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COLUMNA

Zambombas

Desde que el entonces portavoz del Gobierno del Partido Popular, Miguel Ángel Rodríguez, pronunció su afortunada frase sobre la Constitución, al cumplir ésta 18 años ("Si fuera hombre, podría votar, y si fuera mujer, vestirse de largo"), en este país han sucedido unas cuantas cosas. Tantas que si la Constitución fuera una mujer, ahora, a sus 25, podría celebrar su Día junto con el de la Mujer Maltratada. Cómo me la atribulan e invocan el presidente y sus apóstoles, entre otros que nunca la votaron, y mucho menos la concibieron.

Mas reconozcamos que a cada sexo le cae lo suyo. Porque si el Código Penal fuera un hombre, tendría que presentarse ante la primera comisaría de guardia para denunciar al ministro Michavila por tocamientos improcedentes y abusos malignos.

Da grima este primer diciembre como ocupantes, iniciado con un funeral múltiple, en el CNI, que ponía la piel de gallina, no sólo de dolor por las víctimas. Además del aspecto puramente emocionante de española de bien que soy, viví la ceremonia con conmoción por lo que podríamos considerar como el retorno de la entrañable figura del capellán castrense, en un contexto puesto al día. Es decir, no a la manera neoclásica de Pío XII en su famosa bendición de los cañones de Mussolini, sino un poco como post-neo-cristiano-colonial de sencilla casulla y ardiente llamamiento al combate por la paz, que es algo que en sí ya resulta novedoso, que baje Dios y lo vea. Bajo la cúpula de cristal del opaco CNI, aquel sacerdote cantaba las excelencias del espionaje como si estuviera fundando una nueva religión y yo no sabía si telefonear a Navarro Valls o a Le Carré.

Una mejora sustancial, sin duda, en relación con los tiempos en que, recordando la invasión de nuestra Patria por los franceses para entregársela al pérfido Botella (de la familia corsa Napoleón Varios Lustros), se recitaban odas como: "¡Guerra!, gritó ante el altar / el sacerdote con ira.

/ Y cuando en Hispana Tierra / pasos extraños se oyeron/ hasta las tumbas se abrieron / gritando: ¡Venganza y guerra!". Y todos bajo palio.

Nos toca ahora ser sobrios en la cuestión de arengas. Aquí podemos cantar misa, pero son los iraquíes quienes sufren su Dos de Mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de diciembre de 2003