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El joven turco Fatih Akin gana el Oso de Oro

Premios para 'El abrazo partido', de Daniel Burman, y para Charlize Teron y Catalina Sandino

El jurado del festival de Berlín ha optado por películas de apariencia modesta aunque de mayor viveza que las de los nombres consagrados. Contra el pronóstico de muchos, que no de estas crónicas, Head on, del joven turco-alemán Fatih Akin, ha obtenido el Oso de Oro. El abrazo partido, del argentino Daniel Burman, se ha hecho con el premio especial del jurado, junto al de interpretación masculina para Daniel Hendler. Obviamente, Charlize Teron ha sido galardonada por Monster, pero compartiendo el premio con la colombiana Catalina Sandino Moreno, que gustó mucho en María, llena eres de gracia. El director del festival había anunciado su apoyo al cine alemán y que éste sería el año del cine latinoamericano. El jurado le ha dado la razón.

Los grandes nombres se han quedado sin premios, excepto el coreano Kim Ki-Duk, reconocido por el jurado como mejor director por La samaritana, la historia de dos escolares prostitutas y el afán redentor del padre de una de ellas. Pero tanto John Boorman como Ken Loach, Theo Angelopoulos, Eric Rohmer, Manuel Gutiérrez Aragón, Ron Howard, Patrice Leconte y hasta Richard Linklater, cuya comedia romántica Before sunset había logrado una gran ovación, no han sido valorados finalmente por el jurado, presidido por Frances McDormand, intérprete habitual de las películas de su marido, Joel Coen, y secundaria en Cuando menos te lo esperas, que se ha presentado en este Berlín fuera de concurso. Las películas de los grandes habían sido recibidas por la crítica con disparidad de opiniones, más que con la frialdad que aquí se apuntaba ayer, es decir, no había candidatas claras. Ni siquiera era compartida la votación de nueve críticos de varios países que consideraban favorita Confesiones demasiado íntimas, de Patrice Leconte.

En cambio, algunas de las películas pequeñas habían interesado por su frescura, y aunque algunos críticos alemanes señalaban que Head on no era una propuesta original en el panorama cinematográfico de su país, sí lo ha sido, al menos, en el contexto del festival. Fatih Akin, hijo de inmigrantes turcos, cuenta una historia de soledades, amor, violencia, fanatismo religioso, corrupción y drogas, desde su peculiar prisma de heredero de dos culturas contrapuestas. "¿Soy turco, soy alemán? Las dos cosas a la vez, y ninguna de ellas", respondió en la rueda de prensa. En sus tres largos anteriores, Akin ha hecho referencia a esta dualidad o esquizofrenia, lo que probablemente le distingue de otros cineastas treintañeros alemanes que igualmente se interesan por los mundos oscuros de nuestra sociedad. Con un brío narrativo que no lima asperezas, Head on tiene trazos de comedia, incluso cuando se torna en tragedia desoladora. La película está dividida en actos separados por las actuaciones de un cutre grupo folclórico que canta canciones de amor a orillas del Bósforo con el Estambul monumental al fondo. Puro distanciamiento brechtiano.

Se ha dicho aquí que Dieter Kosslick, el director del festival, tiene especial interés en apoyar el cine alemán, lo contrario que su predecesor. Pero no hay que sospechar manipulaciones por su parte. Este cronista tiene la experiencia de que en el festival de Berlín el jurado goza de libertad completa, lo que sin duda sucede también en los demás festivales serios del mundo. ¡Buenos son los miembros de un jurado para dejarse influir! Por menos de nada, montan un pollo. Así ocurrió hace bastantes años en Cannes, cuando Gabriel García Márquez y Françoise Sagan denunciaron presiones. Y en el Berlín de hace veinte, cuando se premió una película de Cassavetes siendo la de clausura. Los organizadores tomaron buena nota, y hasta este año no se había vuelto a clausurar con una película a concurso, 25 grados en invierno, de Stéphane Vuillet, comedia a veces enloquecida en la que, entre otros detalles pintorescos, aparece un señor vestido de torero dentro de un coche en medio del campo, sin que se entienda el porqué. La actuación de Carmen Maura no alivia el desaguisado.

Carta marcada

Que Charlize Teron iba a recibir el premio a la mejor actriz era una carta marcada. Éste es su gran año, tras recibir los premios de los críticos de su país, el Globo de Oro y ser candidata al Oscar. No darle el premio por el esfuerzo de ocultar su belleza hubiera sido hacerle un feo. Los jurados, no obstante, han hilado fino al considerar en igualdad de condiciones a la joven colombiana Catalina Sandino Moreno por María, llena eres de gracia. Una forma de premiar a la película, primer largo del norteamericano Joshua Marston, dura crónica de las chicas que sirven de mulas, es decir, que viajan a Estados Unidos transportando drogas en su cuerpo. María, llena eres de gracia también ha logrado el Premio Alfred Bauer (fundador del festival) a la mejor ópera prima.

Los dos osos logrados por El abrazo partido son reflejo del interés despertado por este irónico retrato de un Buenos Aires multirracial en el que un joven judío se angustia por su futuro personal tanto como por el desconocido pasado de su familia. La veremos en España.

Opuestos a cartas marcadas han sido los premios conseguidos por Day break, Oso de Plata con su conjunto artístico y el Ángel Azul a la mejor película europea. No habían interesado mucho las tres historias de desamor que nos cuenta el sueco Björn Runge, ni se apreció en las imágenes lo que el autor proclama haberse propuesto analizar, "la debilidad humana, y en particular la mentira en todas sus formas". Day break es, desde luego, una película respetable, con excelentes actores y actrices (ha sido el año de las mujeres), pero que quizá no permanezca durante tiempo en el recuerdo. Cada cual habrá decidido su propio palmarés. Pasa en las mejores familias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2004