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Crónica:FÚTBOL | Decimoctava jornada de Liga

El Deportivo incendia Balaídos

Cinco goles de sainete propician una victoria histórica del equipo coruñés ante el Celta

Balaídos vivió ayer una de sus peores pesadillas, aplastado por un Deportivo indolente, que sólo necesitó aprovecharse de los sucesivos errores del Celta para conseguir la mayor goleada que ha visto este estadio en los últimos 60 años, desde que en octubre del 43 el Oviedo lograra idéntico marcador. Y que conste que, pese a lo histórico del resultado, no jugó el Deportivo un gran partido; simplemente se limitó a explotar los síntomas de descomposición de un grupo que desprende el inconfundible olor de los fracasados. Falló Contreras, después Berizzo, más tarde Ángel y finalmente Cavallero. El Deportivo, singularmente Víctor con tres goles, sólo remató. Y, de paso, le prendió fuego a Balaídos, que vivió los minutos finales entre gritos de "Lotina, vete ya" y "dimisión, dimisión".

CELTA 0 - DEPORTIVO 5

Celta: Cavallero; Contreras, Berizzo (Vagner, m. 64), Cáceres; Ángel, Luccin, José Ignacio (Jandro, m. 80), Sylvinho; Jesuli, Gustavo López (Jonathan, m. 80); y Milosevic.

Deportivo: Molina; Scaloni, César, Naybet, Capdevila; Mauro Silva, Duscher; Víctor (Tristán, m. 84), Valerón (Sergio, m. 75), Luque (Fran, m. 69); y Pandiani.

Goles: 0-1. M. 16. Error de Contreras del que se aprovecha Valerón, que cede a su izquierda, donde recibe Luque, que fusila con la zurda.

0-2. M. 42. Víctor se escapa por la derecha y pica el balón ante la salida de Cavallero.

0-3. M. 71. Tras recibir de Pandiani, Víctor marca desde el punto de penalti.

0-4. M. 79. Víctor remata bombeado, Cavallero intenta atrapar el balón, que se le cuela entre las manos.

0-5. M. 90. Tristán marca por alto.

Árbitro: Pérez Lasa. Amonestó a Contreras, Sylvinho y Pandiani.

Unos 27.000 espectadores en Balaídos, con poca presencia de seguidores del Deportivo.

Mantenido por una Liga de Campeones propicia, Lotina contempló ante el rival de A Coruña cómo el Celta desaprovechaba sus ocasiones en la primera mitad, para hundirse sin alternativas en la más absoluta miseria en la segunda, arrastrado por una defensa de chirigota que su muy táctico entrenador es incapaz de corregir. Cada gol fue un sainete: resbalones, entregas al contrario, despejes defectuosos y, para poner la guinda, otro desastre de Cavallero, que introdujo la más mansa de las pelotas en su portería. Era aquél el cuarto gol. Para entonces las gradas ya estaban sumidas en una guerra sin cuartel, con el dolor de la más humillante derrota jamás imaginada destrozándo sus entrañas.

Si la mala suerte que acompañó inicialmente al Celta era imprevisible, muchas otras cosas sucedieron conforme al guión. En el Celta, por ejemplo, estuvieron bien aquellos de los que más se espera, como Jesuli y Gustavo López, y fracasaron los que le dan personalidad al equipo. Especialmente los tres centrales, amedrentados por la electricidad del evento; los pivotes, incapaces de dar continuidad a la pelota sin jugarla en horizontal, y Ángel, uno de los favoritos del entrenador, que se anuló en la banda derecha. Para el equipo de Balaídos fue una desgracia que Ángel no aprovechara su carril, porque frustró las expectativas de un inspirado Jesuli de encontrar un socio a mano.

En la banda izquierda del equipo celeste, se jugó un partido distinto, por la simple razón de que Gustavo López, también muy enchufado al encuentro, tuvo en Sylvinho un compañero más solidario que el lesionado Juanfran. Con un equipo tan dividido entre el talento y la rudeza, el Celta disfrutaba en el campo del Deportivo, pero padeció un suplicio en el suyo, siempre intimidado por la presión del rival.

Sólo con esa presión y con su pegada llegó el equipo de Irureta al descanso con el partido encarrilado. Los goles, que venían traicionando al Depor, los pusieron Víctor, Luque y Tristán, y la presión hizo el resto. En cuanto Pandiani se puso a perseguir el balón entre los centrales del Celta, que lo manoseaban sin sentido, forzó el primer error de Contreras, que erró el pase a Berizzo. Robó Valerón, se metió en el área y dejó el balón para que Luque, que llegaba desde atrás, fusilase a Cavallero. Poco antes del descanso, el que falló fue Berizzo, con un mal despeje que le cayó a Víctor, quien recorrió 30 metros con el balón hasta colarlo con suavidad por encima del portero argentino.

Que esos dos zarpazos del Deportivo hicieran justicia a la primera mitad queda para la discusión, porque el equipo coruñés no dio más señales de vida en esos 45 minutos, en los que salió indemne de dos jugadas polémicas en su área y, muy especialmente, de una sensacional vaselina de Jesuli desde fuera del área. La parábola del balón superó a Molina, pero se estrelló en el palo. La mala suerte continuó para el andaluz, porque el rechace de su disparo fue uno de esos que suelen entrar en la portería tras rebotar en la espalda del portero. Pero ni en eso fue la de ayer la noche del Celta.

Con el marcador en contra, el cuadro vigués padeció el lastre de un dibujo con mucho espacio para los carrileros, pero sin opción para los extremos. No cambiaron las cosas los goles del Deportivo, que sólo provocaron en Lotina la sustitución de un central por un pivote, Vagner. Ya que Contreras era la única alternativa para Milosevic en caso de lesión, el central sacrificado tuvo que ser Berizzo, pero el cambio no sirvió para abrir el campo como la desventaja aconsejaba. El cambio resutó demasiado tímido para la afición, que reaccionó al tercer gol, otro patético error de Ángel, al grito de "Lotina vete ya". Falló después Cavallero y echó finalmente Tristán el cerrojo a un partido que no será fácil de olvidar en Vigo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de enero de 2004