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COLUMNA

Las gallinas

Involucrado en la pretensión ideológica actual de asociar Sistema Capitalista a Naturaleza, el doctor Tommaso Pizzari, de la Universidad de Leeds, ha centrado su interés en las gallinas. Para empezar, el doctor Pizzari concede parte de razón a la idea popular de la gallina-prostituta, pero -como cabía esperar- matizada por una superior razón mercantil. Igualmente, el gallo, considerado infatuado y ensimismado, será únicamente propicio a la copulación cuando no empeore la rentabilidad general del sistema. De hecho, el gallo escoge a la pareja de buena cresta porque sabe que cuanto más grande sea el apéndice mayor es el huevo y, en consecuencia, más holgado y vitaminado nacerá el polluelo. De este modo, el gallo opera como preveía Adam Smith: impulsando el progreso colectivo mediante el logro del beneficio individual.

Los gallos son, de hecho, tan atinados gestores de la inversión que nunca sueltan semen a granel, como podría acaso esperarse, sino que lo hacen de acuerdo a una exacta ponderación de las coyunturas. Por ejemplo, si una gallina se le ofrece sexualmente cuando está solo, el gallo le concederá apenas una mínima ración de esperma. Todo lo contrario de lo que hará estando varios gallos competidores presentes, que actuará ofreciéndole su máximo caudal para lograr que sus genes predominen entre la oferta de las dosis rivales. La lucha en estos casos se presenta como un desafío entre marcas, al modo de las pujas en el mercado; pero incluso como una liza política para crear vida mejor.

Entretanto, no deberá pensarse que las gallinas capitalistas se muestren pasivas o rendidas al destino patriarcal. Producir un huevo requiere mucho más tiempo y esfuerzo que obtener una ración de esperma y cualquier gallina se cuidará mucho en malbaratar su complicada mercancía. Acaso las gallinas sean putas, pero no tontas. Debido a la mayor dificultad que comporta la formación de un huevo, las gallinas en cuanto poseedoras de este extraordinario artículo se hacen valer en los intercambios y seleccionan decisivamente al macho. O bien: la hembra consciente de su condición elige y el sistema prospera, como está hoy a la vista, siendo cada vez más femenino en su definitiva opción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de enero de 2004