las altas tasas de absentismo y la complejidad del problema, las situaciones se pueden reproducir en cualquier comisaría y con efectos aún insospechados. El 1 de abril Erne ha convocado una concentración, apoyada por todas las centrales, frente a la comisaría de Gernika contra el acoso laboral

. En la mano llevan unos datos de bajas psicológicas en 2003 preocupantes: "Al menos 17 de una plantilla real de poco más de 100 agentes" con poca movilidad, lo que "hace pensar que esta situación no sea más que la punta del iceberg de un problema de dimensiones aún mayores", indicaba una de las tres cartas remitidas en diciembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de marzo de 2004