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COLUMNA

Malas compañías

Ahora que estamos prácticamente metidos en la campaña electoral lo peor que tienen muchas de las opciones políticas que se presentan son sus malas compañías. No le favorece al PP la amistad de Aznar con Bush, un presidente de lo menos presentable que hayan tenido los estadounidenses, a pesar -poniéndose uno reflexivo y benevolente- de la difícil situación geopolítica de España, que le hace buscar el apoyo del Gran Hermano para nuestra tranquilidad. Ese Bush que cantó victoria muy pronto en Irak, que creyó ganar la guerra -por lo visto no ha llegado a leer, si lee, que lo importante de toda guerra es ganar la paz- y le ha metido al PP en un avispero.

Y qué decir de ZP, volcado en su apoyo a Maragall no sólo en la campaña electoral de éste sino también en la constitución del actual Gobierno de coalición catalán con la compañía de Carod, que les mete en otro avispero a cuenta de las veleidades negociadoras con ETA de las que siempre ha hecho gala y que siendo miembro de ese Gobierno materializa. O la presencia de cualificados socialistas vascos en la plataforma negociadora de Elkarri, o el interés de Elorza de debatir el plan Ibarretxe, desdibujando la presencia en el pacto antiterrorista del partido que lo promovió y de la ley de Partidos que dejó a Batasuna en la ilegalidad.

Lo mejor que les puede pasar a los candidatos es que no pase nada, incluso que no digan nada

Lo peor que tienen muchas de las opciones políticas que se presentan son sus malas compañías

No hablemos ya de la indisimulada ayuda del PNV a Batasuna, desoyendo a los tribunales y manteniendo el grupo parlamentario en la Cámara de Vitoria, lo que le lleva recurrir la Ley de Partidos ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo para que éste le recuerde que, como parte que es el Gobierno vasco del Estado español, no puede ser parte contra él mismo. ¡Qué insulto! Esa pertenencia la recuerda en cierta manera el diputado general de Vizcaya (la pela es la pela) cuando declara que la reducción de tipos en el Impuesto sobre la Renta de las Personas, como propone el PP, desinfla al Estado. A la hora de la recaudación uno se preocupa por el Estado, olvidándose de él en otras muchas y más importantes cuestiones.

Ya dice el refrán: dime con quién andas y te diré quién eres. Entonces, qué profundo dilema, porque sin esas compañías resultan más atractivos. Sólo pienso en lo que hubiera sucedido, en plena campaña, si los cinco heridos leves de la Brigada Plus Ultra en Irak hubieran muerto, pero también pienso en lo que hubiera sucedido si a Carod le hubieran detenido junto con Antza y Ternera. Menos mal que, de momento, son cosas para imaginar. Supongo que Trillo les habrá mandado fortificarse y no salir de sus emplazamientos hasta que pase el día de la consulta electoral, y que en ERC habrán prohibido los viajes a Euskadi y a Francia hasta que pase ese día.

Esta realidad de compromisos difíciles y endemoniada dinámica electoral nos lleva a la conclusión de que lo mejor que les puede pasar a los candidatos es que no pase nada, incluso que no digan nada, que se estén quietecitos. Pero unos y otros se buscan las vueltas, aunque sea para sorpresa del público del circo. Ponerle a Rodríguez Zapatero ZP, que a uno le recuerda a Zipi y Zape, no me digan que no supone un gran impacto mediático. Y que Rajoy sólo hable de cosas del programa -programa, programa, programa- no deja de ser también una sorpresa. Ya le están diciendo sus colegas que tiene que echar algún cristiano a los leones.

Ya sé que el inteligente lector que me lee -además de mi madre, y Ernesto, y el que corrige esto- tiene ya su criterio forjado y no necesita campañas electorales, porque éstas están dirigidas a los que nunca leen cosas de estas y prefieren Gran Hermano o La selva de los famosos. Son campañas dirigidas a un diez por ciento de posibles repescados de su indecisión, según criterio consagrado por los teóricos de la comunicación. Pero me temo que lo más trascendente en el clima social es que el niño se nos casa, lo que crea una dinámica de príncipes azules y ensueños de estética Walt Disney -por consiguiente, conservadora-, que es lo que debieran tener en cuenta los portentos de la comunicación del PSOE. Tenían que haber fichado a una prima segunda de doña Letizia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 2004