Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Igor Yebra triunfa en Moscú en el papel de Iván el Terrible

La célebre coreografía de Grigoróvich se estrena en el Palacio de Congresos del Kremlin

"La familia de los Ivanes se ha enriquecido con un español". Yuri Grigoróvich, el autor del ballet Iván el Terrible, basado en la música de Serguéi Prokófiev, resumía así la actuación del español Igor Yebra como protagonista de su famosa coreografía el viernes por la noche en Moscú. Un público de entusiastas de la danza, donde no faltaba un nutrido grupo de paisanos de Yebra, premió con repetidas y cálidas ovaciones al bailarín español.

Yebra, al que acompañaban Natalia Balajnícheva, en el papel de Anastasia, y Aidar Shaidullin, en el de Kurbski, ha sido el primer extranjero que ha interpretado a Iván el Terrible en el enorme escenario del Palacio de Congresos del Kremlin, un edificio construido en época soviética para albergar los congresos del Partido Comunista de la antigua Unión Soviética, con una capacidad para más de 5.000 espectadores.

A lo largo de dos horas, Yebra puso toda su energía, técnica y capacidad interpretativa al servicio de las ambiciones, pasiones e intrigas de su personaje, el zar ruso Iván IV Vasílevich (1530-1584), en la histórica versión del maestro Grigoróvich, director de el teatro Bolshói durante más de un cuarto de siglo (1964-1990).

Figuras de la danza rusa como Yuri Vladímirov, Vladímir Vasíliev e Írek Mujamédov han interpretado la coreografía de Grigoróvich, que data de 1975. La música es una adaptación de Mijaíl Chulaki sobre las composiciones que Prokófiev, fallecido en 1953, realizó para la película Iván el Terrible (1942-1944), dirigida por Serguéi Eisenstein bajo el patronazgo de Stalin.

"En el personaje de Iván el Terrible es muy importante el aspecto dramático y psicológico, además de la preparación física", dijo Yebra, que durante tres semanas ha ensayado en Moscú con Yuri Vladímirov. "Ha sido un gran privilegio poder trabajar con este gran bailarín, que ha exigido mucho de mí y, día tras día, me ha llevado al agotamiento total".

El deseo del bailarín español de protagonizar Iván el Terrible se ha hecho realidad en un tiempo récord. Yebra se lo comentó a Grigoróvich en la primavera de 2003, cuando fue a Ufá, la capital de Bashkortostán, para participar en un festival de ballet dedicado a Rudolf Nuréiev (Yebra interpretaba el papel de Albert en Giselle). Dicho y hecho. Los ensayos han durado tres semanas en lugar de seis meses, como hubiera sido lo normal, señalaba Yebra. El ballet representaba por primera vez con la orquesta en vivo el mismo día del estreno, explicaba el bailarín, que, sin embargo, se declaraba "más que satisfecho" por el "sueño hecho realidad".

La opinión de Grigoróvich era también alentadora: "Igor ha conseguido una combinación muy interesante. Siendo, como es, un bailarín lírico y emotivo, ha sabido combinar sus cualidades con la fuerza y la potencia que exige un personaje como Iván el Terrible. El resultado es una mezcla muy singular. Su Iván es un personaje listo, reflexivo y capaz de comprender. Estoy muy contento de su actuación", afirmó.

Grigoróvich, sin embargo, se negaba a hacer comparaciones entre los diferentes protagonistas de su coreografía. "De la misma manera que no hay un solo Hamlet, tampoco hay un solo Iván", comentó.

La biografía artística de Yebra, que nació en Bilbao hace 28 años y es hoy solista de la Ópera de Roma, está estrechamente vinculada con Grigoróvich. Yebra dice haberse interesado por la danza tras contemplar por televisión la coreografía de Spartacus (1968), una de las obras emblemáticas de Grigoróvich, basada en la música del compositor armenio Jachaturián. "Tanto Spartacus como Iván el Terrible revalorizan los papeles masculinos en el ballet, y ése es uno de los grandes logros de Grigoróvich", explicó.

El maestro ruso y el bailarín español tienen proyectos comunes para el futuro. Grigoróvich no quiso revelarlos el viernes, pero fuentes próximas a él señalaban que Yebra representará el papel de Romeo en el ballet de Romeo y Julieta, con música de Prokófiev.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de enero de 2004