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Entrevista:MANUEL MONTERO | Rector saliente de la UPV

"Después del 11-M, Euskadi ya no va a aguantar ni un asesinato más"

El próximo jueves, Manuel Montero (Ea, 1955) conocerá definitivamente el nombre de su sucesor al frente de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Acabarán así cuatro años que, con la ironía que nunca le ha abandonado, resume así: "En estos cuatro mal llamados años me ha tocado de todo". En el momento de la despedida reflexiona sobre su paso por la Universidad y la situación actual de Euskadi

Más que alivio por dejar el Rectorado, Manuel Montero dice sentir "satisfacción" de haber cumplido una "responsabilidad". Ahora pone la vista en cerrar el traspaso de poderes y sueña con el año sabático que le aguarda.

Pregunta. Llegó al cargo con el lema "Una universidad de todos y para todos". ¿Vistos los conflictos de estos cuatro años, cree haber conseguido ese objetivo?

Respuesta. Sí, sí. Estoy realmente satisfecho de haberlo cumplido. Era posible y es exactamente lo que se ha hecho. Se puede discutir si he hecho algo mejor o peor, pero que ha sido de todos y para todos sí lo he cumplido.

P. En su carta de despedida lanza reproches a quienes han antepuesto intereses de grupo o de partido a la defensa de la institución y a Educación por su "ninguneo". ¿Es posible ser sólo rector sin sufrir presiones políticas?

"Euskadi está condenada al empate infinito, pero ése es el punto de partida"

"No me ha presionado ningún gobierno; me han demostrado lo que pensaban"

R. No lanzo reproches y si se interpreta así, me he expresado mal. Hago una reflexión de cosas que han ido mal. Unos han llevado en el pecado la penitencia, es obvio; y respecto a Educación, que cada palo aguante su vela y yo la mía. Y sí es posible ser sólo rector: es lo que he sido. Un rector tiene que defender la democracia en todo momento, oponerse al terror en todo momento, y gobernar la Universidad. Eso es ser rector y sólo rector. Y con con graves costes personales.

P. ¿Qué Gobierno le ha presionado más?

R. Existen presiones, pero no gubernamentales, sino que vienen de los sitios más insospechados y menos notables. Creo que no me ha presionado ningún gobierno; me han demostrado lo que pensaban. Cuando Rajoy dijo que la UPV había cometido "una sinvergonzonería", ¿fue una presión? Creo que no, creo que fue una sinvergonzonería. Cuando un tal Michavila nos y me acusó de todo, ¿fue una presión? Creo que no. Cuando la persona que dirige actualmente el Departamento de Educación habló de que alguna actuación mía era delito,... Nadie está libre del error.

P. ¿La UPV debe vivir siempre bajo el cliché de si es más o menos nacionalista o constitucionalista?

R. Ésa es una de esas estupideces que ha reinado. Hace cuatro años, en mi equipo había gente más o menos nacionalista y otra que no lo era; yo no lo soy, evidentemente. El cliché es más bien exterior. Lo que sucede en la cúpula política a veces no tiene mucho que ver con la realidad y la sociedad está mucho más dispuesta a entenderse de lo que se quiere creer. Pronto saldrán clichés para quien me suceda e intuyo que serán tan injustos como lo fueron para mí.

P. ¿Quién le ha dado más dolores de cabeza, Anjeles Iztueta o la profesora Edurne Uriarte?

R. Edurne es una profesora de nuestra Universidad, nos conocemos desde hace muchísimo. No voy a entrar en si se equivocó o no. Sin personalizar en ella, la algarabía que se montó [con la adjudicación de su cátedra] sí me dio algunos dolores de cabeza, pero no me preocupa demasiado.

P. Entonces, Iztueta.

R. Eso lo dice usted.

P. ¿Cómo han cambiado Euskadi y su sociedad en estos cuatro años?

R. Esto es irreconocible. Los cambios han sido enormes. Ha habido una noticia muy buena, sobre todo el último año: la pérdida de capacidad terrorista de ETA. Las cosas ahora irán algo mejor. Para mí hubo un momento clave en el otoño de 2000, en que cambian muchísimos presupuestos. Pasó de manera absolutamente imperceptible, pero me afectó mucho. Y es el momento en que, de defender la democracia, tienes que pasar a defender la unidad de España. No es un cambio sutil y es uno de los absurdos que han pasado. Se establece la Constitución como equiparable no a la democracia, sino a la unidad de España. Y se proyecta hacia atrás como si siempre hubiese sido así, y nunca lo había sido.

P. ¿Euskadi está condenada al empate infinito?

R. Llevamos los resultados electorales desde el 77 hasta aquí y esto no cambia nunca. Hombre, sí se producen algunos cambios. Afortunadamente, el nacionalismo vasco radical ha perdido peso, no después de la ilegalización, sino antes. Nadie cuestiona en serio la democracia constitucional. Otra cosa es el título tal o cual. ¿Estamos condenados a un empate infinito? Evidentemente, sí. Los nacionalistas van a seguir siendo nacionalistas con el mismo derecho que nosotros a no serlo, y no les vamos a convencer para que dejen de serlo, ni lo contrario. Pero ese empate es el punto de partida, no una conclusión negativa. Este país está compuesto por dos ámbitos y debemos llegar a un punto de convivencia; no se puede construir sobre la imposición de unos sobre otros. El problema que hemos tenido aquí es que, en general, el sentido común ha habido que negociarlo.

P. ¿Como historiador y como ciudadano, qué impacto van a tener en Euskadi el 11-M y el resultado electoral posterior?

R. Las dos cosas crean un nuevo punto de partida. Tras el 11-M una cosa ha saltado: no ha sido ETA, pero podría haberlo sido y esta sociedad ya no aguanta ni un asesinato más. No han sido ellos, pero desde el momento en que todos dimos por supuesto que podían haber llegado a eso, creo que esta sociedad no va a aguantar absolutamente nada más que venga desde la violencia. Respecto a las elecciones, ahora se respira algo mejor, que ya era hora, porque la crispación general y el insulto permanente no nos llevaban absolutamente a ningún lado. Habíamos llegado a situaciones de delirio argumental, en que se daban por supuestas cosas absolutamente inadmisibles, con acusaciones a todos los que no estábamos de acuerdo con el PP. Es imposible imaginar cómo será el futuro, pero estoy seguro de que peor no puede ser.

P. ¿Ha sentido alguna vez que pluralidad y diálogo son en el País Vasco conceptos que muchos usan y casi nadie aplica?

R. Sí. Hay quien se llena la boca hablando de pluralidad. En estos cuatro mal llamados años, nadie ha dialogado con nadie. No puede ser. Dialogar no es que yo pueda decir lo que pienso, sino que tengo que escuchar lo que dice el otro y comprobar si tiene alguna razón. Y explicar, si no estás de acuerdo, por qué. Y no salirte por la tangente con descalificaciones generales.

P. ¿Es imposible ser independiente en Euskadi ocupando un cargo institucional?

R. Nunca me he considerado independiente. Tengo mi criterio, que es evidentemente la defensa de la democracia. Jamás he sido equidistante. Nunca he ocultado que no soy nacionalista, que estoy por la Constitución. He renegado del término constitucionalista por razones que nos llevarían muy lejos, pero nunca he sido independiente en ese sentido. Creo en lo creo y respeto a quien esté en desacuerdo, siempre que no practique el terror.

P. ¿Es imposible ocupar un cargo institucional sin ser banderizo de nadie?

R. Creo que he demostrado que es posible, pero es jodido. He demostrado que es posible no tener que seguir consignas de partido. Y me han dado todos.

P. ¿Qué futuro cercano le ve a Euskadi?

R. Nos hemos acostumbrado a pensar que estamos en el final de los tiempos, al borde del abismo y a punto de dar un paso adelante. Y no es así. El País Vasco existirá dentro de dos años, de 20, de 50, lo que a veces se tiende a olvidar. De nosotros depende que nuestros hijos puedan convivir de forma más amable. Somos nosotros, todos, los que vamos a construir el futuro. Es normal ser normal y eso se nos ha olvidado en el País Vasco.

P. Un consejo a su sucesor.

R. Él sabe lo que tiene que hacer. Desearle suerte y recordarle que tendrá todo mi apoyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de marzo de 2004