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Reportaje:

Nuevas caras en Bolsa

Media docena de compañías esperan que se consoliden las alzas en el mercado para salir a cotizar

Fadesa anunció esta semana su salida a Bolsa y otra media docena de compañías están con los papeles preparados para dar el salto. Después de dos años sin ver caras nuevas, las ofertas públicas de venta (OPV) se asoman al mercado como lo hicieron las ofertas públicas de adquisición (OPA) en los años bajistas. Con la lección aprendida de que todo lo nuevo no es bueno, los inversores deberán agudizar el olfato para tener éxito con las ofertas que se conocerán este año. El pasado demuestra sonados triunfos y fracasos.

Una recomendación fácil de cumplir en la OPV es la de solicitar únicamente las acciones que se pueden pagar en efectivo

La salida a Bolsa tiene un primer beneficiado: el dueño o dueños de la compañía que ponen en valor bursátil su histórica participación

Salir a Bolsa es indicativo de mercados alcistas que despiertan el interés de los inversores por las acciones. Nadie quiere vender barato y, por eso, los dueños de las compañías esperan momentos felices donde es más fácil convencer a los inversores y donde también pueden conseguir un precio más atractivo. Todo lo contrario que ocurre con las bolsas bajistas, donde los precios en mínimos propician el tiburoneo en busca de presas escuálidas y cuando muchas sociedades cogen la puerta de salida, convencidas de que la Bolsa trae más disgustos que satisfacciones.

El éxito de las primeras privatizaciones llevó a asociar el concepto de nuevo con bueno. Era fácil lograr en pocos meses, incluso en el propio día del estreno, subidas meteóricas. Una situación que se desmadró con la fiebre tecnológica y que obligó a establecer nuevas normas para los días de bautizo bursátil. Y es que fue tanta la especulación que algunos inversores compraban esa misma jornada a precios tan elevados que luego nunca volvieron a alcanzarse.

La salida a Bolsa tiene un primer beneficiado: el dueño o dueños de la compañía que ponen en valor bursátil su histórica participación. Ellos, lógicamente, buscan el mejor precio y por eso se animan en momento donde la demanda sea suficiente y donde los multiplicadores de beneficios del conjunto del mercado o del sector al que pertenecen se encuentren altos. La comparación permite salir a un precio más elevado cuando los competidores valen más.

Esta semana entraba en los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la comunicación previa de la OPV de la inmobiliaria Fadesa. Un papel que ya rondó los mostradores del organismo supervisor hace tres años, pero, finalmente, los dueños de Fadesa dieron marcha atrás. Ahora, otras compañías (Auna, Bolsas y Mercados Españoles, Guissona, Iberdrola Eólica, Probitas Pharma, Telecinco, Renta 4 o Vocento) se encuentran en la lista de espera para dar el salto por vez primera a los mercados. Pero la fecha prevista es siempre un secreto bien guardado: si los vientos bursátiles soplan adversos, pueden indicar retirada.

Equilibrio

Los expertos coinciden en que ahora hay dinero para satisfacer la salida de papel nuevo. El importante crecimiento en el patrimonio de los fondos de inversión de renta variable española durante el pasado año es indicativo de este deseo. También los inversores institucionales disponen de recursos tras los pasados años de saneamiento y, en un entorno de tipos de interés tan bajos, saben que es obligado asumir el riesgo bursátil.

Buscar una situación de equilibrio entre el deseo del dueño de la sociedad de vender caro y el del inversor de comprar barato. Un analista consultado es radical en sus planteamientos sobre las salidas a Bolsa: "No me gusta comprar en OPV porque, si el propietario está convencido de que lo que tiene es tan bueno, ¿por qué lo vende?". Otros expertos aportan respuesta al indicar que grandes fortunas españolas buscan diversificar su patrimonio que, hasta la salida a Bolsa, se encontraba concentrado en una sola actividad. Y ponen como ejemplo a Amancio Ortega, propietario de Zara, que, tras sacar a Bolsa Inditex, ha diversificado sus inversiones en otros valores y otras actividades, como el mercado inmobiliario.

La información es clave para tomar la decisión de acudir a una salida a Bolsa. En general, estas compañías deberían salir con un descuento por las incertidumbres que incorporan como la falta de trayectoria en el mercado y la consolidación de la composición accionarial. También existen riesgos añadidos por la forma en la que se realizó la colocación o por el deseo de los propietarios de irse deshaciendo de más paquetes de acciones, una vez que la compañía ya está cotizada. Situaciones ya vividas y que han provocado convulsiones en valores de nuevo cuño.

En este sentido, los expertos apuntan que el director de la sucursal bancaria puede no ser buen consejero, obligado a colocar un determinado número de títulos en su oficina. Varios informes o la propia lectura del folleto, disponible en la CNMV, pemitirán configurar el perfil de la compañía y, lo que es más importante, prever la futura marcha de la compañía. Con el fin de saber si se está comprando caro o barato, es obligado hacer una comparación tanto con el conjunto de la Bolsa como con otros valores del sector. La ratio PER (número de veces que el beneficio está incluido en el precio) es sencilla y de fácil comprensión, y cumple esa misión de establecer una referencia objetiva.

Aunque los grandes inversores también se equivocan, cuentan siempre con más información y herramientas de análisis. Es aconsejable seguir el comportamiento del inversor institucional. Si éste sobresuscribe la oferta varias veces y, por tanto, existe una fuerte demanda, significa que la operación puede ir bien. Por el contrario, si la falta de demanda institucional obliga a trasladar acciones previstas para ese tramo hacia el minorista, sería una mala señal.

Una recomendación fácil de cumplir es la de solicitar únicamente las acciones que se pueden pagar en efectivo. La costumbre de las privatizaciones de inflar la demanda para obtener unas acciones más, a sabiendas de los fuertes prorrateos en el reparto, se volvió en contra de los inversores en ofertas con menos demanda que obligaron a muchos a solicitar créditos para atender ese compromiso o verse forzados a vender en el primer día de cotización.

Por último, el inversor que se quede insatisfecho con el número de títulos que le han correspondido en la OPV puede acudir al mercado a adquirir más acciones. Eso sí, siempre, pero sobre todo en el primer día de cotización, debe limitarse el precio al que se está dispuesto a comprar para no llevarse sorpresas desagradables.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2004