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Reportaje:

Un aula de diez siglos

Estudiantes de secundaria de Córdoba aprenden Historia con visitas al patrimonio de la ciudad

No es lo mismo estudiar la historia de Al-Ándalus frente a un libro y sentado en un pupitre que salir de excursión y conocer el pasado paseando por la laberíntica ciudad califal de Medina Azahara, en Córdoba. Eso es lo que piensan 26 alumnos del instituto Calle San Francisco de Sales de Córdoba, que dejaron por un rato las aulas para estudiar desde cerca Historia o al menos oírla de modo más relajado, casi como turistas.

A finales de 2003, medio millar de alumnos de secundaria y bachillerato de Córdoba participaron en unas jornadas sobre el patrimonio organizadas por el Gabinete Pedagógico de Bellas Artes, dependiente de las delegaciones de Cultura y Educación, y que fueron la culminación de unas prácticas de un curso de formación del Centro de Profesores Luisa Revuelta. La idea es incidir en el valor del uso de itinerarios por el patrimonio como instrumento didáctico habitual en la práctica docente.

En medio de un ambiente casi lúdico, algunos alumnos se cargaron con cámaras fotográficas. "Aprenden más aquí que en las aulas, aunque se pongan más nerviosos", afirma Francisco Luque, profesor de historia.

La de Medina Azahara es una de las muchas visitas que pudieron realizar los alumnos, que disponen de tres itinerarios: la Córdoba romana, con visitas al Museo Arqueológico o el yacimiento de Cercadilla; la califal, con Medina Azahara, la Mezquita y los baños árabes; así como una selección de barrios de San Pedro, San Lorenzo o Santa Marina, donde se puede observar algún ejemplo de la importante colección de iglesias fernandinas.

A Francisco Samuel Cuadrado, de 13 años, le gusta más la Córdoba musulmana que la romana: "Es más esplendorosa". José Carlos de Toro, de 14 años, agrega: "Era una ciudad pequeña, de entre 15.000 y 20.000 habitantes". Efectivamente. Francisco Samuel es el que mejor se lo sabe: "La ciudad de la luz", define el significado de Medina Azahara, que, como apunta este alumno, fue destruida "por una guerra civil".

José Javier es activo, no para, e identifica el parecido de los arcos del Salón de Recepción de Abderraman III, donde acogía a los embajadores, con los de la Mezquita. Un pequeño desliz, aunque al menos ha relacionado el estilo. Sus compañeros son más callados, por lo general atienden, algunos cuchichean en grupos, otro tiene hambre y una chica hace auténticos malabarismos con un chicle.

A Tamara Segorbe, de 14 años, además de perder alguna clase, le parece bien la visita: "Resulta más fácil ver las cosas y nos lo explican, así lo identificamos mejor", dice. Su profesor está encantado porque entiende que muchos cordobeses no conocen Medina Azahara como deberían. Es más, dice que ninguno de los alumnos del grupo que dirigía en la visita había visto la Mezquita. No obstante, le hubiera gustado que sus alumnos hubiesen visto la casa de Ya'far, ya restaurada pero que aún no está abierta al público.

Fátima Castilla, una de las dos guías que pasean alumnos por Medina Azahara, cree que son receptivos, aunque reconoce que es inútil exigir a los chicos que estén concentrados dos horas seguidas. Ella trata de azuzar su interés. En un momento de la visita pregunta si alguien quiere ser arqueólogo. Aunque los alumnos disfrutan con la visita, parece que de momento ninguno se anima a desempolvar y estudiar restos arqueológicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de enero de 2004