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"Los grandes dramas son abstractos"

Horas después de conocerse que El abrazo partido se ha hecho con dos de los principales premios de la Berlinale, el director argentino Daniel Burman y el actor Daniel Hendler seguían sin salir de su asombro. "Para mí, sigue siendo una noticia abstracta", confesó Burman, que a sus 30 años ya ha dirigido otros tres largometrajes, entre ellos Todas las azafatas van al cielo. Si acaso, Burman se esperaba un premio para Hendler, de 28 años. "Su interpretación es muy ligera y, sin embargo, deja entrever la profundidad de su personaje. Merecía ser premiada", decía el director.

Ambos ya habían notado que algo grande podía suceder: "La película ni siquiera se ha visto en Argentina, pero desde su primera proyección aquí, en Berlín, el pasado lunes, constantemente me encontraba con periodistas y espectadores que me animaban y me decían que deseaban un premio", contaba el realizador. Antes de que se dieran a conocer los Osos de Oro, El abrazo partido ya había sido vendida a distribuidoras de peso en América Latina y Europa. "Esta atención ya es mucho premio para mí", decía Burman.

En cierta forma, el culpable de todo este alboroto es su único hijo. "Cuando nació, comprendí que la paternidad es una relación completamente ficticia y construida, muy diferente a la maternidad. Un padre tiene que convencer a su hijo de que en realidad es el padre. En principio, podría ser cualquiera: el enfermero, el panade-ro, el tipo que pasa con la bicicleta", explica. Burman desarrolla sus filmes a partir de ideas como ésta. "Yo creo que los grandes dramas, al igual que los premios, son abstractos: la muerte, el nacimiento de un hijo, el amor. A mí lo que me interesa es el momento en el que se convierten en algo concreto y cotidiano". Y así comenzó a delinear -junto al escritor argentino Marcelo Birmajer- la relación entre Ariel (Hendler) y Elías (Jorge D'Elia): "Me interesaba un personaje que construye su visión del mundo a partir de un padre ausente y luego tiene que empezar de nuevo cuando la llegada de este padre destruye su sistema de creencias". Otro elemento autobiográfico es el barrio Once en Buenos Aires. Burman nació y creció allí, en medio del bullicio del pequeño comercio: "Los personajes del filme son construcciones de pedazos de personas que yo mismo conocí".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2004