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Reportaje:EL AUGE DE LA CONSTRUCCIÓN

Constructoras de tamaño europeo

En dos décadas el sector español ha pasado de más de 20 empresas a seis grandes grupos

Cristina Galindo

Al menos dos docenas de sillones se requerían en la década de los ochenta para sentar a los grandes de la construcción a la misma mesa. Ahora bastaría con seis butacas. El sector ha vivido una profunda transformación en los últimos 20 años, fruto de un proceso imparable de fusiones que ha agrupado a 22 compañías bajo el mando de seis únicos gigantes (ACS-Dragados, FCC, Ferrovial, Acciona, Sacyr Vallehermoso y OHL). Estas empresas, en cuyas cúpulas se entremezclan apellidos históricos como Del Pino y Entrecanales con otros más recientes como Pérez, Villar Mir, Loureda y Del Rivero, se han colado entre los primeros puestos en Europa.

"Ha habido cambios tremendos", afirma Mariano Aísa, vicepresidente de OHL. "El modelo de las constructoras españolas es líder en Europa, destacan entre las mejores", sentencia Aisa, cuya empresa ha nacido de la unión de nada menos que nueve sociedades (que a su vez ya habían absorbido a otras como Huarte a Hispano Alemana, del grupo Rumasa) y que preside Juan Miguel Villar Mir. Los datos demuestran que Aísa no exagera. De las 10 constructoras europeas con mayor capitalización bursátil, cinco son españolas (véase gráfico). De los 10 líderes mundiales en concesiones de infraestructuras, siete son españoles, según la publicación Public Works Financing. El primero es ACS-Dragados, con 41 contratos, seguido de Ferrovial, que encabeza el ranking si se toma como referencia la inversión comprometida (1.700 millones).

Cinco de las 10 constructoras europeas con mayor valor en Bolsa son españolas
Salvo Ferrovial y Dragados, ninguna de las grandes compañías ha mantenido el nombre
Históricamente, no había banco grande que se preciara sin una constructora
Hace 20 años, la obra civil era la razón de ser, y las empresas dependían del Estado
Más información
Los Albertos controlan en torno al 12% de la nueva ACS que sale hoy a Bolsa
Acciona eleva al 14% su parte en FCC con una compra superior a 200 millones

Los ejecutivos lo tienen claro. Hace poco, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de ACS, compañía que acaba de hacer efectiva su fusión con Dragados para crear la primera constructora española y la tercera europea, aseguró que está determinado a llevar al nuevo grupo -mañana empieza a cotizar en Bolsa- hasta el primer puesto en Europa. "Las compañías españolas están en la Primera División, se han situado al nivel de las europeas", afirma Luis Céniga, socio de Accenture. Una comparación muy apropiada para resaltar la irrupción desde abajo, hasta convertirse en el presidente del primer grupo español, de Florentino Pérez, que ha llevado la experiencia empresarial y la apuesta inversora a la gestión de ese Real Madrid lleno de estrellas.

Pérez, con el apoyo de los March, es la cabeza visible de ACS. Este grupo es el fruto de una serie imparable de integraciones que tuvo un punto clave en la fusión de Construcciones Padrós y Ocisa, una firma que tuvo que abandonar Jesús Roa por su implicación en el caso Ollero de cobro de comisiones ilegales en las obras públicas. Luego llegarían la pública Auxini y Ginés Navarro (March).

Algo similar ha ocurrido con Sacyr. Esta constructora nació en 1986, fundada por un grupo de ingenieros provenientes de Ferrovial (entre ellos, José Manuel Loureda, actual presidente de Sacyr Vallehermoso, y Luis del Rivero, vicepresidente), y ahora es una de las grandes, tras fusionarse en junio pasado con la inmobiliaria Vallehermoso. La compra al Santander de un paquete de control del 24,5% de la inmobiliaria en mayo de 2002 fue una de las operaciones recientes de mayor calado, muy similar a la de ACS con Dragados. En ambos casos se evitó lanzar una OPA.

Pero hace dos décadas nada era igual. Salvo Ferrovial y Dragados (y ésta a medias), ninguna de las grandes ha mantenido el nombre: Construcciones y Contratas, Entrecanales, Ocisa, Padrós, Agromán, Elsan, Sato, Lain... De 22 han pasado a seis, cuya facturación conjunta alcanzó 26.917 millones en 2002, el equivalente al 23% del total ingresado por las 180.000 empresas que forman el sector (el 70% de ellas, de tamaño pequeño).

Las fusiones llegaron por necesidad. Y se aceleraron en los noventa, un tiempo en el que la actividad hervía en los despachos mientras las compañías empezaban a salir en Bolsa en masa. "Fue un proceso paulatino", explica Aísa, que también fue presidente de la patronal de las grandes del sector, Seopan, a inicios de la década pasada.

En 1996, Dragados, controlada en su día por el Banco Central de Alfonso Escámez, compró Comylsa y Tecsa. Ahora ha sido el objetivo de la mayor fusión del sector, la que acaba de unirla a ACS.

Mientras la banca ha estado presente, en mayor o menor medida, en estas constructoras, el carácter familiar ha pesado y pesa mucho en otras compañías. Una de ellas, Ferrovial, compró a Banesto en 1995 un gigante histórico que atravesaba entonces graves dificultades, Agromán, empresa que presidió durante años el banquero José María Aguirre Gonzalo, también presidente del citado banco. Agromán fue integrada en 1999 en la pata de construcción de Ferrovial. Ahora la familia Del Pino controla un 58,2% del grupo.

Otra de las grandes, Acciona, nombre que recibió el grupo Entrecanales (ahora tienen un 60% del capital), nació de la fusión de Entrecanales y Távora con Cubiertas y MZOV, completada en 1997.

También tiene un origen familiar FCC, fruto de la fusión de Focsa y Construcciones y Contratas (CyC). Esta empresa fue fundada en 1944 por un polaco llamado Ernesto Koplowitz. La actual FCC nació en 1992. A principios de los ochenta estaba dirigida por Alberto Cortina, hijo del diplomático y ex ministro de Exteriores Pedro Cortina Mauri, y su primo Alberto Alcocer, apodados los Albertos y casados con las hermanas Alicia y Esther Koplowitz, hijas del fundador. Pero ambos matrimonios acabaron en divorcio y en 1990 las Koplowitz tomaron las riendas. En la actualidad, sólo Esther Koplowitz está en el accionariado, de momento compartido con Vivendi. Su hermana le vendió su parte en 1998. Además de Vivendi, también intentaron la aventura española el grupo Bouygues, que compró Fercaber y entró en el antiguo Central.

Este año se han dado otros tres pasos claves en el sector: el matrimonio de dos inmobiliarias, Bami y Metrovacesa; la de las concesionarias de autopistas Acesa (La Caixa) y Áurea (Dragados) para crear Abertis, y el golpe de efecto dado por Acciona en julio pasado al comprar un 8,7% de FCC para convertirse en el tercer accionista de la constructora rival.

Históricamente no había banco grande que se preciara que no tuviera una constructora o inmobiliaria, o las dos cosas. Había que participar en la tarta de los contratos. El Central contaba con Dragados y tenía estrecha relación con CyC; Banesto sostenía Agromán hasta que quedó desinflada por la gestión de Mario Conde y controlaba Urbis; el Hispano se cruzaba participación con los Del Pino en Ferrovial y poseía Vallehermoso.

También han cambiado los protagonistas, que siempre se han caracterizado por su individualismo y falta de transparencia. Rafael del Pino ha sido relevado por su hijo Rafael del Pino Calvo-Sotelo en Ferrovial. El cambio generacional está a punto de producirse en Acciona, cuando José Manuel Entrecanales sustituya en 2004 a su padre, José María Entrecanales. Otros protagonistas del pasado simplemente han desaparecido, como la familia García-Obregón, que fue propietaria de Jotsa. También la familia Durán, cuyo patriarca, el siempre jovial Antón Durán, presidió Dragados durante décadas. Los Albertos fueron una referencia. Pero ahora, aunque tienen un 10% en la nueva ACS, su presencia se ha visto ensombrecida por sus problemas con la justicia.

Un cambio clave de la construcción en los últimos 20 años reside, paradójicamente, en que han dejado de ser cien por cien constructoras. "Son grupos diversificados, tanto en sus actividades como en las zonas geográficas donde desarrollan sus negocios", indica el consejero delegado de Ferrovial, Joaquín Ayuso. Siguen construyendo túneles o puentes, pero se han abierto a los servicios y las concesiones: explotan autopistas, aeropuertos, aparcamientos, recogen basura, tratan residuos urbanos, invierten en telecomunicaciones. Así, destaca Ayuso, son más competitivas.

Este cambio fue por necesidad. Hace 20 años, la obra civil era la razón de ser, la reina. Pero eso significaba que dependían de las inversiones en obras públicas previstas en los Presupuestos del Estado, las primeras que sufrían recortes en años de vacas flacas.

"Las compañías españolas se han diversificado mejor que las europeas", explica Luis Céniga, de Accenture. Y ahí radica su atractivo. Servicios y concesiones se han convertido en estratégicos. Su peso puede llegar a suponer la mitad de la facturación. Lo cierto es que la actual bonanza del sector, que, pese a la crisis, crece por encima de la media europea, también ha ayudado. Entre 1983 y 2002, la producción ha crecido un 97% en términos corrientes, mientras que los empleados han pasado de 967.000 a 1,9 millones, según Seopan. En ese periodo, el consumo por habitante de cemento ha pasado de 470 a 1.055 kilos, según Oficemen.

Ante el futuro, los expertos creen que habrá más movimientos. En palabras de Céniga, "han sido años de cambios, pero los cambios no han hecho más que empezar".

Las inmobiliarias, a la carrera

Si ha habido multitud movimientos en el sector puro y duro de la construcción en los últimos años, las inmobiliarias no se han quedado atrás, al calor del boom de la vivienda.

La primera en caer fue Vallehermoso, en 2002, y lo hizo en manos de Sacyr. Pero el episodio reciente más movido lo vivió Joaquín Rivero, que compró hace cinco años Bami, una firma del sector en pérdidas, para convertirla en una de las primeras inmobiliarias. El paso definitivo se produjo en junio de 2002, cuando Rivero pagó al BBVA una prima del 59% para hacerse con una participación de control en Metrovacesa. Un año después acabaron fusionándose, no sin antes tener que sortear una dura oferta pública de adquisición (OPA) hostil lanzada por el grupo italiano Caltagirone.

Otros empresarios han entrado con fuerza en escena, como Manuel Jove, presidente de la gallega Fadesa, que nunca ha negado su interés por comprar un rival. Igual que Colonial, de La Caixa. Inmocaral, una pequeña inmobiliaria surgida del Grupo Fosforera, también ha despertado interés. Rafael del Pino, ex presidente de Ferrovial, acaba de comprar un 5,21% y otro 5% ha adquirido la empresaria Alicia Koplowitz.

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Sobre la firma

Cristina Galindo
Es periodista de la sección de Economía. Ha trabajado anteriormente en Internacional y los suplementos Domingo e Ideas.

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