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Reportaje:

Escándalo sexual en el fútbol americano

Katie Hnida, que jugó en el equipo masculino de la Universidad de Colorado, revela que durante dos temporadas sus compañeros abusaron de ella

Los escándalos sexuales se suceden en la Universidad de Colorado. La nueva víctima de los excesos es Katie Hnida, quien esta semana decidió romper con cuatro años de silencio y revelar los detalles de su delicado secreto a la revista deportiva estadounidense Sports Illustrated. En la entrevista cuenta que en las temporadas de 1999 y 2000 los jugadores del equipo de fútbol americano abusaron de ella y que en el verano de 2000 fue secuestrada por uno de ellos. Era un antiguo compañero, porque entonces Katie era la única mujer que jugaba junto a los hombres en Colorado. Un año después decidió abandonar el equipo por depresión.

La dramática relación de Katie, de 22 años, con el equipo de fútbol americano de la Universidad arrancó en 1998, cuando el entrenador de la época, Rick Neuheisel, le invitó a sumarse al resto de compañeros masculinos. En 1999 hubo cambio de jefe en los vestuarios de los Búfalos de Colorado, pero eso no impidió que Gary Barnett, el nuevo técnico, mantuviera la oferta de Neuheisel en pie. Y el 18 de septiembre, Katie hacía historia al convertirse en la segunda mujer en ascender a la división A en Estados Unidos. "El fútbol es lo que me hacía respirar", dice.

"Se puso sobre mí, le dije otra vez que no e intenté quitármelo de encima; me salvó el teléfono"

Pero fue en su primera campaña en el equipo cuando empezaron los abusos y llegaron al máximo en el verano de 2000. En agosto del año pasado, Katie ya denunció en el Alburquerque Tribune los continuos abusos sexuales que tuvo que soportar de sus compañeros. Pero su revelación pasó entonces desapercibida. Y ahora, en la entrevista con Sports Illustrated, asegura por primera vez que fue raptada y asaltada por uno de los miembros del equipo ese verano en la casa de éste.

"Empezó a besarme y le dije; eso no, vale!", cuenta Katie. "Se puso sobre mí, le dije otra vez que no e intenté quitármelo de encima", añade en su relato, en el que cuenta que pudo escaparse gracias a que sonó el teléfono. El periodista le pregunta que por qué decidió no denunciar lo sucedido a la policía. Y Katie responde que fue por miedo a lo que pudiera hacerle el jugador y a que se interpretara como una mentira.

También revela que al menos en cinco ocasiones, sus compañeros le enseñaron sus miembros al grito de: "¡Eh Katie! Mira esto!" Y añade también que uno de ellos se acercó por detrás para rozarle su pene erecto contra ella. Además, explica que en repetidas ocasiones le tocaron sus senos con malas intenciones. Su antiguo entrenador se limita a afirmar que nunca escuchó de ella que fuera molestada sexualmente por sus compañeros.

Sus dos temporadas con los Búfalos de Colorado, a raíz de estos incidentes, no fueron buenas en el plano deportivo, a lo que se suman los comentarios de Barnett. "Nadie la quería en el club y básicamente le estábamos haciendo un favor", apuntó recientemente su antiguo entrenador. "Era una distracción para el equipo", dijo.

Katie estuvo apartada de la competición en otoño de 2000 por enfermedad y en la primavera de 2001 decidió abandonar Colorado sumida en una profunda depresión y dejar temporalmente el fútbol americano. En otoño de 2002 decidió ponerse de nuevo las botas y fue transferida de Santa Bárbara a la Universidad de Nuevo México para incorporarse a los Lobos, bajo el mando de Rocky Long. Ahora asegura que está jugando en un equipo "que es como una familia".

A raíz de la polémica entrevista, Katie optó por publicar también una nota de prensa -con el membrete de su Universidad- en la que confirma sus revelaciones sin mencionar la cuestión del secuestro. Para no dejar lugar a dudas, el portavoz de la división de deportes de Nuevo México aseguró que el objetivo de la declaración era "confirmar" lo que cuenta la revista.

La dirección de la Universidad de Colorado ha pedido a Katie que denuncie urgentemente el asalto ante la policía "para que investigue lo sucedido". La jugadora, de momento, no ha presentado cargos y se mantiene en contacto con la dirección de la universidad. Pero su relato ha servido para añadir más leña al fuego que desde hace tres semanas está quemando la imagen del programa de fútbol americano de Colorado por sus juergas y abusos sexuales.

Tres mujeres han denunciado ante los tribunales a la universidad por los excesos a los que les sometieron los jugadores. Las tres, como ahora cuenta Katie, dicen que fueron secuestradas por varios miembros del equipo durante una fiesta en el campus universitario celebrada en diciembre de 2001. Los hechos se agravaron con las averiguaciones hechas por la fiscalía del condado de Boulder, que ha acusado a la universidad de recurrir al alcohol y al sexo para incitar a los estudiantes a sumarse al equipo. Un extremo que se niega en rotundo desde la dirección académica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de febrero de 2004