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Reportaje:

Berlusconi acaba el curso con suspenso

Italia cede a Irlanda la presidencia de la UE tras el fracaso del proyecto de Constitución

Silvio Berlusconi se apuntó en seis meses de presidente de la UE un éxito nacional: la elección de Parma como sede de la agencia europea alimentaria, tras una dura batalla de dos años con finlandeses y españoles y poco antes de estallar el escándalo de Parmalat. Pero en el capítulo europeo, el primer ministro italiano cosechó bastantes suspensos y escasos aprobados: fracasó en el cierre del proyecto constitucional, apoyó a franceses y alemanes en el incumplimiento del Pacto de Estabilidad y desautorizó en público a la Comisión y al Consejo de Ministros en cuestiones de política exterior como Chechenia u Oriente Próximo.

Berlusconi entrega mañana, día 1 de enero, la presidencia a su homólogo irlandés, Bertie Ahern. En principio, éste dirigirá un semestre de transición, sobre todo después de las ínfimas posibilidades de que se retomen las negociaciones sobre la Constitución. "Si mis colegas quieren avanzar estoy dispuesto a hacerlo, pero soy pesimista", ha afirmado el líder del Fianna Fail, un partido de centro derecha, al recordar que de por medio están las elecciones legislativas en España y las del Parlamento Europeo.

Bajo mandato irlandés, el 1 de mayo se formalizará la Europa de los 25

Sin embargo, será bajo mandato de Irlanda cuando se formalice el ingreso de Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Lituania, Letonia, Malta y Chipre y se haga realidad, el próximo 1 de mayo, la Europa de los Veinticinco. A partir de esa fecha, cada uno de esos países tendrá un representante en la Comisión, aunque hasta noviembre serán comisarios sin cartera.

Otros tres temas coincidirán con la presidencia irlandesa durante la primera mitad de junio: las elecciones europeas, el nombramiento del nuevo presidente de la Comisión (asumirá el cargo el 1 de noviembre) y el del Alto Representante de Política Exterior y Seguridad Común, puesto que ocupa el español Javier Solana, que podría ser renovado para un segundo mandato. Para la Comisión suenan los nombres del belga Guy Verhofstadt, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, el finlandés Paavo Lipponen y el portugués António Vitorino.

Con el relevo de Italia en la presidencia respirarán muchas capitales, pero la prensa se quedará huérfana del humor y el desconcierto que generaban las intervenciones de Berlusconi. Desde el primer minuto, Il Cavaliere no desaprovechó un solo momento de comparecencia pública para expresar frases poco diplomáticas. Tildó de carcelero nazi a un eurodiputado socialista alemán, causando un enorme revuelo en la Eurocámara, y ninguneó a su rival político, Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea.La mayor derrota fue sin duda no haber logrado concluir la negociación sobre la nueva Constitución que en su día sustituirá al tratado de Niza. Si bien no fue culpa suya no poder ablandar la intransigencia del francés Jacques Chirac, se reservó para el final propuestas que pudieran contentar a José María Aznar y al polaco Leszek Miller sobre el reparto de poder en el Consejo.

Más llamativo fue su alineamiento con la postura de Francia y Alemania sobre el Pacto de Estabilidad. Franceses y alemanes consiguieron que respaldara su rechazo a la decisión de la Comisión de abrir un procedimiento en su contra tras superar durante tres años consecutivos el límite del 3% del déficit público, tal como contempla el pacto.

Tampoco Berlusconi fue demasiado prudente en política exterior. Durante el pasado semestre la relación con EE UU no se agravó por la crisis iraquí, pero tampoco sus acciones dejan una UE más cohesionada en las relaciones transatlánticas.

El líder italiano olvidó con frecuencia que no representaba los intereses nacionales sino los de la Europa unida. Un ejemplo fue cuando públicamente contradijo la posición común europea sobre Chechenia y respaldó la política del líder ruso, Vladímir Putin, en la república secesionista. También se distinguió a favor de Israel en un momento en que Bruselas criticaba las dificultades puestas por los israelíes a su enviado en Oriente Próximo.

La presidencia italiana termina con algunos méritos económicos. Berlusconi presentó un ambicioso plan para reactivar la iniciativa europea para el crecimiento, lanzada hace cuatro años en Lisboa. No obtuvo todos los objetivos que pretendía, aunque los líderes de la Unión aprobaron en la pasada cumbre de Bruselas más de medio centenar de proyectos en transporte, energía, telecomunicaciones e investigación. En principio son obras de ejecución inmediata, pero exigen inversiones de 10.000 millones de euros anuales de aquí a 2010. Pero el ambiente no está para muchos cohetes con las economías de las dos principales locomotoras, Alemania y Francia, todavía muy debilitadas. Y ya éstos, junto al Reino Unido, Suecia, Holanda y Austria han exigido que los gastos de la UE queden congelados en el 1% del PIB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de diciembre de 2003