Entrevista:GUGLIELMO DE GIOVANNI CENTELLES | Profesor de Historia del Mediterráneo

"Los Centelles sobrevivimos a los Vilaragut"

Pregunta. Valencia tiene un significado especial para usted.

Respuesta. Sí, mi familia es de origen valenciano.

P. ¿Conserva hacia los Vilaragut el mismo odio que tuvieron sus antepasados los Centelles?

R. Los Centelles sobrevivivimos a los Vilaragut. Ellos ya no tienen descendientes: no existen. Sus enfrentamientos respondían asuntos políticos y económicos. La casa de los Centelles llegó a Valencia con un gobernador, Gilabert de Centelles, y cambiaron el equilibrio de poder, que entonces decidían los Vilaragut. Y claro, los Vilaragut tuvieron que defenderse.

P. ¿Sant Vicent Ferrer reconcilió a ambas familias o no?

R. Sí, lo hizo. Fue una ocasión de paz y de sabiduría política. Hubo un reparto de intereses y los Centelles se dedicaron más al Mediterráneo.

P. ¿Hasta dónde ha estudiado sus orígenes?

R. Soy el cuadragésimo cuarto jefe de la Alta Casa de los Centelles. Es algo que intentaré recordar. Llegamos en el año 792 a una de las nueve baronías de la Cataluña carolingia, y mis antepasados vinieron a Valencia como ciudadanos de la conquista.

P. Fue una de las familias más ricas del Mediterráneo.

R. Es una familia que participa en toda la reconquista de España hasta 1492, y esto comporta una acumulación de prestigio y poder. Emparentamos con otra importante familia valenciana: los Borja. Yo soy descendiente de una hija de San Francisco de Borja. Las familias se unieron para no ser competencia. Los Centelles implantaron un gran cultivo de la caña de azúcar en Valencia y en Sicilia, que suponía el monopolio del azúcar en el Mediterráneo. En Oliva había 8.000 molinos, en los que trabajaban otros tantos moros. Hay que pensar que Madrid en ese momento no llegaba a 8.000 habitantes y Valencia, que era una de las ciudades más grandes de Occidente, tenía más de 40.000 habitantes.

P. ¿Qué relación mantiene con Oliva y Valencia?

R. Con Oliva una relación de estudio; con Valencia, de gran afecto. Soy coordinador italiano del Consejo Mediterráneo de Cultura de la Unesco y estamos intentando hacer con Valencia un polo cultural.

P. Marsella ha pedido a Valencia la cadena del puerto rota por uno de sus antepasados y que está depositada en la catedral como trofeo. ¿Le parece justo?

R. Esta cadena se conservó por voluntad del rey don Alfonso el Magnánimo, que se considera un gran rey por su capacidad mediterránea para Valencia, para Barcelona incluso para Verona. La cadena se conserva junto al Santo Cáliz, que es el sancta santorum de la Iglesia en Valencia. Está allí porque se considera no sólo un trofeo bélico, sino el símbolo de la providencia de Dios que permitió la victoria sobre el enemigo. Además, un trofeo de guerra no se puede restituir porque se traicionaría la historia y se insultaría a quien los recibe.

P. A menudo se presenta el Mediterráneo como un mar de cultura, ¿pero no ha sido más un cruento escenario de guerras?

R. El Mediterráneo es un sistema unificador de civilización: África, Asia y Europa. Los vínculos son más fuertes que los choques de civilizaciones. Están interrelaciándose continuamente. Somos el Mediterráneo de la ciudad, de la familia, del Dios único. Son tres valores unificadores, fijos, inconculcables. Se ven en Roma, en Grecia, en Constantinopla, en Damasco y en la Meca. Estos elementos hacen que el Mediterráneo sea una gran esperanza común. No es el Mediterráneo el que origina la guerra, sino siempre fuerzas externas.

Sobre la firma

Forma parte de la redacción de EL PAÍS desde 1995, en la que, entre otros cometidos, ha sido corresponsal en el Congreso de los Diputados, el Senado y la Casa del Rey en los años de congestión institucional y moción de censura. Fue delegado del periódico en la Comunidad Valenciana y, antes, subdirector del semanario El Temps.

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