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Un novato acosa a los 'narcos'

El juez de Vilagarcía de Arousa, el que más droga aprehende, persigue a las redes internacionales de traficantes entre divorcios y juicios de faltas

Santiago de Compostela

Cuando la policía llamaba al juez para contarle que alguien urdía un transporte de droga, durante años la respuesta era casi invariable: "Vayan a la Audiencia Nacional". Al fin y al cabo, los juzgados de la comarca de Arousa servían sólo de lugar de paso para recién ingresados en la carrera, jóvenes jueces absorbidos por el trabajo cotidiano, con sus hijos jugando en el parque a la vista de los narcos y sin nadie para guardarles la espalda en el trayecto de vuelta a casa. Con escasas excepciones, así había sido desde que el narcotráfico echó raíces en las Rías Baixas. Hasta que en 1999 un hombre menudo, nacido en 1968 en A Merca (Ourense) y lleno de fe en su trabajo, recibió como primer destino el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 1 de Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). Cuatro años después, el martillo de narcos de José Antonio Vázquez Taín ha superado en eficacia a la Audiencia Nacional.

Vázquez Taín renunció a un ascenso para seguir un año más en la localidad pontevedresa

"Con cinco como éste, iban a cambiar mucho las cosas en Galicia", aventura un alto mando policial. De los 45.000 kilos de cocaína que se aprehendieron en España durante 2003, más de 20.000 correspondieron a operaciones dirigidas por Vázquez Taín. Siete grandes redadas, en tierra y en mar, fueron coordinadas desde el Juzgado Número 1 de Vilagarcía, entre ellas, el mayor alijo del año en Europa, las siete toneladas de polvo blanco colombiano que transportaba el pesquero South Sea.

Vázquez Taín se ha entregado con tal entusiasmo que hace unos meses renunció al ascenso a magistrado para seguir un año más en Arousa. La policía entona cánticos de alabanza. Un aprecio compartido por el fiscal antidroga, Javier Zaragoza. El corazón de las madres contra la droga ya le ha hecho un hueco en el lugar que antes ocupaba casi en exclusiva Baltasar Garzón, con quien mantiene también excelentes relaciones.

Sus allegados aseguran que el juez no llegó a Vilagarcía con el propósito de emprender una cruzada. Dicen que el único interés de Vázquez Taín, hijo de un maestro de escuela, estudiante poco destacado en la Facultad de Derecho de Santiago, cinturón marrón de judo y aficionado a la música clásica, era entregarse al trabajo con devoción. El primer año, tras algunos alijos de poca monta, se vio, casi por casualidad, dirigiendo una operación en la que se incautaron 12 toneladas de hachís. La policía apreció el interés y la disposición de un juez que pisaba su mismo terreno y cuya proximidad permitía sortear los inconvenientes de la Audiencia Nacional, distante y enfrascada en otros delitos de altos vuelos. Taín supo ganarse el respeto de las fuerzas de seguridad y se afanó en limar las desconfianzas entre la policía, la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA), aunque le costase pagar algunos vinos y comidas de confraternidad.

El juez se fue haciendo con los secretos del oficio. Tuvo que descubrir cómo se gestiona un arresto en Ghana y familiarizarse con técnicas marineras. Y, sobre todo, le exigió una dedicación espartana. Si algo tiene a gala Vázquez Taín, aseguran sus conocidos, es no haber descuidado el resto de obligaciones del juzgado. El año pasado, al tiempo que encadenaba aprehensiones de barcos cargados de droga, resolvió 200 asuntos civiles. En medio de investigaciones que se ramifican hasta Cabo Verde o Venezuela, Taín y los nueve funcionarios a su disposición no han dejado de dirimir divorcios o juicios de faltas.

Hombre afable y de trato sencillo, ha llegado a coger cierta confianza con algunos de los narcos más asiduos del juzgado y nunca se niega a recibir a familiares de los detenidos, padres que suplican la rebaja de una fianza o esposas desesperadas porque sus maridos, que dilapidaban en coches y prostíbulos, se han ido a la cárcel sin dejarles un céntimo. Como no podía ser de otra forma, su estrellato también ha suscitado recelos. Hay quien le pinta como el clásico juez con excesivo afán de protagonismo. A algunos compañeros no les sentó bien que renunciase al ascenso. Otros le acusan de demasiada manga ancha con la policía y de invadir territorios que corresponden a la Audiencia Nacional. Los abogados de los narcos le golpean sin descanso buscando puntos flacos. Con nulos resultados, por el momento. Las dos únicas grandes operaciones de Taín que ya han sido juzgadas acabaron con sentencias que avalaban su instrucción.

Pese a todos los éxitos y elogios, la burocracia judicial ha puesto fecha de caducidad a su mandato, que expira en junio. Si renuncia de nuevo al ascenso, se enterraría de por vida. "Que se fuera sería lamentable y trágico", protesta Carmen Avendaño, presidenta de la Federación de Asociaciones contra la Droga de Galicia. Este colectivo reclama hace tiempo que se cree una sección judicial específica para Arousa, epicentro del narcotráfico en Galicia.

"De otro modo, los jóvenes jueces van y vienen sin que les dé tiempo a coger experiencia", insiste Avendaño. A la familia de Taín, que todavía se mueve sin escolta, no le importaría verle en otro destino. Pero a él, según cuentan, no le gusta dejar los trabajos a medias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de marzo de 2004