Tribuna:FÚTBOL | 103ª final de la Copa del Rey
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Milito, la vigencia del caudillo

Según el diccionario, caudillo es "el que, como cabeza, guía y manda la gente de guerra". Si el fútbol no es una guerra, tiene en común con ésta que es una confrontación en la que dos bandos tratan de imponerse. Y esta pugna necesita ser orientada, guiada, de la manera más inteligente.

No siempre se entiende positiva la influencia de ciertos jugadores sobre el resto. Se piensa que tenían su razón de ser en otras épocas, como un modismo anticuado. Algunos entrenadores tienen recelo por si se resiente su autoridad. También los compañeros, por celos, envidias o rencillas, se muestran contrarios al protagonismo de algunos.

En casi todos los equipos hay jugadores con más ascendiente que otros por sus años en el club o su fuerte carácter. No debemos pensar que por esto son caudillos que aportan cosas positivas, ya que muchas veces su intervención es nefasta.

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Aunque es evidente que es el entrenador el que debe guiar al grupo, por mi experiencia entiendo muy positiva la presencia de algún caudillo. Milito reúne las cualidades: es solidario, tiene ascendiente sobre los compañeros y está muy involucrado con el bienestar del grupo y cercano al entrenador para conseguir que se funcione como equipo.

Tal vez su interés por preocuparse por sus compañeros se deba a los momentos difíciles que pasó en su etapa de formación y que le forjaron su carácter ganador. En las divisiones inferiores de Racing, jugando con su hermano Diego, le echaron por chiquito; a veces algunos entrenadores juzgan a los jugadores con criterios de baloncesto, por peso y talla. De allí se fue, por la intervención de su abuelo, al archirival Independiente.

Una demostración de su carácter son los duelos a muerte con su hermano, en los que las patadas y las tarjetas abundaban. Una vez en que su hermano fue cambiado por lesión comentó: "Me di cuenta de que había salido cuando vi a Belloso. Lo busqué con la mirada y recién entonces advertí que él era el reemplazado".

Después llegó la selección argentina, empezando en la sub 17 y terminando en la absoluta. En un país en el que el fútbol es casi una religión, su personalidad, colocación, sentido de la anticipación y técnica no podían pasar inadvertidos.

Aunque pudiera pensarse que su frustrado traspaso al Madrid le podría afectar en su moral, quién le conociese podría recordar los versos de José Hernández en Martín Fierro: "Yo soy toro en mi rodeo y torazo en rodeo ajeno; siempre me tuve por güeno y, si me quieren probar, salgan otros a cantar (jugar) y veremos quién es menos".

José Pekerman ha sido tres veces campeón mundial con la selección argentina en categorías inferiores y director técnico y responsable de la absoluta de 1999 a 2002.

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