Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:EXCURSIONES | Ermita de San Antonio

Un lugar cerca del cielo

Plantas aromáticas y pinos resineros jalonan el camino que conduce hasta este santuario de Robledo de Chavela

Debió de ser un suplicio para san Antonio, él que tan vicioso era de la vida retirada, tener que salir muchos domingos por puertas secretas y entre guardaespaldas para evitar que sus hinchas de Padua lo redujeran a reliquias como un moderno astro del balompié. ¡Y cuánto le hubiese gustado la soledad donde se halla su ermita de Robledo de Chavela!: en la ladera del cerro Robledillo, oculta del pueblo tras un pinar, el cual no impide ver, al noreste, los Tres Ermitaños, el Fraile y el San Benito; al norte, los montes de Santa María de la Alameda, y, a poniente, allá por Valdemaqueda, el Santa Catalina y el San Pedro. Santas y silentes compañías, a fe.

Si san Antonio pudiese mirar por un agujerito del cielo este boscoso santuario -como lo mira por el visor de su cámara el excursionista-, seguramente le recordaría el eremitorio de Camposampiero, donde anduvo retirado la primavera de 1231, poco antes de morir, en una celda construida a propósito en la enramada de un gigantesco nogal para estar más solo todavía.

El excursionista sube por una pista de tierra que huele a jara, tomillo y romero

Trasunto de aquel árbol monumental es el pino negral o resinero que se yergue señero a cien pasos largos de la ermita, junto a la carretera de Robledo de Chavela a Fresnedillas, con sus 19 metros de altura, su tronco de 3,60 de circunferencia y su copa de 20 de diámetro.

El excursionista, que ya conocía otras dos bellas ermitas que hay consagradas a san Antonio en la sierra -la de Cercedilla, junto al camino del Calvario, y la de Navacerrada, en la dehesa de la Golondrina- y sabía que esta tercera no le había de defraudar, ha salido de la plaza del Ayuntamiento por la calle de los Mesones y ha seguido subiendo por el paseo de San Antonio de Padua hasta llegar a la rotonda donde se alza el panel informativo de esta ruta. San Antonio, hacedor de los matrimonios más difíciles, sabrá cómo se casan las maravillas naturales que anuncia dicho cartel y los chalés que se las están cargando por los cuatro costados del pueblo.

Siguiendo las instrucciones del panel, el excursionista ha subido hacia la izquierda por una pista de tierra que surca un monte bajo donde huele a jara, a tomillo, a romero, a cantueso y, todo junto, a un perfume sublime que ya hubiesen querido para sus carnes muchos que han muerto en olor de santidad. Y así, en un amén, se ha plantado junto a la entrada de la finca Las Aleguillas, presentándosele en este punto una disyuntiva, pues el camino se divide en dos ramales igualmente apetecibles. De poseer el don de la bilocación como san Antonio, hubiese tirado por ambos. Pero, como no, ha decidido continuar por el de la derecha y dejar el otro para luego.

En tres cuartos de hora, a contar desde el pueblo, el excursionista se ha personado en la ermita, que es donde ahora está, admirando su severa fábrica de puro granito, sólo dulcificada por el detalle encantador de las vidrieras de asunto animal, homenaje a aquel discípulo de san Francisco al que tampoco temían los pajaritos, a aquel admirador de san Antonio Abad por quien cambió su primer nombre de Fernando, a aquel que siempre gustó de obrar milagros por medio de bestezuelas como cuando, para chasquear a los herejes cátaros y patarinos de Rímini, predicó a los peces del mar, que le escuchaban pasmados, quizá porque los trataba de usted.

De vuelta en la anterior bifurcación, el excursionista coge ahora el ramal que aparece cerrado al tráfico con barrera, colándose de lleno en el hermoso pinar. Este camino traza unas zetas un poco extrañas, cuyas largas rectas tan pronto declinan como repechan, pareciendo por momentos que van a devolver al excursionista a la parte alta del monte. Pero con paciencia, y sin abandonar la vía principal de tierra, acaba llegando, tras dos horas de marcha, a un área recreativa situada junto a las primeras casas del pueblo. En caso de pérdida, habría tenido dos alternativas: salir a la cercana carretera de Fresnedillas o rezar un padrenuestro a san Antonio.

Otras rutas a pie por la zona

- Dónde. Robledo de Chavela dista 63 kilómetros de Madrid. El mejor acceso es yendo por la A-6 hasta Las Rozas, por la carretera M-505 hasta el puerto de la Cruz Verde y finalmente por la M-512. Hay autobuses de Herranz (teléfono 918 904 122) que llevan a Robledo de Chavela desde Madrid (calle de Fernández de los Ríos esquina a Isaac Peral).

- Cuándo. Este itinerario circular de seis kilómetros y dos horas de duración, con un desnivel acumulado de 200 metros y una dificultad baja, es recomendable en cualquier época del año al discurrir por cotas poco elevadas, muy cerca del pueblo y al abrigo del pinar.

- Quién. El Ayuntamiento de Robledo de Chavela (teléfono 918 999 084) facilita gratuitamente folletos sobre rutas a pie por el municipio, incluida la que lleva a la ermita de San Antonio. También puede obtenerse información en la página www.espaciorobledo.com. Otra buena referencia para caminar por esta zona es la guía de Juan Pablo Avisón La sierra oeste de Madrid, editada por El Senderista.

- Y qué más. Cartografía: hojas 17-21 (Las Navas del Marqués) y 17-22 (San Martín de Valdeiglesias) del Servicio Geográfico del Ejército o equivalentes (532 y 557) del Instituto Geográfico Nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003

Más información