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Crítica:

Travesía del cuerpo

Con este libro, el cirujano Cristóbal Pera nos guía por el maravilloso viaje de violencia y terapia que es la aventura quirúrgica. Una obra ordenada por conceptos a modo enciclopédico en la que el lector, no necesariamente especializado, emprende un periplo a través del cuerpo, como el que en el siglo XVI promovió Andrea Vesalio. Una lección de humanismo.

Acaso una de las obras más extraordinarias que se hayan escrito nunca sea La fábrica del cuerpo

humano, de Andrea Vesalio, publicada por primera vez en 1543 y con una influencia decisiva en los siglos posteriores. El empeño de Vesalio, comparable en tantos aspectos al de Leonardo da Vinci, nos ha dejado el testimonio del gran cambio que se opera en la medicina europea a partir del Renacimiento y que, en buena medida, coincide con los otros virajes que configuran la revolución renacentista. Todos tienen en común la voluntad de atravesar la piel del mundo.

Si el pintor renacentista, mediante la perspectiva, busca abrir la ventana de la naturaleza para penetrar en sus círculos sucesivos, el navegante, convertido en descubridor geográfico, quiere subvertir la anterior imagen del planeta y el astrónomo, disconforme con los sistemas heredados, trata de escrutar el fondo de las estrellas aun a costa de perder aquellas antiguas seguridades que habían mantenido congelado el territorio natural y sobrenatural del hombre.

EL CUERPO HERIDO

UN DICCIONARIO FILOSÓFICO DE LA CIRUGÍA

Cristóbal Pera

Acantilado. Barcelona, 2003

388 páginas. 18 euros

Desde una actitud semejante, el médico disuelve aquella persistente frontera que, desde la Antigüedad, separaba la teoría de la práctica médicas. Al humanista del Renacimiento ya no le parece admisible la figura del que propaga ex cátedra lo que otros -con frecuencia, barberos y herreros- realizaron después en la carne de los enfermos. El libro de Andrea Vesalio, con la cautivadora belleza de sus imágenes, plasma ese arranque moderno de la cirugía en el que al fin el médico, abandonando su sitial teórico, desciende al combate directo con las anatomías de la enfermedad. Sólo conociendo las interioridades del cuerpo humano con la audaz perspectiva del pintor, con el genio curioso del descubridor, con la paciencia escudriñadora del astrónomo, es posible aventurarse en ese doble viaje, el de la herida y el de la curación, que el cirujano ejecuta sobre la mesa de operaciones.

No lejos del talante de Vesalio,

aunque ya con el balance de los siglos modernos en sus manos, Cristóbal Pera, cirujano él mismo, ha escrito un libro apasionante, El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía, en el que encontramos ordenado, no con grabados al modo vesalino sino con conceptos a la manera enciclopédica, el maravilloso doble viaje de violencia y terapia que encierra la aventura quirúrgica. En el texto, el autor no se aparta nunca de su condición profesional, lo que le otorga una gravedad que el divulgador externo no transmite, pero al mismo tiempo propone un amplio abanico de desarrollos intelectuales gracias al cual el lenguaje mítico, ya de por sí lleno de simbolismo, se engarza coherentemente con la memoria literaria y la exposición filosófica.

Esta simbiosis otorga excepcional interés al libro de Cristóbal Pera y, obviamente, lo destina a un lector no especializado o, aún más claramente, a todo lector deseoso de percibir los signos del mundo a través de las señales del cuerpo. Para ese lector, el doctor Cristóbal Pera ha escrito una guía de viaje con sus planos, voces y relaciones. Con su compañía, el viajero puede emprender la travesía del cuerpo que hace unos siglos promovió Andrea Vesalio. Hay entre ambos una complicidad de humanista. Como indica Emilio Lledó en el prólogo de El cuerpo herido: "Esta obra es, entre otras muchas cosas, una espléndida lección de humanismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de enero de 2004

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