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La policía iraquí tendió una trampa a los presuntos asesinos de Bernal

Miguel González

Los presuntos asesinos del sargento José Antonio Bernal, arrestados el pasado día 3 en Bagdad, estaban identificados y localizados desde hace semanas por la policía iraquí. Su detención se demoró porque se escondían en el interior de Ciudad Sadr (antigua Sadam City), un barrio chií al noreste de Bagdad en el que las fuerzas de seguridad prácticamente no se atreven a entrar y donde su detención podía haber generado graves disturbios.

Para evitarlos, según las fuentes consultadas, se decidió tenderles una trampa y obligarlos a salir de su refugio. Por razones de prudencia, se decidió esperar a que concluyera el Ramadán, que los chiíes dieron por terminado el 25 de noviembre. Entre los cinco detenidos hay varios sicarios por lo que se contactó con ellos haciéndose pasar por un cliente. Se concertó cita fuera de Sadr City y fueron detenidos el día 3.

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Bernal, número dos del CNI en la Embajada española en Irak, fue asesinado el 9 de octubre por tres hombres, uno de ellos vestido de clérigo chií, a quien abrió la puerta de su casa. Al darse cuenta de que iban a matarle, trató de huir, pero tropezó y cayó al suelo en la calle, donde fue asesinado.

Los detenidos se han negado hasta ahora a declarar, pero se cree que tres de ellos (incluido el clérigo chií) son los autores materiales del crimen y los otros dos, colaboradores. La clave de la investigación está en el análisis de las armas incautadas (tres fusiles Kaláshnikov y dos pistolas), que debe determinar si una de las pistolas fue la empleada para matar a Bernal. Aún no están claras las motivaciones del crimen, aunque todo apunta a que el grupo (en el que se mezclan elementos mafiosos, políticos y religiosos) actuó por encargo.

Redada masiva en Latifiya

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Pese a la coincidencia en el tiempo de las detenciones, no hay en principio ninguna relación entre la muerte de Bernal y la de sus siete compañeros del CNI que fueron atacados a 43 kilómetros al sur de Bagdad el pasado día 29. La operación desarrollada ayer en Latifiya fue una redada masiva.

En la madrugada de ayer, tras recibir información de vecinos del lugar, el batallón procedió a rodear la aldea y a registrar casa por casa. Se incautaron numerosas armas (lo que tampoco resulta extraño en un país en el que todo el mundo está armado) y se detuvo a 41 personas. Entre ellas, hay antiguos miembros del partido Baaz e individuos vinculados al llamado grupo de Abú Abdulá, al que se atribuyen varios ataques en el mismo lugar.

"No hay garantías de que se trate de los asesinos de los españoles, pero es más que probable", admiten fuentes próximas a la investigación.

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Sobre la firma

Miguel González
Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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